sábado, 19 de mayo de 2012

El campo magnético de la tierra — no tan sostenible

Los geofísicos han descubierto que su teoría favorita de una dínamo para el campo magnético de la tierra es menos sostenible de lo que creían, lo que los deja perplejos acerca de cómo nuestro planeta ha retenido su campo magnético durante el «tiempo geológico».

El campo magnético de la tierra es un factor crucial para proporcionar un medio acogedor para la vida en nuestro planeta. Sus propiedades plantean un desafío al concepto de su existencia durante las supuestas «eras geológicas». Imagen de NASA, realizada por el Dr. Nikolai Tsyganenko
En la revista Nature aparecía lo siguiente: «Nuevos cálculos exponen que la resistencia eléctrica del núcleo de hierro líquido de la Tierra es inferior a lo que se creía. Estos resultados llevan a una reevaluación de cómo se ha generado y mantenido el campo magnético del planeta con el paso del tiempo.» Estas palabras son de Bruce Buffett,1 que reseña un artículo de Pozzo et al. en el mismo número.2 Y estos autores manifiestan que sus resultados tienen unas consecuencias significativas:

Unas estimaciones revisadas de σ y k calculadas directamente a condiciones del núcleo tienen unas consecuencias fundamentales para la evolución termoquímica de la Tierra profunda. Nuevas estimaciones de las necesidades energéticas para la geodínamo sugieren un flujo de calor en la Discontinuidad de Gutenberg [el límite entre el manto y el núcleo de la Tierra] en la gama alta de lo que se considera razonable para la convención del manto a no ser que pueda sustentarse una acción de dínamo muy marginal, en tanto que un núcleo interior primordial es sólo posible con una concentración significativa de elementos radiogénicos en el núcleo. Hay objeciones a un alto flujo de calor en la Discontinuidad de Gutenberg y también a un calentamiento radiogénico en el núcleo, pero uno de estos dos factores parece inevitable si vamos a tener una dínamo. Si el núcleo interior es reciente, estos altos valores de conductividad proporcionan problemas adicionales para el mantenimiento de una dínamo impulsada sólo termalmente. Además también parece inevitable la existencia de una capa termalmente estratificada en la parte superior del núcleo. Unos modelos viables de historia térmica que produzcan capas delgadas estables y un núcleo interior con una edad de ~1 Gyr [mil millones de años] probablemente exigirán una tasa bastante rápida de enfriamiento y un cierto calentamiento radiogénico. La presencia de una capa estable y los efectos asociados con una mayor conductividad eléctrica tienen unas significativas implicaciones para nuestra comprensión de la variación secular geomagnética.

Esto parece indicar que la tesis de una geodínamo es «una teoría en crisis» con dos requisitos que resultan incongruentes con el mantenimiento de una dínamo durante toda la supuesta edad de la Tierra.

Buffett deja este resultado como un «extraordinario» desafío a la actual teoría y concepción, no sólo para nuestra Tierra, sino para todos los planetas, incluso los que orbitan otras estrellas:

Es extraordinario que un modesto cambio en la conductividad térmica pueda tener un efecto tan espectacular sobre la dinámica del núcleo de la Tierra. Más generalmente, el estudio más reciente revela cómo las propiedades del hierro líquido hacen que la operación de dínamos magnéticas en los planetas terrestres sea aún más precaria de lo que se creía antes. Nos quedamos con el desafío de comprender cómo la Tierra ha conseguido mantener su campo magnético a lo largo de la mayor parte del tiempo geológico.

1. Bruce Buffett, “Earth science: Geomagnetism under scrutiny,” Nature 485 (17 May 2012), pp. 319–320, doi:10.1038/485319a.
2. Pozzo, Davies, Gubbins and Alfè, “Thermal and electrical conductivity of iron at Earth’s core conditions,” Nature 485 (17 May 2012), pp. 355–358, doi:10.1038/nature11031.

¿Pero dónde estaban? Los geólogos creacionistas han estado señalando estos problemas durante décadas. Pero, como suele suceder, no reciben crédito alguno.


Lectura recomendada:

Fuente: Creation·Evolution HeadlinesEarth’s Magnetic Field Less Sustainable than Thought  17/05/2012
Redacción: David Coppedge © 2012 Creation-Evolution Headlines -
http://crev.info/ 
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2012 -
www.sedin.org

viernes, 18 de mayo de 2012

El mimetismo en las mariposas no significa evolución, sino participación

Se ha encontrado una explicación no evolutiva para un ejemplo clásico que presentaban los evolucionistas: el mimetismo en las mariposas.

Formas de Heliconius numata, H. melpomene y H. erato. Imagen cortesía de PLoS, Creative Commons.

Las mariposas Heliconius son bien conocidas por tener unos patrones de las alas casi idénticos entre especies. Anteriores explicaciones evolucionistas implicaban el desarrollo independiente de estos patrones mediante mutación y selección natural. Ahora, un nuevo artículo en Nature expone que las mariposas comparten los genes para dichos patrones mediante hibridación.1

PhysOrg recapitulaba así estos sorprendentes resultados:

La participación genética compartida entre especies, según creen los investigadores, es resultado de una hibridación. Considerada como algo sumamente infrecuente, en particular en animales, la hibridación ocurre cuando insectos de dos especies diferentes hibridan en estado silvestre.

La descendencia híbrida resultante comparte rasgos tanto con la madre como con el padre. Aunque a menudo se consideran callejones evolutivos sin salida, los híbridos pueden ocasionalmente cruzarse con una especie progenitora, introduciendo en este proceso nuevos genes que pueden ayudar a poblaciones a adaptarse a medios nuevos o cambiantes.

¿Qué significa esto para el evolucionismo darwinista?

«Lo que demostramos es que una especie de mariposas puede conseguir sus genes de su patrón de color protector ya listos procedentes de una especie diferente por hibridación (o cruce) con ella —un proceso mucho más rápido que si se tiene que evolucionar los patrones de color a partir de cero», decía Kanchon Dasmahapatra, un investigador posdoctoral en la Facultad Universitaria del Departamento de Londres de Genética, Evolución y Medio Ambiente, y un coautor del artículo.

«Este proyecto realmente cambia nuestra manera de pensar acerca de la adaptación en general», dijo Marcus Kronforst, un Becario Bauer en Harvard, que participó en la secuenciación. «Los biólogos evolutivos a menudo se preguntan si especies diferentes usan los mismos genes para generar rasgos similares, como los patrones miméticos de las alas de las mariposas Heliconius. Este estudio nos muestra que a veces unas especies diferentes no sólo usan los mismos genes, sino los mismos tramos de ADN, que transmiten mediante hibridación».

El artículo de Nature no tenía nada que decir sobre mutación y selección natural. En lugar de ello, como lo muestran estos extractos, describía la extensión de la adaptación por medio del movimiento de genes (lo que se conoce como introgresión), no mediante neodarwinismo:

Estos patrones serían muy difíciles de explicar en términos de una evolución convergente de sitios funcionales o de fluctuaciones coalescentes al azar. En lugar de esto, nuestros resultados implican que unos elementos derivados de patrones de colores han experimentado una introgresión entre formas tanto rayadas como tipo erato de la H. timareta y de la H. melpomene ...

Hemos demostrado un repetido intercambio de regiones adaptativas grandes (~100-kb) entre múltiples especies en una reciente radiación

Aunque se había sospechado durante mucho tiempo que la introgresión pudiera ser un factor importante en las radiaciones evolutivas, nuesstros resultados a partir del bioma terrestre más diverso del planeta sugiere que la introgresión adaptativa es más dominante de lo que se creía hasta la fecha.

Esto nos deja con una pregunta evidente: ¿Cómo consiguió evolucionar la primera mariposa el patrón completo, a partir de cero?

1. The Heliconius Genome Consortium, «Butterfly genome reveals promiscuous exchange of mimicry adaptations among species», Nature (publicado en línea el 16 de mayo de 2012), doi:10.1038/nature11041.

Compartir mediante hibridación no es evolución neodarwinista. ¿Cuántos libros de texto han usado el mimetismo en las mariposas como ejemplo de darwinismo en acción? Ahora, los científicos tienen que considerar que los genes para estos patrones de colores ya estaban para empezar, «listos». Aprendemos que las mariposas tienen la capacidad de intercambiar y compartir la información genética preexistente. Esto deja sin resolver la cuestión de la procedencia de la información en un principio.

Los darwinistas podrían responder que este proceso ayuda a la supervivencia de los más aptos. Bien, sí ... ¿y qué? Esto sigue sin responder a la pregunta sobre el origen de la información. Estos datos ajustan igual de bien, por no decir que mejor, que el argumento de que el diseño inteligente permite la adaptación mediante mecanismos que permitan compartir una información genética beneficiosa. Es un robusto rasgo de diseño, no una innovación evolutiva.

Observemos que los científicos confiesan que habían sospechado durante mucho tiempo que la introgresión podría ser importante en «radiaciones evolutivas», porque era difícil creer que una «evolución convergente» pudiera generar estos patrones «a partir de cero». Pero si no es evolución por medios neodarwinistas, no es una radiación evolutiva, y tampoco es evolución convergente. Lo que tenemos es diseño por designio en todo momento.

Se debe observar además que decían que estos sucesos de hibridación tuvieron lugar en tiempos recientes. No dicen cuán recientemente, pero es evidente que la hibridación puede suceder en una generación. ¡Presto!: información instantánea en el genoma, «lista» para su uso para una mejor supervivencia.

No podemos dejar pasar este reportaje sobre mariposas sin recordar que se pueden ver las mariposas Heliconius, y muchas otras hermosas especies, en la última obra maestra de Illustra, Metamorphosis, disponible en metamorphosisthefilm.com.

Lectura adicional: Además de los artículos bajo la etiqueta mariposas, véase ¿Y qué tienen que ver las mariposas con Darwin?


Fuente: Creation·Evolution HeadlinesButterfly Mimics Don’t Evolve; They Share  16/05/2012
Redacción: David Coppedge © 2012 Creation-Evolution Headlines -
http://crev.info/ 
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2012 -
www.sedin.org

martes, 15 de mayo de 2012

La convergencia lleva a Darwin al encuentro de Platón

David Tyler  14 de mayo de 2012 | Original inglés

El fenómeno de la convergencia ha sido reconocido en la morfología externa (p. ej. La forma hidrodinámica de tiburones y marsopas), en detalles estructurales (p. ej. la construcción del ojo vertebrado y del de los pulpos en forma de cámara), y en muchos otros aspectos funcionales de los organismos (p.ej. los sistemas de ecolocación usados por murciélagos y ballenas). En los libros de texto y en la divulgación científica popular, la convergencia recibe a menudo una explicación desde una perspectiva darwinista, en la que se invocan unos pasmosos poderes de selección natural. Sin embargo, bien lejos de ser una curiosidad que sale de vez en cuando, la convergencia parece ser un rasgo generalizado del mundo de lo viviente. Un paladín de esta perspectiva es el Profesor Simon Conway Morris, un paleontólogo evolutivo de la Universidad de Cambridge, que está activo contribuyendo al debate y acumulando una base de datos online de ejemplos específicos.

Las semejanzas entre diferentes tipos de animales y de plantas son ejemplos de convergencia (fuente aquí)

Esta entrada de blog está motivada por un artículo de opinión en EMBO Reports, donde Conway Morris llama la atención a unos extraordinarios ejemplos de convergencia extraídos del campo de la biología molecular. Tanto si consideramos sistemas para visión como para sonido u olfato, las moléculas que tienen una función crucial en la conversión de estímulos a señales eléctricas presentan algunas semejanzas fundamentales. Por ejemplo, para posibilitar la visión se emplean opsinas en todo el reino animal.

«No sólo pertenecen [las opsinas] a la vasta familia de receptores acoplados a proteínas G (GPCRs por sus siglas en inglés), sino que no es algo accidental que, en oídos y narices, unas proteínas transmembranales relacionadas con las siete hélices canónicas también están dispuestas para transducir sonidos y olores a señales eléctricas y en último término a la sensorialidad consciente

Pero el punto central que expone Conway Morris tiene que ver con los sistemas de olfato que se encuentran en insectos:

«Un componente, concentrado en las sensilias celocónicas, tiene la función de detectar moléculas como el alcohol y el amoníaco. Aquí, la maquinaria depende de los receptores ionotrópicos de glutamato. Este parece ser un caso clásico de cooptación porque no sólo son estos receptores antiguos, sino que también exhiben unos fascinantes vínculos con receptores sinápticos. Sin embargo, el grueso de la capacidad olfativa se dirige a una serie de proteínas transmembranales. A primera vista, completas con sus siete hélices que atraviesan la membrana sensorial, se parecen tranquilizadoramente a las siempre fiables GPCRs. ¡Excepto que no lo son! Echemos una segunda mirada y observemos luego que estas proteínas están yuxtapuestas de modo que el amino-terminal es citoplasmático y el carboxi-terminal es extracelular. Esto es completamente contrario a las GPCRs, pero ¿representa ciertamente una diferencia trivial? Al contrario. Agazapado en la «nariz» del insecto hay un canal catiónico ionotrópico que a primera vista parece prácticamente idéntico a una GPCR pero que carece totalmente de relación con las mismas.»

Así, los insectos exhiben una «mímica casi perfecta» en este elemento en sus sistemas olfativos. Para Conway Morris, el interesante corolario es que volver a tocar la cinta de la vida no lleva a algo radicalmente diferente, porque los resultados finales son «muy iguales». Este es el primero de los mensajes que surgen de la convergencia.

«Con respecto a la proteína receptora, francamente, ¿a quién le preocupa si es una GPCR o una proteína de canal iónico ionotrópica? Carecen totalmente de relación entre sí, pero el hecho con mucho más extraordinario es que, en términos de transducción, el sistema evidentemente no tiene alternativa. La molécula tiene que ser una proteína transmembranal de siete hélices; esta es la molécula apropiada. La evolución se encuentra con el designio: Darwin y Platón se abrazan.»

Poner a Darwin al lado de Platón es algo insólito en la literatura científica contemporánea. El comentario «la evolución se encuentra con el designo» es parejamente digno de mención. ¿Qué intención hay en estas palabras? Normalmente, la evolución darwinista se presenta como una explicación completa de la apariencia de designio, de modo que la mayoría de darwinistas se estarán rascando la cabeza y preguntándose si Conway Morris entiende realmente el darwinismo. De esto vamos a dar un ejemplo más abajo.

No obstante, la implicación del abrazo de Darwin a Platón es que ambos han estado alejados demasiado tiempo, y que la vía hacia la reconciliación es por vía de la convergencia. Los darwinistas han desarrollado una perspectiva sobre las transformaciones evolutivas que se asemeja a un paseo aleatorio. No hay dirección, ni objetivo, ni arquitectura determinante. Las tensiones entre esta manera de ver la situación y la perspectiva desarrollada por Conway Morris quedan bien expresadas en su párrafo introductorio:

«¿De qué manera describiremos mejor la evolución? Como la andadura de un borracho, una parranda vacilante de mil millones de años interrumpida por caídas de espalda, acompañadas de un incoherente parloteo Becketiano? ¿O como la carrera enérgica, grácil y controlada de un galgo, que corre por los estrechos carriles del paisaje darwinista? La respuesta de la mayoría de los biólogos sería “mascullando y barajando”, pero quizá la próxima vez que abramos nuestro Darwin deberíamos también subir el volumen de La cabalgata de las Valquirias

Así, ¿qué relevancia tiene Platón para la biología evolutiva? La filosofía de Platón invocaba una inteligencia trascendente, y la racionalidad estaba asociada con la mente, no con la materia. Aunque el azar y la necesidad tienen sus lugares en el mundo, forman parte de un contexto más amplio gobernado por la sabiduría última. Platón habló de Formas ideales que representan la esencia de lo que vemos a nuestro alrededor. Las Formas ideales representan la realidad; los objetos que se observan son derivados transitorios. A un crítico que dijo: “Yo veo caballos concretos, pero no la equinidad”, Platón le respondió: “Esto se debe a que tienes ojos, pero no inteligencia”. Así, esta es la contribución de Platón a la biología evolutiva: la convergencia señala a una esencia más allá de lo concreto. Este es el contexto más amplio que puede ser fácilmente perdido de vista por los que no están acostumbrados a contemplar la trascendencia o que están ideológicamente opuestos a dicho concepto».

De esto sigue que no hay sustancia en la famosa afirmación de Gould de que si se volviera a tocar la cinta de la vida, se llegaría a un diferente conjunto de formas orgánicas. Para Conway Morris, volver a tocar la cinta de la vida dará las mismas esencias —las mismas Formas ideales. La omnipresencia de la convergencia lo garantiza. Incluso si hubiera vida en otros planetas, seguiría los mismos patrones:

«Tened la seguridad de que en Threga IX —aquel encantador y pequeño planeta justo a la izquierda de Arturo— habrá unos ojos que resplandecerán y unas narices que se fruncirán bajo un sol extraño. Podemos ahorrarnos todo el fastidio de una costosísima excursión extraterrestre. Podemos estar bien seguros de que en aquellos ojos y narices alienígenas habrá una proteína transmembranal de siete hélices dedicada a decirle a su propietario que la puesta de sol es roja y que la cena está casi lista.»

Estas cuestiones son sumamente significativas por dos razones. La primera tiene que ver con la forma atrincherada en que los darwinistas promueven los conceptos de azar, accidentes e improbabilidad. En el momento de escribir esto, la publicación New Scientist acaba de publicar un artículo sobre duplicación génica en el linaje de los homínidos que se considera como crucial para comprender la inteligencia humana. El editorial que lo acompaña se entusiasma con la idea de que la existencia de la humanidad es resultado de unas duplicaciones génicas accidentales. Como lo demuestra el extracto que se cita a continuación, no hay aquí ninguna indicación de que Darwin se acerque a Platón. En lugar de esto, aquí tenemos un ejemplo de Darwin pegando un portazo a la cara de Platón y de su insistencia en que nuestra humanidad reside enteramente en nuestros genes.

«Cuanto más aprendemos acerca de nuestra ruta evolutiva desde los simios a los humanos, tanto más pasmosa parece. Hace alrededor de 3,5 millones de años, un gen involucrado en el desarrollo del cerebro se duplicó en uno de nuestros antecesores. Como un millón de años después volvió a hacerlo. Estos genes duplicados desempeñan ahora un papel crucial en el diseño de nuestros grandes y potentes cerebros. La doble duplicación se une a un puñado de otras mutaciones —notablemente en el FOXP2, también conocido como «gen del lenguaje»— que parece habernos dotado de unos rasgos singularmente humanos. No es ninguna exageración decir que estos son los genes que nos hacen humanos. A un nivel que no es muy sorprendente. Las diferencias entre humanos y chimpancés están evidentemente codificadas en el ADN, con mucha probabilidad en genes que determinan la arquitectura del cerebro. Pero a otro nivel nos hace comprender la pasmosa improbabilidad de nuestra existencia. La esencia de la humanidad se reduce mayormente a un puñado de mutaciones aleatorias, donde cada una de ellas sucede por azar» (Fuente: We are the improbable ape [Somos el simio improbable])

La segunda razón para decir que estas cuestiones son significativas es porque tienen implicaciones educativas. ¿Cómo van los maestros a manejar las grandes cuestiones que están siendo discutidas activamente en la comunidad científica? Entre ellas se incluyen cuestiones fundamentales acerca del sentido y propósito de la existencia, cómo comprender el designio en el cosmos, la significancia de la humanidad, el fundamento de la moralidad y de la ética, nuestra experiencia sobre la conciencia y el libre albedrío, y una multitud de cuestiones relacionadas. Todas estas cosas están recibiendo atención dentro de las disciplinas científicas. Centrémonos por un momento en la naturaleza de la humanidad. ¿Somos acaso unos accidentes improbables de la historia? ¿Se explica la conciencia (en principio) mediante la genética? No es difícil encontrar respuestas afirmativas de parte de científicos a estas preguntas. Sin embargo, cualquier científico que responda con un «¡No!» cae bajo la acusación de que está motivado por su religión y que sus perspectivas religiosas no tienen lugar en el aula. De hecho, esto le sucedió a Conway Morris. En 2009 escribió un artículo de divulgación en el diario británico The Guardian, donde se expresaba así:

«¿Cómo vamos a explicar la mente? Darwin abordó esto con mucha torpeza. ¿Podía confiar en sus pensamientos más que en los de un perro? [...] A fin de cuentas, ser producto de una evolución no nos da ninguna garantía de que lo que percibimos como racionalidad, y ciertamente una racionalidad que la ciencia y las matemáticas emplean con un éxito casi vertiginoso, tiene como su base ninguna otra cosa que un capricho del azar. Pero si el universo es realmente el producto de una Mente racional y la evolución es simplemente el motor de búsqueda que al conducir a la sensibilidad y a la conciencia nos permite descubrir la arquitectura fundamental del universo —un punto que muchos matemáticos sienten intuitivamente cuando hablan de la irrazonable efectividad de las matemáticas— entonces las cosas no sólo comienzan a tener mucho mejor sentido, sino que resultan también mucho más interesantes. Adiós al lúgubre nihilismo, a las frías certidumbres de que todo carece de sentido

Esto recibió varias y vigorosas respuestas de parte de científicos comprometidos con la tesis naturalista (es decir, que la naturaleza es todo lo que existe). Uno de estos era el profesor Jerry Coyne, que escribió una entrada de blog con el título Simon Conway Morris se hace creacionista.

«Enfrentándose a Conway Morris, hay muchos que piensan que la conciencia es “material” en el sentido de que surge de causas puramente materiales en un objeto material: el cerebro. La comprensión de cómo y por qué evolucionó la conciencia son problemas difíciles, pero echar las manos arriba en desesperación y decir “Dios lo hizo” es una solución absurda. ¡Dad a los biólogos otro siglo de investigación en el cerebro, por favor! [...] Conway Morris se está apartando aquí de la senda de la ciencia, pero sencillamente no lo puede remediar. Es un cristiano comprometido, y tiene que encontrar alguna manera para demostrar que la evolución de los humanos fue inevitable.»

No es mi propósito aquí analizar estos comentarios, sino más bien exponer su pertinencia en lo relativo a la educación. Por ahora tenemos el punto de vista de Coyne que los legisladores y diseñadores de políticas consideran como «ciencia», mientras que la perspectiva de Conway Morris es considerada como «religión». La verdad es que tanto Coyne como Conway Morris han desarrollado unas posturas que pueden defenderse desde criterios científicos, y que ambos llevan una cosmovisión religiosa a su ciencia (la de Coyne es el ateísmo, la de Conway Morris es cristianismo). El verdadero problema es que los científicos ateos han conseguido excesiva influencia, porque han secularizado la ciencia y la han convertido en un instrumento para promover su filosofía naturalista. Esto los deja abiertos de par en par al sesgo de confirmación —todos los datos se interpretan para confirmar su cosmovisión naturalista. La educación no debería ser un campo de batalla de las cosmovisiones. Que se enseñen los datos y que los maestros sean libres de ayudar a sus estudiantes a examinar todas las hipótesis con un mérito intelectual que evalúe estos datos. Esto significa un cambio de dirección para muchos países, desde luego, generalmente hablando, en Occidente. Para más acerca de Conway Morris, véase un breve videoclip en inglés aquí. Él razona que el mundo a nuestro alrededor da abundantes señales de haber sido estructurado, y nos invita a considerar si podemos identificar cosmovisiones coherentes con estos datos.

Molecules of choice? [¿Moléculas apropiadas?]
Simon Conway Morris
EMBO reports, 13, 281 (28 de febrero de 2012) | doi:10.1038/embor.2012.21
[El párrafo introductorio aparece citado más arriba]


Fuente: Access Research NetworkConvergence introduces Darwin to Plato  14/05/2012
Redacción: David Tyler © 2012 ARN - www.arn.org
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2012 - www.sedin.org

lunes, 14 de mayo de 2012

Delfines y marsopas y ... ¿murciélagos? ¡Oh, no! ... el problema de la convergencia para la tesis evolucionista ...

Jonathan M.   5 de mayo de 2012 | Permalink



Recientemente he estado leyendo el libro de George McGhee Convergent Evolution: Limited Forms Most Beautiful [Evolución Convergente: Las formas limitadas, las más hermosas]. El libro de McGhee es una lectura apasionante, y cita favorablemente los trabajos de Michael Denton y de Douglas Axe, ambos científicos favorables a la tesis del Diseño Inteligente y bien conocidos por los lectores de ENV. El libro documenta una multitud de casos de evolución convergente (homoplasia), el fenómeno de una evolución repetida. Cuando se cree que la semejanza ha aparecido debido a una descendencia común, las características en cuestión se consideran «homólogas». Cuando se considera que la semejanza ha surgido por otras causas que la de descendencia común, dichas características son designadas como «análogas».


Los que se suscriben a una descendencia universal común interpretan la semejanza biológica de secuencias, estructuras y anatomía como resultantes de la descendencia con modificación a partir de un origen ancestral común. Los proponentes del D.I que cuestionan la descendencia común suelen interpretar la semejanza biológica como resultante de un plan común. ¿Hay alguna manera de evaluar cuáles de estas dos hipótesis en competencia concuerda mejor con los datos?

Si tomamos estas semejanzas como indicativas de descendencia común, entonces se esperaría ver una exhibición de una distribución jerárquica anidada, cuanto más uniforme mejor. En otras palabras, los patrones de distribución de esta semejanza deberían corroborar mutuamente un sólo árbol filogenético. Desde luego, podría haber desviaciones ocasionales respecto de dicho árbol, resultado de fenómenos como una selección incompleta de linajes. No sería de esperar una presencia dominante de un elevado grado de semejanza —lo que se consideraría normalmente como «homología»— que no se pudiera explicar decididamente dentro del marco de una descendencia común. Pero esto es en realidad lo que se observa.

Quizá los ejemplos más impresionantes de evolución convergente son los que aparecen a nivel molecular —los de secuencias aminoácidas o incluso de nucleótidos. Sin embargo, la evaluación de hasta cuán generalizada está la convergencia a nivel de secuencias de nucleótidos es cosa difícil, debido a una carencia de datos disponibles. De hecho, Castoe et al. (2010) señalan que «los genomas nucleares completos de los vertebrados siguen siendo decenas, no centenares».

Aun así, la poca cantidad de datos de que disponemos proporcionan unos resultados sorprendentes. Un ejemplo de estas convergencias, documentado por Zhang (2006), es el caso de la RNasa pancreática de los monos colobinos africanos y de los monos colobinos asiáticos (que se cree que divergieron hace unos 13 millones de años). Se dieron tres sustituciones idénticas de nucleótidos en la codificación del ADN en los dos linajes. Esto resultó en un descenso del pH de la máxima actividad ribonucleolítica de la enzima de 7,4 a 6,3, permitiendo a la enzima funcionar en condiciones más acídicas de lo normal, y haciéndola perfectamente apropiada para el intestino delgado.

Además, Cuevas et al. (2002) han documentado, en retrovirus, la existencia de convergencias moleculares en 12 sitios variables en linajes independientes. Algunas de estas mutaciones convergentes tuvieron lugar incluso en regiones intergénicas (cambios que se cree normalmente que son neutralmente selectivos) y también en sitios sinónimos. Los autores observan que esto se observa de manera bastante general entre clones de virus VIH-1 en humanos y en cepas de SHIV aisladas de macacos, monos y humanos.

Los datos de ADN mitocondrial ha revelado resultados aún más pasmosos. Por ejemplo, Castoe et al. (2009, 2010) comunican la existencia de 44 sustituciones aminoácidas paralelas en todas las 13 proteínas metabólicas de fosforilación oxidativa codificada mitocondrialmente en las serpientes y en los lagartos agámidos, distantemente relacionados. Su artículo de 2009 observa lo siguiente:

Estos resultados indican que puede ocurrir una evolución molecular convergente no neutral en las mitocondrias en una escala e intensidad mucho más allá de lo que se ha documentado con anterioridad, y dichos resultados hacen resaltar la vulnerabilidad de los métodos filogenéticos estándar ante la persencia de una evolución de secuencia convergente y no neutral.

Stern y Orgogozo (2009) examinan 350 diferentes mutaciones responsables de variación fenotípica y concluyen que «más de la mitad de las mismas representan casos de evolución genética paralela». Además,

La función genética explica parte pero no la totalidad del patrón observado de evolución genética paralela. En varios casos se ha observado paralelismo aunque las mutaciones en una gran cantidad de genes pueden producir cambios fenotípicos similares. Por ejemplo, aunque más de 80 genes regulan el tiempo de floración, los cambios en sólo un subconjunto de estos genes han producido cambios evolutivos en el tiempo de la floración. Cientos de genes regulan el patrón de unas finas proyecciones epidérmicas llamadas tricomas, en las larvas de la Drosophila melanogaster. Pero sólo un gen, llamado shavenbaby, ha evolucionado para alterar los patrones de las tricomas larvarias entre especies de Drosophila, y este gen ha acumulado múltiples mutaciones evolutivamente relevantes. [citas internas omitidas]

Se sugiere que existen «genes calientes» como el shavenbaby debido a que,

En la totalidad del sistema de regulación que rige el desarrollo del embrión de la Drosophila, sólo el shavenbaby, con su función especializada de movilizar todo el módulo de la morfogénesis de los tricomas, puede acumular mutaciones que alteran los patrones de los tricomas sin perturbar otros procesos de desarollo.

Las secuencias aminoácidas de las proteínas también exhiben una convergencia generalizada. Uno de mis ejemplos favoritos es la evolución convergente de la proteína motora Prestina en la ecolocación de murciélagos y cetáceos. Observemos la siguiente ilustración, tomada de Liu et al. (2010).

Figura 1. Prueba de convergencia de secuencias en el gen de la Prestina entre delfines y murciélagos.

El artículo dice que los delfines ecolocalizadores «se agrupan con los murciélagos ecolocalizadores en un árbol filogenético de la Prestina». Jones (2010) decía que

... los delfines y las marsopas comparten al menos 14 sitios de aminoácidos derivados en la prestina con los murciélagos ecolocalizadores, incluyendo 10 que se comparten con los especializadísimos murciélagos de FC (de frecuencia constante). Por consiguiente, los delfines y las marsopas constituyen un grupo hermano con respecto a los murciélagos de FC en un análisis filogenético de las secuencias de la prestina (Figura 1). Se podría mantener que este descubrimiento es uno de los mejores ejemplos de evolución molecular convergente hechos hasta la fecha, y es excepcional porque parece ser adaptativo, impulsado por la selección positiva.

Otro ejemplo es el que comunican Robson et al. (2000), que documentaban que 28 de los aminoácidos en la proteína ootecina de la cucaracha estaban exactamente en el mismo orden que los de la proteína lamprina de la lamprea. Los autores dicen que «las similitudes de secuencia entre la lamprina y la ootecina, que comparten una identidad de secuencia de 28/30 aminoácidos, pueden representar uno de los mejores ejemplos de convergencia de secuencia primaria identificadas hasta hoy».

Además, Lawn et al. (1997) informan acerca de «la evolución convergente de la apolipoproteína(a) en primates y erizos». La apolipoproteína(a), o apo(a), una lipoproteína de baja densidad (LDL) que constituye un factor de riesgo para la ateroesclerosis humana, se encuentra en los primates del Viejo Mundo (Catarrinos), y se ha identificado también en erizos europeos. Cosa extraordinaria, la proteína funciona de forma idéntica en ambos organismos. El artículo dice:

Debido al aparente remodelado de un gen tipo plasminogénico, el erizo y los antecesores de los humanos evolucionaron de manera independiente una proteína apo(a) con múltiples dominios Kringle que hacen un enlace covalente con lipoproteínas que contienen apo-B, se une a la fibrina, caarece de actividad proteolítica, y que inhibe competitivamente la activación de los plasminógenos.

Un ejemplo adicional es la «convergencia de secuencia en la región de unión de los péptidos de las moléculas MHC Clase Ib de primates y rodedores» (Yeager et al., 1997) y el «origen independiente de los genes Mhc-DRB de los prosimios, platirrinos y catarrinos» (Kriener et al., 2000). Por otra parte, Jost et al. (2008) se refieren a «4 especies taxonómicamente diversas de peces globo (Tetraodontidae)» que «cada una evolucionó resistancia a las toxinas de guanidina tetradotoxina (TTX) y saxitoxina (STX) por la ruta de sustituciones aminoácidas paralelas a través de todos los 8 canales de sodio presentes en los genomas de peces teleósteos».

Incluso mecanismos moleculares de gran sofisticación han aparecido a menudo múltiples veces de forma independiente. Un caso especialmente extraordinario de esto es lo que se considera como la evolución convergente de mecanismos muy similares de biosíntesis de ADN en las arqueas y las eubacterias (Leipe et al., 1999). También han surgido independientemente en múltiples linakes ojos complejos tipo cámara, que habrían evolucionado en cordados y moluscos, así como en gusanos anélidos alciópidos (Wald y Raypart, 1977) y dos diferentes grupos de arañas (Laughlin, 1980; Williams y McIntyre, 1980).

Finalmente, uno de los más pasmosos casos de evolución convergente se considera en Lukes et al. (2009). Este artículo trata de la evolución de dos filums principales y lejanamente relacionados de protozoos flagelados, los dinoflagelados y los euglenozoos. Estos dos grupos están taxonómicamente tan alejados que son incluso miembros de diferentes reinos (cromalveolados y excavados respectivamente). Lo que es extraordinario acerca de estos grupos es que sus trayectorias evolutivas —de hecho la evolución de «estructuras y procesos fundamentales»— se han desviado sustancialmente, en numerosos respectos, de otros eucariontes.

Pero aquí tenemos la cuestión: A pesar de estar muy distantes entre sí, estos dos linajes se han desviado de la norma eucariota, en muchos casos, de una forma muy parecida. De hecho, hay un cúmulo de rasgos y características que se han adquirido de manera independiente. El artículo (cuyo contenido aparece resumido de manera muy acertada en esta conferencia) considera numerosos ejemplos de «evolución convergente» pertinentes a la organización celular, al núcleo, al plástido y a la mitocondria.

El fenómeno de la convergencia se encuentra en todas partes en el ámbito de la biología. Se podrían dar muchos más ejemplos: los casos acabados de describir apenas si forman la parte visible del iceberg.

En su libro Convergent Evolution: Limited Forms Most Beautiful, George McGhee reflexiona:

¿Pero qué acerca de los numerosos ejemplos en la naturaleza en los que los datos morfológicos chocan con los datos procedentes del núcleo? En dichos casos, se supone por lo general que las semejanzas en los rasgos morfológicos han surgido por evolución convergente y que no son sinamorfías, debido a que se puede confiar en que los datos del genoma del núcleo estén casi exentos de convergencias moleculares. ¿Y qué sucede si no esto no es cierto?

En otras palabras, se considera que una extensa evolución convergente a nivel del ADN es tan improbable bajo los supuestos evolutivos estándar que se prefieren los datos nucleares sobre los morfológicos en aquellos muchos casos en los que existe conflicto. Sin embargo, a la luz de los numerosos ejemplos de una convergencia molecular demostrable, se debería revisar la validez de este supuesto —quizá incluso de algunos de los principios clave del moderno paradigma evolucionista. La gran extensión de la homoplasia tanto a nivel molecular como morfológico socava sustancialmente el argumento frecuentemente presentado en favor de una descendencia común basado en la distribución jerárquica anidada de rasgos compartidos entre organismos.

Para materiales adicionales sobre homoplasia y evolución convergente, además del libro de George McGhee que menciono más arriba, remito a los lectores al libro de Simon Conway Morris Life's Solution: Inevitable Humans in a Lonely Universe [La solución de la vida: Humanos inevitables en un universo solitario] (también puede encontrarse el sitio web de Conway Morris sobre este tema aquí); también la contribución de Fazale Rana (capítulo 21) a The Nature of Nature [La naturaleza de la naturaleza]. No cabe duda de que cuantos más genomas se secuencien, tanto más se apreciará cuán general es la naturaleza de la homplasia.

NOTA DE SEDIN: Para lectura adicional acerca del fenómeno de la convergencia y las dificultades que plantea a cualquier explicación darwinista o neodarwinista, recomendamos al lector el clásico artículo de Arthur C. Custance, Convergencia, y el origen del hombre. Véase también la entrada Convergencia: ¿Explicación, o táctica retórica de emergencia?


Fuente: Evolution NewsDolphins and Porpoises and...Bats? Oh My! Evolution's Convergence Problem
Redacción: Jonathan M © Evolution News and Views - www.evolutionnews.org
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2012 - www.sedin.org

jueves, 3 de mayo de 2012

El desafío al darwinismo que plantea una enzima extraordinariamente compleja, por sí sola

Ann Gauger  1 de mayo de 2012 | Permalink
Contemplemos la carbamoil fosfato sintetasa (CPS), una enzima extraordinariamente compleja. Esta enzima usa bicarbonato, glutamina, ATP y agua para elaborar carbamoil fostato mediante una reacción de pasos múltiples en tres sitios activos separados, implicando a varios intermedios inestables. Véase aquí para los detalles.

La CPS está constituida por dos cadenas proteínicas con una longitud combinada de más de 1.400 residuos aminoácidos. Ahora sabemos, gracias a extensos datos bioquímicos, que una CPS totalmente acoplada precisa de la hidrólisis de una glutamina y dos moléculas de MgATP para cada molécula de carbamoil fosfato que se forma. Los tres sitios activos de la enzima mantienen la estequiometría global de la reacción, sin una hidrólisis excesiva de glutamina y/o de MgATP. Para concatenar las reacciones de manera eficiente, la enzima usa unos túneles moleculares internos para secuestro y transferencia rápida de los reactantes entre los sitios activos, y unos cambios conformacionales alostéricos para sincronizar su actividad. Esto es extraordinario, siendo que el primer sitio activo y el último están separados por casi 100 Å. pero incluso más extraordinario es que esta enzima realiza una serie de reacciones que involucran intermedios inestables con una semivida de segundos a milisegundos.

¿Cómo puede un proceso neodarwinista producir una enzima así? Incluso si las enzimas que llevan a cabo las diversas reacciones parciales hubieran podido evolucionar por separado, la coordinación y combinación de estos dominios en una enorme enzima es una hazaña de ingeniería más allá de nuestro ingenio.

Para más información acerca del reto que los pliegues de las proteínas presentan al darwinismo, véase AQUÍ y también, en español, la cadena de artículos bajo plegado proteínico.
 

Fuente: Evolution NewsThe Challenge to Darwinism from a Single Remarkably Complex Enzyme 1/05/2012
Redacción: © Ann Gauger, 2012 - Evolution News and Views - www.evolutionnews.org
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2012 - www.sedin.org

Cómo se mantiene el «consenso» científico sobre la evolución

Granville Sewell  26 de abril de 2012 | Permalink

Como los lectores de ENV ya sabrán, escribí un artículo, «A Second Look at the Second Law» [traducido al español como Una reconsideración de la Segunda Ley], que fue objeto de revisión paritaria y aceptado por la revista Applied Mathematics Letters (AML) en 2011, y que fue luego rechazado a última hora debido a que «nuestros directores sencillamente descubrieron que no tiene la clase de contenido que estamos interesados en publicar». Las circunstancias alrededor de esta cancelación fueron tan escandalosas para la editorial que acabaron pagando 10.000 dólares en daños y perjuicios y publicando una disculpa en la revista. Pero mantuvieron su negativa a publicar el artículo.

Y ahora, la revista Mathematical Intelligencer (MI) ha publicado un artículo impugnando mi artículo (que, recordemos, ¡no fue publicado!). Ante ello, envié una carta al director (que, según me dijeron, se publican normalmente «tal cual se han recibido», si se publican), respondiendo al artículo publicado en MI, pero esta carta fue enviada a revisión de todos modos y luego rechazada, de modo que no se me permite defenderme, ni siquiera en carta al director. Uno de los comentarios del revisor es especialmente interesante:

Él cita a [Bob] Lloyd criticándolo por ser demasiado poco serio al equiparar la entropía y el desorden. Él responde que no es a él a quien se le debe acusar, porque los textos de física consideran a menudo la segunda ley en escenarios en los que la cuantificación precisa es difícil. Pero es cosa cierta que hay una gran diferencia entre el nivel de rigor que se exige cuando se comunica el aire de la segunda ley a estudiantes, y el nivel que uno debería mantener cuando argumenta que se debería descartar una rama principal de la ciencia por estar en conflicto con la segunda ley. Los argumentos gestuales acerca de películas proyectadas al revés no son adecuados para alcanzar las trascendentales conclusiones a las que Sewall quiere llegar. Este era el argumento de Lloyd.

En otras palabras: está bien que los libros de texto de física apliquen la segunda ley a aplicaciones más allá de la termodinámica, como libros que arden o copas de vidrio que se rompen, pero no a ordenadores que surgen en un planeta rocoso, debido a que esto podría constituir una amenaza para «una rama principal de la ciencia». ¡Ni tan sólo se debe permitir la publicación de una carta al director que extraiga una conclusión tan «trascendental»!

Como no se me permite responder en la revista, doy mi respuesta más abajo, para que al menos los lectores de ENV y Notas y Reseñas puedan verla. En su columna Punto de Vista en MI, Bob Lloyd comienza vinculándome verazmente con el Instituto Discovery (tras lo cual ya es totalmente innecesaria ninguna posterior impugnación), y el resto del artículo está dedicado casi enteramente a exponer que mis «X-entropías» no son siempre independientes entre sí, que bajo ciertas circunstancias pueden influirse mutuamente.

De hecho, en el artículo para AML reconocía yo que en tanto que estas diferentes entropías son independientes entre sí en «nuestros modelos simples, donde se supone que sólo está sucediendo una conducción de calor o difusión, naturalmente, en situaciones más complejas, las leyes de probabilidad no hacen unas predicciones tan simples». Lloyd dice que la independencia universal de estas X-entropías «es capital para todas las versiones de sus argumentos». Excepto que nunca pretendí ni he creído que siempre fuesen independientes —véase el punto uno en mi respuesta para más detalle acerca de esta crítica principal, que ignora totalmente el punto principal del artículo para AML. En 11 agotadores años de escribir acerca de este tema, he observado que las críticas, invariablemente, se dirigen a algún punto menor, secundario, e ignoran completamente el argumento principal, que es extraordinariamente sencillo, y expresado con toda claridad en el último párrafo de la respuesta que me ha sido denegada ... e incluso con mayor claridad en el video que presento a continuación:


De modo que el artículo para AML no fue digno de ser publicado, incluso después de haber sido aceptado, y un artículo que critica duramente el artículo no publicado sí que es digno de ser publicado: pero no se puede publicar ninguna respuesta a éste. Bien, ahora ya tenemos una buena ilustración acerca de cómo se mantiene el «consenso científico» respecto de ciertos temas polémicos. Y si se ve el video, se comprenderá por qué, al menos en lo que toca a esta cuestión, es tan necesario suprimir todos los puntos de vista contrarios para poder mantener el consenso.

Una respuesta a Bob Lloyd
Por Granville Sewell

Lo que sigue es mi respuesta al artículo de Bob Lloyd en Viewpoint, «Is there any Conflict between Evolution and the Second Law of Thermodynamics? [¿Existe algún conflicto entre la evolución y la Segunda Ley de la Termodinámica]»6, que aparece publicado en el último número de The Mathematical Intelligencer. Pero primero veamos algunos antecedentes.

El artículo en Applied Mathematics Letters a que se hace referencia en el artículo de Lloyd, y en mi respuesta, nunca fue realmente publicado en AML. Recibí una carta del director alrededor de una semana antes de su programada publicación en la que se me decía que se había excluido porque «nuestros directores sencillamente descubrieron que no tiene la clase de contenido que estamos interesados en publicar». Posteriormente, la revista publicó una disculpa formal5, en la que reconocían que había sido excluido «no debido a ningunos errores ni a problemas técnicos que hubiesen encontrado los revisores o los directores, sino porque el Director Jefe llegó posteriormente a la conclusión que el contenido era más filosófico que matemático». Por ello, el artículo sólo puede encontrarse en mi sitio web personal, aquí [y en español aquí], pero es importante que los lectores accedan a este artículo, o bien no comprenderán realmente la crítica de Lloyd, ni mi respuesta.

También es importante observar que, aunque soy un proponente del diseño inteligente4, el artículo para AML no mencionaba el diseño inteligente, no incluía ninguna referencia al ámbito sobrenatural, y ni tan siquiera concluía que la segunda ley haya resultado finalmente violada por lo que ha sucedido sobre la Tierra. Sólo concluía que si uno quiere creer que un arreglo espontáneo de átomos sobre este planeta para formar cerebros inteligentes y máquinas capaces de realizar computaciones matemáticas y transporte aéreo a larga distancia no violó dicha ley, no le es posible esconderse detrás de la idea tan ampliamente aceptada de una «compensación»; uno tiene que creer que, gracias a la incidencia de la energía solar, junto con la selección natural, y lo que fuere, lo que sucedió aquí no era realmente extremadamente improbable —o más correctamente, macroscópicamente descriptible y extremamente improbable desde el punto de vista microscópico. (En mi artículo para AML intenté describir lo que se significa por «extremadamente improbable» de una forma algo más precisa: «Si repetimos un experimento 2k veces, y definimos un suceso como “descriptible de forma simple” (macroscópicamente descriptible) si se puede describir en m o menos bits (de modo que haya 2m o menos sucesos de esta clase), y como “extremadamente improbable” cuando tiene una probabilidad de 1/2n o inferior, entonces la probabilidad de que cualquier suceso extremadamente improbable y descriptible de forma simple pueda jamás llegar a ocurrir es inferior a 2k+m /2n. Así, tan sólo tenemos que asegurar que escogemos n como mucho más grande que k+m.»)

Lloyd cita mi ejemplo, presentado en mi carta al director1 en un número de 2001 de Mathematical Intelligencer, de carbono y calor difundiéndose independientemente entre sí en un sólido, y afirma que:

Esta es una afirmación bien clara de que cree que las diferentes «X-entropías» en la posterior formulación en AML se comportan de manera independiente. Este punto es capital para todas las versiones de su argumento ... El argumento de Sewell es general y debería aplicarse igualmente a solutos en soluciones líquidas. Aquí también los gradientes térmicos no deberían tener ningún efecto sobre las concentraciones de las especies disueltas si el tratamiento independiente de las entropías es válido.

Luego pasa a exponer como estas «entropías» no son independientes entre sí en ciertos experimentos con líquidos. Esta parece ser su crítica principal de mis escritos sobre este tema.

Puedo haber dejado la impresión en mi carta de 2001 que yo creía que estas diferentes «X-entropías» eran siempre independientes entre sí, pero en el artículo más reciente para Applied Mathematics Letters escribí así:

El contraargumento de la «compensación» fue presentado por personas que generalizaron la ecuación modelo para sistemas cerrados, pero olvidaron generalizar la ecuación para sistemas abiertos. Ambas ecuaciones son sólo válidas para nuestros modelos simples, donde se supone que sólo está sucediendo conducción de calor o difusión; naturalmente, en situaciones más complejas, las leyes probabilísticas no hacen unas predicciones tan simples. Sin embargo, en «¿Puede CUALQUIER COSA suceder en un sistema abierto?» generalicé las ecuaciones para sistemas abiertos mediante la siguiente tautología, que es válida en todas las situaciones: «si un aumento de orden es extremadamente improbable cuando un sistema está aislado, seguirá siendo extremadamente improbable cuando el sistema sea abierto, a no ser que entre alguna cosa que lo haga NO extremadamente improbable».

Los ejemplos de «X-entropía» (p. ej., «entropía de carbono») se dieron sólo como ilustración de esta tautología, como se decía claramente en mi resumen para AML. Y en un sólido, donde se suponen los modelos más simples para difusión y para conducción de calor, es decir, sin convección ni fuentes o sumideros, estas «entropías» son independientes entre sí y cada X-entropía no puede disminuir más rápidamente de lo que se exportan a través del límite (es decir, cada X-orden no puede aumentar más rápidamente de lo que es importado), de modo que en este caso las ecuaciones para el cambio de entropía ilustran la tautología de una manera apropiada, aunque no estoy seguro de que una tautología necesite ilustraciones. Y en realidad no hay nada especial, excepto por las consideraciones históricas, acerca del caso de X = calor (entropía térmica), las entropías asociadas con cualquier componente X en difusión son todas definidas por las mismas ecuaciones, y son todas igualmente cuantificables. En otras situaciones, como lo dije claramente, las cosas no son tan simples; nunca se pretendió una «independencia» universal de X-entropías, y no se trata desde luego de un punto crucial.

Naturalmente, Lloyd no proporcionó ningún contraejemplo para mi tautología. En contra de lo que parece ser la creencia común, cuando la entropía térmica disminuye en un sistema abierto, no está sucediendo nada macroscópicamente descriptible que sea extremadamente improbable desde el punto de vista microscópico; sencillamente, algo está entrando en el sistema abierto que hace que la disminución no sea extremadamente improbable. La tautología era claramente el punto central de mi argumento en cada artículo.

Es difícil saber de dónde ha aparecido esta idea errónea, que la entropía se pueda separar en componentes independientes. Una posibilidad es que esto proceda de suponer una equivalencia precisa entre entropía, a la que se aplican los formalismos de la termodinámica, y el desorden, que es algo demasiado deficientemente definido para aplicarle la termodinámica.

Luego Lloyd me ridiculiza por mi referencia al orden asociado con aeroplanos o a aparatos de TV, como si yo fuese el primero en tratar de aplicar la segunda ley a aplicaciones menos cuantificables como las mencionadas. Pero la mayoría de los libros de texto universitarios que mencionan la segunda ley citan cosas como la rotura de copas de vino o de libros quemados, como ejemplos de aumento de entropía. Todo lo que he hecho ha sido extenderlo de una forma obvia: si las disminuciones en entropía como el cambio de disposición de los átomos para conformarse en ordenadores y aviones a reacción estuviesen prohibidas por la segunda ley en un planeta aislado, porque son cosas macroscópicamente descriptibles que son extremadamente improbables desde el punto de vista microscópico, entonces siguen estando prohibidas por la misma ley (o al menos por el mismo principio natural) si lo único que está entrando en el sistema es energía solar, y ello por la misma razón: siguen siendo extremadamente improbables. Al menos, a mí y a la mayoría de la gente nos parece claro que tal aumento en orden seguiría siendo extremadamente improbable, aunque reconozco en las conclusiones del artículo para AML que uno puede todavía argumentar que tal cosa no es extremadamente improbable, y con ello evitar la conclusión de que se ha violado la segunda ley.

Supongamos que tomamos un video de un tornado que barre una ciudad, y que proyectamos el video hacia atrás. ¿Razonaríamos que aunque la transformación mediante tornados de cascotes y ruina a casas y automóviles representa una disminución de entropía, los tornados derivan su energía del sol, y que el aumento de entropía fuera de la tierra más que compensa la disminución que vemos en el video, de modo que no hay conflicto con la segunda ley? ¿Razonaríamos acaso que lo que estábamos viendo es demasiado difícil de cuantificar, y «demasiado deficientemente definido para aplicar la termodinámica», y concluiríamos que no podemos decidir si hay algún problema con la segunda ley o no? En tal caso, la segunda ley nunca debiera haberse aplicado a ninguna aplicación aparte de la termodinámica; pero por supuesto yo no soy el primero en hacerlo. Algunas cosas son obvias incluso si es difícil cuantificarlas. Y la transformación mediante tornados de escombros en casas y automóviles no es nada en comparación con lo que ha sucedido en la tierra en los últimos 3–4 mil millones de años, al menos en mi opinión.

El punto de vista cualitativo asociado con la aportación solar a la tierra, que se descartaba tan despreocupadamente en el resumen del artículo para AML, y las formulaciones del mismo por Styer y Bunn, siguen incontestados por la obra de Sewell.

Los artículos publicados en la revista American Journal of Physics por Styer2 y Bunn3 ilustran de manera muy idónea la clase de lógica que critico en mis escritos, de modo que vamos a considerar estos artículos.

Styer estimaba la tasa de disminución en entropía asociada con la evolución biológica como inferior a 302 Joules/grado Kelvin/segundo, observó que esta tasa es muy pequeña, y concluía diciendo: «Es de suponer que la entropía de la biosfera de la Tierra está de hecho disminuyendo en una pequeña cantidad debido a la evolución y que la entropía de la radiación cósmica de fondo de microondas está aumentando en una cantidad todavía mayor para compensar esta disminución». Para llegar a esta estimación, Styer suponía que «cada organismo individual es 1000 veces más improbable que lo era el individuo correspondiente hace 100 años» (una suposición «muy generosa»), usó la fórmula de Boltzmann para calcular que una disminución de la probabilidad por un factor de 1000 se corresponde con una disminución de la entropía de kBlog(1000), multiplicó esto por una estimación en exceso generosa del número de organismos sobre la Tierra, y lo dividió por la cantidad de segundos en un siglo.

Bunn concluyó posteriormente que el factor de Styer de 1000 no era en realidad generoso, que en realidad se debería considerar que los organismos eran, en promedio, alrededor de 1025 más improbables cada siglo, pero expone que, con todo, «la segunda ley de la termodinámica está a salvo».

Como han transcurrido alrededor de 5 millones de siglos desde el comienzo de la era del Cámbrico, si los organismos son, en promedio, 1000 veces más improbables cada siglo, esto significaría que los organismos actuales son en promedio alrededor de 1015000000 veces más improbables que los del comienzo del Cámbrico (10125000000 veces más improbables si usamos la estimación de Bunn). Y como nada puede tener una probabilidad mayor que uno, esto se supone que significa que los organismos actuales tienen una probabilidad inferior a 10-15000000 (o a 10-125000000) de haber aparecido. Pero, según arguyen Styer y Bunn, no hay conflicto con la segunda ley porque la Tierra es un sistema abierto, de modo que cualesquiera sucesos extremadamente improbables aquí pueden ser compensados por sucesos en cualquier otro lugar en el universo.

Según Styer, la fórmula de Boltzmann, que relaciona la entropía térmica de un estado de gas ideal con la cantidad de posibles microestados, y así con la probabilidad de aquel estado, puede usarse para el cómputo del cambio en entropía térmica asociada con cualquier cambio en probabilidad: no sólo la probabilidad de un estado de gas ideal, sino la probabilidad de cualquier cosa. Esto es algo muy parecido a encontrar una hoja de la Lotería Nacional en la que se dé una lista de las probabilidades de ganar cada premio monetario y decir: ¡ajá, ahora sabemos como convertir la probabilidad de cualquier cosa en su equivalente monetario!

Para ver el absurdo de esta lógica, extendamos los cálculos de Styer al juego del póquer. La fórmula de Boltzmann nos permite definir la entropía de una mano de póquer como S = kBlog(W) donde kB = 1,38*10-23 Joules/grado Kelvin es la constante de Boltzmann y W es la cantidad de manos posibles de un tipo determinado (número de «microestados», W = p*C(52,5), de modo que S = kBlog (p) + Constante, donde p es la probabilidad de la mano). Por ejemplo, hay 54912 posibles manos posibles de «tercia», y 3744 manos que representarían un «full», de modo que si me han servido una mano «tercia», devuelvo algunas cartas, vuelvo a barajar y vuelvo a servir, y acabo con un «full», el resultante cambio en entropía es S2 - S1 = kBlog (3744) - kBlog (54912) = kBlog (1/14,666) = -3,7*10-23 Joules/grado. Naturalmente, una disminución de probabilidad por un factor de solo 15 lleva a una disminución muy pequeña de entropía, lo que queda muy fácilmente compensado por el aumento en entropía en el fondo cósmico de microondas, de modo que desde luego no hay conflicto aquí con la segunda ley.

Sin embargo, hay algunos problemas. En tanto que uno puede definir una «entropía de póquer» como Sp = kplog (W) y tener una buena fórmula para la entropía que aumenta cuando aumenta la probabilidad, ¿por qué debería ser la constante kp usada igual a la constante de Boltzmann kB? De hecho, no está claro por qué la entropía del póquer debería tener unidades de Joules/grado Kelvin. En el caso de la entropía térmica, la constante se escoge de modo que la definición estadística de la entropía térmica concuerda con la definición macroscópica estándar. Pero no hay ninguna definición estándar con la que concuerde la entropía del póquer, de modo que la constante kp puede escogerse de forma arbitraria. Si establecemos de manera arbitraria kp = kB, de modo que las unidades concuerden, sigue no teniendo ningún sentido añadir cambios de entropía de póquer y de entropía térmica para ver si el resultado es o no positivo. No está claro como el hecho de que la entropía térmica esté aumentando en el resto del universo haga más fácil conseguir una mano de póquer tan sumamente improbable. Naturalmente, todos estos problemas también existen respecto de los análisis de Styer y Bunn de la entropía asociada con la evolución; al menos, en el caso de la entropía del póquer no tenemos que hacer las aventuradas suposiciones acerca de las probabilidades involucradas.

Si uno quiere demostrar que una disposición espontánea de átomos para formar máquinas capaces de computación matemática y de viaje interplanetario no viola el principio natural fundamental subyacente a la segunda ley, no puede simplemente decir, como lo dicen Styer y Bunn y tantos otros: «Sí, cierto, la evolución es astronómicamente improbable, pero la Tierra es un sistema abierto, de modo que no hay problema alguna en tanto que algo (¡cualquier cosa, según parece!) esté sucediendo fuera de la Tierra que, si se invirtiese, sería todavía más improbable. Lo que se tiene que argumentar es que lo que ha sucedido en la Tierra no es realmente astronómicamente improbable, tomando en cuenta lo que ha entrado (y salido) de nuestro sistema abierto. ¿Por qué un punto tan sencillo y obvio resulta tan polémico?



Granville Sewell, Ph.D., es Catedrático de Matemáticas en la Universidad de Texas, El Paso.
Se puede visitar su Oficina Virtual aquí.

Referencias

(1) Sewell G (2001) «Can ANYTHING Happen in an Open System? [¿Puede suceder CUALQUIER COSA en un sistema abierto?]», The Mathematical Intelligencer 23, número 4, pp. 8-10.

(2) Styer D (2008) «Entropy and Evolution [Entropía y Evolución]», American Journal of Physics 76, issue 11, 1031-1033.

(3) Bunn E (2009) «Evolution and the Second Law of Thermodynamics», American Journal of Physics 77, número 10, pp. 922-925.

(4) Sewell G (2010) In the Beginning and Other Essays on Intelligent Design [En el Principio, y otros ensayos sobre Diseño Inteligente], Discovery Institute Press.

(5) — (2011) «Editors note: A Second Look at the Second Law [Nota del Director: Una reconsideración de la Segunda Ley]», Applied Mathematics Letters 24, número 11, p. 1968.

(6) Lloyd B (2012) «Is there any Conflict between Evolution and the Second Law of Thermodynamics? [¿Hay algún conflicto entre la Evolución y la Segunda Ley de la Termodinámica]», The Mathematical Intelligencer 34, número 1, pp. 29-33.


Fuente: Evolution NewsHow the Scientific “Consensus” on Evolution is Maintained 26/04/2012
Redacción: Granville Sewell, Ph.D. © 2012 - Evolution News and Views - www.evolutionnews.org
Traducción: Santiago Escuain — © SEDIN 2012 - www.sedin.org
Se agradece al Dr. Sewell su revisión de la traducción y sus amables sugerencias