¿Ofrece verdaderamente el materialismo una explicación válida de la conducta humana? ¿Es posible desde el materialismo emitir juicios de valor acerca de ninguna conducta? El instinto moral humano no puede justificarse desde el materialismo, sino sólo desde la realidad de que ha sido creado a imagen de Dios. Una imagen distorsionada por el pecado, pero no suprimida en su totalidad. Desde la ruina debida al pecado, siguen alzándose las exigencias de una conciencia que reconoce el bien y el mal como verdaderas categorías en base a las que juzgar. Bajo un análisis riguroso, el materialismo no ofrece ninguna verdadera explicación al dilema moral del hombre. Dios, en la Biblia, nos explica nuestro origen, y el origen de nuestra miseria, así como Su camino de salvación.
- Altruismo: PhysOrg emitió un comunicado de prensa de la Universidad de California en Davis donde se debatía qué clase de evolución —cultural o genética— explica la propensión humana al altruismo (una caridad abnegada). «¿Por qué hay personas que van voluntarias a la guerra, que voluntariamente dan sangre, contribuyen a bancos de alimentos y realizan otros sacrificios, a menudo con considerable riesgo para ellas mismas y sus descendientes? Se han propuesto explicaciones evolutivas basadas tanto en los genes como en la cultura para esta conducta humana, que es única entre los vertebrados». El artículo proseguía argumentando en favor de causas sociales y contra las genéticas, pero la exposición deja claro que las explicaciones no evolutivas quedaban completamente fuera de consideración ya de entrada. El reportaje en Science Daily hablaba de una «ecuación ... que describe las condiciones para la evolución del altruismo». A veces la explicación mezcla causas y resultados en una «coevolución de genes-cultura de las propensiones prosociales humanas». De forma parecida, National Geographic News intentaba exhibir a chimpancés expresando una forma de altruismo, diciendo que «esto añade a las indicaciones de que los chimpancés son más parecidos a los humanos que lo que se solía pensar». El altruismo incluso se aplica a las amebas, decía Science Daily: «En el mundo de las amebas, las trampas no dan ventaja». Al considerar su explicación, queda claro que el altruismo no tiene una esencia propia, sino que se trata de una mera manifestación de presiones selectivas —una «característica» que puede observarse desde las amebas hasta el hombre. Ni tan solo consideraban la hipótesis opuesta. ¿Será posible que los científicos estén imputando características morales a seres no sensibles, y que estén interpretando acciones de animales en términos de capacidades asumidas internamente? Si el altruismo es una característica física, ¿por qué no lo es el acto de explicarlo? ¿Por qué los chimpancés y las amebas no están escribiendo artículos acerca de la conducta humana
- Liderazgo: Science Daily informaba acerca de un artículo aparecido en Current Biology titulado «El origen y la evolución del liderazgo» que pone a Darwin en cabeza. Los autores «razonen que debido a “unos vestigios de nuestro pasado evolutivo”, factores como la edad, el sexo, la altura y el peso juegan un papel preponderante en la determinación de nuestra elección de líderes». Y esto es lo que el Dr. Andrew King (Sociedad Zoológica de Londres) tenía que decir acerca de esto:
La evolución ha dado forma a principios rigiendo el liderazgo y la condición de los seguidores a lo largo de muchos millones de años. Necesitamos fundamentar científicamente el complejo e incluso místico fenómeno social del liderazgo. Mediante observación empírica, modelos teóricos, neurociencia, psicología experimental y genética, podemos explorar el desarrollo y las funciones adaptativas del liderazgo y de la condición de seguidores. Este análisis de los datos, combinado con una perspectiva evolutiva del liderazgo, podría resaltar potenciales malos emparejamientos, de modo que podemos ver cómo los mecanismos evolucionados de liderazgo se encuentran posiblemente desalineados con nuestro medio social relativamente novedoso.
Lo que el Dr. King no alcanza a explicar es cómo la ciencia escapa de ser un mecanismo evolucionado o cómo adquiere ningún poder sobre los «principios» evolutivos. Su coautor el Dr. Dominic Johnson (Universidad de Edimburgo) cree que ya es hora de que la biología evolutiva afronte esta cuestión tan pasada por alto, «de la que se puede mantener que es uno de los temas más importantes en las ciencias sociales». Él ve una superposición entre las conductas de liderazgo humano y animal que apuntan a orígenes evolutivos. Dice: «Mediante la identificación de estos orígenes y la exploración de qué aspectos se comparten con otros animales obtenemos mejores maneras de comprender, predecir y mejorar el liderazgo en la actualidad». Su método evolutivo, así, va más allá de la explicación, y aboga por una acción social.1
- Sexo y guerra: En Science en el mes de octubre,2 Hillard Kaplan, un antropólogo en la Universidad de Nuevo México, reseñaba Sex and War: How Biology Explains Warfare and Terrorism and Offers a Path to a Safer World [El sexo y la guerra: Cómo la biología explica la guerra y el terrorismo y ofrece una ruta para un mundo más seguro], de Malcolm Potts y Thomas Hayden (BenBella, Dallas, 2008). Este libro explora «los orígenes filogenéticos de la guerra humana» y describe el conflicto armado, sin importar sus participantes ni sus causas, en términos estrictamente evolutivos. El alcance de su proyecto explicativo se tiene que considerar al evaluar cualquier conflicto, desde resistir a matones en el patio de juego hasta la decisión de enfrentarse a la Alemania Nazi. Kaplan comienza así: «Argumentan que la agresión colectiva por parte de machos es un rasgo fundamental de la historia evolutiva humana, cuyas raíces están bien desarrolladas en nuestro pariente viviente más cercano, el chimpancé». Esto parecería eliminar cualquier racionalidad acerca del concepto de «guerra justa», esto es, una acción altruista de rescate de un pueblo oprimido (por cuanto el altruismo cae también dentro del dominio de la explicación evolutiva). En la explicación que ellos dan se puede detectar la tensión entre moralidad y determinismo:
El libro comienza con las propias experiencias de Potts en 1972, asistiendo a (y proporcionando abortos para) mujeres que habían sido violadas y maltratadas durante la guerra en Bangladesh. Narra la crueldad realizada por grupos de hombres, unidos en una acción armada en busca del poder, sobre miles de mujeres. Luego presenta la principal tesis del libro: estos actos de violencia distan de ser incidentes aislados y aberraciones modernas debidas a condiciones límite —más bien se trata de la norma para nuestra especie. Lo que Potts designa como «propensiones conductuales a dedicarse a una violencia colectiva machista» son productos de una larga historia evolutiva, en la que los machos que se dedicaban a esta conducta producían más descendientes genéticos que los machos sin estas propensiones. Además sostiene que la violencia colectiva de parte de grupos de machos surgió evolutivamente al menos en tiempo tan remoto como el antecesor común antes de la divergencia chimpancé-humana y es una manifestación directa de selección sexual sobre la competición entre machos. Estas propensiones conductuales no evolucionaron en las hembras de ambas especies.
El término «propensión conductual» se usa a lo largo del libro para resaltar la idea de que una propensión se puede controlar con medios culturales y sociales. Las propensiones a formar coaliciones entre machos contra otros machos están en cierto sentido programadas genéticamente en la psicología de los chimpancés y de los humanos, pero hay también normas de conducta culturalmente apropiada, así como instituciones sociales que pueden servir para contrarrestar estas propensiones. De hecho, la solución para disminuir la violencia y la guerra en los tiempos modernos procede del reconocimiento de que nuestra herencia biológica ha producido muy diferentes propensiones conductuales en los varones y las mujeres entre los humanos.
Este libro presenta la postura de que las propensiones evolutivas de los machos hacia la violencia se pueden refrenar «capacitando a las mujeres para ser líderes en las esferas culturales, sociales y políticas». Esto parece dar por sentado el origen de la moralidad. ¿Por qué razón deberían los productos de un proceso evolutivo refrenar lo que el proceso ha producido? El reseñador y los autores difieren sólo acerca de los métodos que consideran más eficaces. Kaplan dice: «Seguimos careciendo de un conocimiento definitivo de la violencia a nivel colectivo y de sus variaciones en diferentes sociedades y durante diferentes períodos históricos. Pero estoy de acuerdo con Potts en que un conocimiento así necesitaría de una teoría conjunta de nuestra biología e historia social». Pero, ¿hay acaso ninguna diferencia, desde la perspectiva evolucionista?
PhysOrg también informaba acerca de «Cuando tiene sentido evolutivo ser un cornudo». Dejaremos esto como un ejercicio acerca de si «sentido evolutivo» es un oxímoron.
1. La ciencia puede decir: «Parece que la tierra se está calentando». La explicación dice: «La tierra se está calentando a causa de la actividad humana». El activismo dice: «Como los humanos están calentando la tierra, tenemos que redistribuir la riqueza e iniciar una depresión».
2. Hillard Kaplan, «Anthropology: Sex and War (and Ecology)», Science, 9 octubre 2009: Vol. 326. no. 5950, pp. 232-233, DOI: 10.1126/science.1176071.
Estos tres ejemplos (más el otro) se pueden considerar como representativos de una larga historia de especulaciones de los evolucionistas acerca de por qué actuamos como lo hacemos. Una intensa suposición subyacente es que estas explicaciones evolutivas son de una u otra manera mejores que las antiguas explicaciones bíblicas porque caen dentro del dominio de la «ciencia», y que sólo la «ciencia» lleva al «conocimiento». No importa que haya vacíos; aunque «todavía carecemos de un conocimiento definitivo» de este o aquel aspecto de un fenómeno, algún día lo tendremos, porque la «ciencia» está en la actividad de explicar. La ciencia lo explica todo. Cuando uno oye acerca de la evolución de la guerra, de la evolución del liderazgo o de la evolución del altruismo, lo «comprende». Y ahora, usando la racionalidad, uno puede «controlarlo».
La tensión y contradicción inherentes en esta forma de pensar debería ser evidente en los ejemplos acabados de dar. Como hemos señalado numerosas veces, estos científicos están plagiando las presuposiciones judeocristianas para emprender el acto de explicación. La racionalidad es una referencia a conceptos que se encuentran fuera del naturalismo. El naturalismo es imposible, porque para explicar algo, uno tiene que creer que sus sensaciones se corresponden con la realidad externa. Uno tiene que dar por supuesto que su explicación contiene la posibilidad de que pueda ser verdad. ¿Cómo puede nadie creer nada, incluyendo a su propio cerebro, si todo es el producto de un proceso no guiado como la evolución? Además, para creer en la verdad, es necesario ejercer la moralidad —la suposición de que la verdad es buena. Ninguno de estos conceptos viene en la caja de herramientas explicativa de los evolucionistas. Y si están ahí, los han robado. De hecho, toda la caja de herramientas es producto de un robo. Usando útiles robados, construyen artes y humanidades imposibles: cuentos de millones de años de monos chillando y golpeando, que se transforman en Bach (10/17/2009), en una ópera exaltando un mundo sin machos violentos, con líderes morales, con caridad para con todos. (Se olvidan que Milton escribió el libreto de Paraíso Perdido, no Darwin.) Una vez más encontramos que la explicación pertenece al campo de la teología. La intolerancia de la ciencia moderna lleva a excluir a los contratistas dueños de las herramientas. Los teólogos tienen respuestas a por qué los machos tienden a la violencia, a por qué compartimos características con los chimpancés, a por qué nos sentimos atraídos a líderes fuertes, y a por qué nos sentimos movidos por los sufrimientos de nuestros semejantes. Ninguno de estos fenómenos ha escapado a la observación de los grandes eruditos teístas. Ninguno de ellos se encuentra fuera del dominio de las Escrituras. En nuestros tiempos, unos impostores han usurpado el papel de la teología. Los científicos evolucionistas presumen de dedicarse a explicaciones usando unas herramientas que ellos ni fabricaron ni hubieran podido fabricar.
No queda claro de ninguna filosofía de la ciencia si los científicos pueden o deberían tratar de poder explicar nada, o cómo lo harían. Bas van Fraasen rechazó la explicación como función de la ciencia. Se debería observar que la «psicología popular», la versión de sentido común que todos practicamos y que atribuye razonamientos y sentimientos a nuestros semejantes humanos como causa de sus acciones, funciona igual de bien, por no decir que mejor, que cualquier avanzada explicación científica —de ahí la popularidad de la Dra. Laura Schlesinger (que, dicho sea de paso, aconseja desde un fundamento presuposicional del Antiguo Testamento). Todos suponemos que los científicos nos dan explicaciones porque en el instituto se nos enseñó un simplista positivismo. ¡Es hora de graduarse para el mundo real! La ciencia actúa mejor tratando de curar el cáncer, imitando el diseño en la naturaleza, prediciendo terremotos y el tiempo, explorando el espacio, midiendo, observando, estudiando, clasificando, organizando, refutando, prediciendo, aprendiendo, descubriendo relaciones, derivando ecuaciones, e informando la tecnología. Cualquiera que presuma de explicar la naturaleza sin una premisa teológica está dedicándose a un sinsentido que se autorrefuta. Invitamos al lector a volver a leer los tres puntos más arriba bajo esta luz. Ahora todo adquiere sentido. Los materialistas se dedican a explicaciones falsas porque quieren racionalizar su deseo de prescindir de su Dios Creador.
Si los científicos realmente quieren comprender la naturaleza humana, si quieren hacer algo acerca de la guerra y de la brutalidad, y si quieren aumentar los niveles de caridad, nada puede ni acercarse al registro de transformación de vidas evidenciado por el poder el evangelio de Jesucristo: Los siguientes ejemplos, que aparecen en inglés, nos lo muestran: Ejemplo 1: de matón de pandilla a ganador de almas; ejemplo 2: de orgulloso biólogo evolutivo a cristiano lleno de gozo; ejemplo 3 de terrorista a liberador de almas; ejemplo 4: de torturador y genocida a arrepentido seguidor de Cristo. No busques resultados
Véase también Los científicos anhelan integridad: ¿se originó por evolución?
Fuente: Creation·Evolution Headlines - Who Explains Whom?
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org






