martes 10 de noviembre de 2009

¿Quién explica a quién?

Imaginemos a un antropólogo evolutivo y a un teólogo bíblico sentados en el banco de un parque, en animada discusión. El teólogo afirma que el científico cree en la evolución debido al orgullo que entró mediante el pecado en la Caída. «Tu conciencia y tu conocimiento innato de Dios han quedado corrompidos», dice el teólogo: «Por esto escoges unos sistemas de creencia que racionalizan tu deseo de vivir manteniendo una actitud de rechazo hacia tu Creador». El científico replica que el teólogo sólo cree en Dios porque la religión fue seleccionada de forma natural en un primitivo antecesor simiesco. «Allá en la profunda prehistoria, las primitivas poblaciones de homininos reforzaron unas creencias en seres sobrenaturales que proporcionaban consuelo ante misterios naturales», dice él. «Pero ahora la ciencia está arrojando luz sobre estos misterios y minando aquellas creencias primitivas». ¿Cuál de estas posturas debería obtener una situación privilegiada en la sociedad? ¿Debería concedérsele a la explicación del científico un privilegio epistémico en nuestra cultura sólo debido a que es un científico? Quizá algunos recientes ejemplos de evolucionistas que intentan explicar la conducta humana pueden informar esta disyuntiva.

¿Ofrece verdaderamente el materialismo una explicación válida de la conducta humana? ¿Es posible desde el materialismo emitir juicios de valor acerca de ninguna conducta? El instinto moral humano no puede justificarse desde el materialismo, sino sólo desde la realidad de que ha sido creado a imagen de Dios. Una imagen distorsionada por el pecado, pero no suprimida en su totalidad. Desde la ruina debida al pecado, siguen alzándose las exigencias de una conciencia que reconoce el bien y el mal como verdaderas categorías en base a las que juzgar. Bajo un análisis riguroso, el materialismo no ofrece ninguna verdadera explicación al dilema moral del hombre. Dios, en la Biblia, nos explica nuestro origen, y el origen de nuestra miseria, así como Su camino de salvación.


  1. Altruismo: PhysOrg emitió un comunicado de prensa de la Universidad de California en Davis donde se debatía qué clase de evolución —cultural o genética— explica la propensión humana al altruismo (una caridad abnegada). «¿Por qué hay personas que van voluntarias a la guerra, que voluntariamente dan sangre, contribuyen a bancos de alimentos y realizan otros sacrificios, a menudo con considerable riesgo para ellas mismas y sus descendientes? Se han propuesto explicaciones evolutivas basadas tanto en los genes como en la cultura para esta conducta humana, que es única entre los vertebrados». El artículo proseguía argumentando en favor de causas sociales y contra las genéticas, pero la exposición deja claro que las explicaciones no evolutivas quedaban completamente fuera de consideración ya de entrada. El reportaje en Science Daily hablaba de una «ecuación ... que describe las condiciones para la evolución del altruismo». A veces la explicación mezcla causas y resultados en una «coevolución de genes-cultura de las propensiones prosociales humanas». De forma parecida, National Geographic News intentaba exhibir a chimpancés expresando una forma de altruismo, diciendo que «esto añade a las indicaciones de que los chimpancés son más parecidos a los humanos que lo que se solía pensar». El altruismo incluso se aplica a las amebas, decía Science Daily: «En el mundo de las amebas, las trampas no dan ventaja». Al considerar su explicación, queda claro que el altruismo no tiene una esencia propia, sino que se trata de una mera manifestación de presiones selectivas —una «característica» que puede observarse desde las amebas hasta el hombre. Ni tan solo consideraban la hipótesis opuesta. ¿Será posible que los científicos estén imputando características morales a seres no sensibles, y que estén interpretando acciones de animales en términos de capacidades asumidas internamente? Si el altruismo es una característica física, ¿por qué no lo es el acto de explicarlo? ¿Por qué los chimpancés y las amebas no están escribiendo artículos acerca de la conducta humana
  2. Liderazgo: Science Daily informaba acerca de un artículo aparecido en Current Biology titulado «El origen y la evolución del liderazgo» que pone a Darwin en cabeza. Los autores «razonen que debido a “unos vestigios de nuestro pasado evolutivo”, factores como la edad, el sexo, la altura y el peso juegan un papel preponderante en la determinación de nuestra elección de líderes». Y esto es lo que el Dr. Andrew King (Sociedad Zoológica de Londres) tenía que decir acerca de esto:

La evolución ha dado forma a principios rigiendo el liderazgo y la condición de los seguidores a lo largo de muchos millones de años. Necesitamos fundamentar científicamente el complejo e incluso místico fenómeno social del liderazgo. Mediante observación empírica, modelos teóricos, neurociencia, psicología experimental y genética, podemos explorar el desarrollo y las funciones adaptativas del liderazgo y de la condición de seguidores. Este análisis de los datos, combinado con una perspectiva evolutiva del liderazgo, podría resaltar potenciales malos emparejamientos, de modo que podemos ver cómo los mecanismos evolucionados de liderazgo se encuentran posiblemente desalineados con nuestro medio social relativamente novedoso.

Lo que el Dr. King no alcanza a explicar es cómo la ciencia escapa de ser un mecanismo evolucionado o cómo adquiere ningún poder sobre los «principios» evolutivos. Su coautor el Dr. Dominic Johnson (Universidad de Edimburgo) cree que ya es hora de que la biología evolutiva afronte esta cuestión tan pasada por alto, «de la que se puede mantener que es uno de los temas más importantes en las ciencias sociales». Él ve una superposición entre las conductas de liderazgo humano y animal que apuntan a orígenes evolutivos. Dice: «Mediante la identificación de estos orígenes y la exploración de qué aspectos se comparten con otros animales obtenemos mejores maneras de comprender, predecir y mejorar el liderazgo en la actualidad». Su método evolutivo, así, va más allá de la explicación, y aboga por una acción social.1

  1. Sexo y guerra: En Science en el mes de octubre,2 Hillard Kaplan, un antropólogo en la Universidad de Nuevo México, reseñaba Sex and War: How Biology Explains Warfare and Terrorism and Offers a Path to a Safer World [El sexo y la guerra: Cómo la biología explica la guerra y el terrorismo y ofrece una ruta para un mundo más seguro], de Malcolm Potts y Thomas Hayden (BenBella, Dallas, 2008). Este libro explora «los orígenes filogenéticos de la guerra humana» y describe el conflicto armado, sin importar sus participantes ni sus causas, en términos estrictamente evolutivos. El alcance de su proyecto explicativo se tiene que considerar al evaluar cualquier conflicto, desde resistir a matones en el patio de juego hasta la decisión de enfrentarse a la Alemania Nazi. Kaplan comienza así: «Argumentan que la agresión colectiva por parte de machos es un rasgo fundamental de la historia evolutiva humana, cuyas raíces están bien desarrolladas en nuestro pariente viviente más cercano, el chimpancé». Esto parecería eliminar cualquier racionalidad acerca del concepto de «guerra justa», esto es, una acción altruista de rescate de un pueblo oprimido (por cuanto el altruismo cae también dentro del dominio de la explicación evolutiva). En la explicación que ellos dan se puede detectar la tensión entre moralidad y determinismo:

El libro comienza con las propias experiencias de Potts en 1972, asistiendo a (y proporcionando abortos para) mujeres que habían sido violadas y maltratadas durante la guerra en Bangladesh. Narra la crueldad realizada por grupos de hombres, unidos en una acción armada en busca del poder, sobre miles de mujeres. Luego presenta la principal tesis del libro: estos actos de violencia distan de ser incidentes aislados y aberraciones modernas debidas a condiciones límite —más bien se trata de la norma para nuestra especie. Lo que Potts designa como «propensiones conductuales a dedicarse a una violencia colectiva machista» son productos de una larga historia evolutiva, en la que los machos que se dedicaban a esta conducta producían más descendientes genéticos que los machos sin estas propensiones. Además sostiene que la violencia colectiva de parte de grupos de machos surgió evolutivamente al menos en tiempo tan remoto como el antecesor común antes de la divergencia chimpancé-humana y es una manifestación directa de selección sexual sobre la competición entre machos. Estas propensiones conductuales no evolucionaron en las hembras de ambas especies.

El término «propensión conductual» se usa a lo largo del libro para resaltar la idea de que una propensión se puede controlar con medios culturales y sociales. Las propensiones a formar coaliciones entre machos contra otros machos están en cierto sentido programadas genéticamente en la psicología de los chimpancés y de los humanos, pero hay también normas de conducta culturalmente apropiada, así como instituciones sociales que pueden servir para contrarrestar estas propensiones. De hecho, la solución para disminuir la violencia y la guerra en los tiempos modernos procede del reconocimiento de que nuestra herencia biológica ha producido muy diferentes propensiones conductuales en los varones y las mujeres entre los humanos.

Este libro presenta la postura de que las propensiones evolutivas de los machos hacia la violencia se pueden refrenar «capacitando a las mujeres para ser líderes en las esferas culturales, sociales y políticas». Esto parece dar por sentado el origen de la moralidad. ¿Por qué razón deberían los productos de un proceso evolutivo refrenar lo que el proceso ha producido? El reseñador y los autores difieren sólo acerca de los métodos que consideran más eficaces. Kaplan dice: «Seguimos careciendo de un conocimiento definitivo de la violencia a nivel colectivo y de sus variaciones en diferentes sociedades y durante diferentes períodos históricos. Pero estoy de acuerdo con Potts en que un conocimiento así necesitaría de una teoría conjunta de nuestra biología e historia social». Pero, ¿hay acaso ninguna diferencia, desde la perspectiva evolucionista?

PhysOrg también informaba acerca de «Cuando tiene sentido evolutivo ser un cornudo». Dejaremos esto como un ejercicio acerca de si «sentido evolutivo» es un oxímoron.


1. La ciencia puede decir: «Parece que la tierra se está calentando». La explicación dice: «La tierra se está calentando a causa de la actividad humana». El activismo dice: «Como los humanos están calentando la tierra, tenemos que redistribuir la riqueza e iniciar una depresión».

2. Hillard Kaplan, «Anthropology: Sex and War (and Ecology)», Science, 9 octubre 2009: Vol. 326. no. 5950, pp. 232-233, DOI: 10.1126/science.1176071.

Estos tres ejemplos (más el otro) se pueden considerar como representativos de una larga historia de especulaciones de los evolucionistas acerca de por qué actuamos como lo hacemos. Una intensa suposición subyacente es que estas explicaciones evolutivas son de una u otra manera mejores que las antiguas explicaciones bíblicas porque caen dentro del dominio de la «ciencia», y que sólo la «ciencia» lleva al «conocimiento». No importa que haya vacíos; aunque «todavía carecemos de un conocimiento definitivo» de este o aquel aspecto de un fenómeno, algún día lo tendremos, porque la «ciencia» está en la actividad de explicar. La ciencia lo explica todo. Cuando uno oye acerca de la evolución de la guerra, de la evolución del liderazgo o de la evolución del altruismo, lo «comprende». Y ahora, usando la racionalidad, uno puede «controlarlo».

La tensión y contradicción inherentes en esta forma de pensar debería ser evidente en los ejemplos acabados de dar. Como hemos señalado numerosas veces, estos científicos están plagiando las presuposiciones judeocristianas para emprender el acto de explicación. La racionalidad es una referencia a conceptos que se encuentran fuera del naturalismo. El naturalismo es imposible, porque para explicar algo, uno tiene que creer que sus sensaciones se corresponden con la realidad externa. Uno tiene que dar por supuesto que su explicación contiene la posibilidad de que pueda ser verdad. ¿Cómo puede nadie creer nada, incluyendo a su propio cerebro, si todo es el producto de un proceso no guiado como la evolución? Además, para creer en la verdad, es necesario ejercer la moralidad —la suposición de que la verdad es buena. Ninguno de estos conceptos viene en la caja de herramientas explicativa de los evolucionistas. Y si están ahí, los han robado. De hecho, toda la caja de herramientas es producto de un robo. Usando útiles robados, construyen artes y humanidades imposibles: cuentos de millones de años de monos chillando y golpeando, que se transforman en Bach (10/17/2009), en una ópera exaltando un mundo sin machos violentos, con líderes morales, con caridad para con todos. (Se olvidan que Milton escribió el libreto de Paraíso Perdido, no Darwin.) Una vez más encontramos que la explicación pertenece al campo de la teología. La intolerancia de la ciencia moderna lleva a excluir a los contratistas dueños de las herramientas. Los teólogos tienen respuestas a por qué los machos tienden a la violencia, a por qué compartimos características con los chimpancés, a por qué nos sentimos atraídos a líderes fuertes, y a por qué nos sentimos movidos por los sufrimientos de nuestros semejantes. Ninguno de estos fenómenos ha escapado a la observación de los grandes eruditos teístas. Ninguno de ellos se encuentra fuera del dominio de las Escrituras. En nuestros tiempos, unos impostores han usurpado el papel de la teología. Los científicos evolucionistas presumen de dedicarse a explicaciones usando unas herramientas que ellos ni fabricaron ni hubieran podido fabricar.

No queda claro de ninguna filosofía de la ciencia si los científicos pueden o deberían tratar de poder explicar nada, o cómo lo harían. Bas van Fraasen rechazó la explicación como función de la ciencia. Se debería observar que la «psicología popular», la versión de sentido común que todos practicamos y que atribuye razonamientos y sentimientos a nuestros semejantes humanos como causa de sus acciones, funciona igual de bien, por no decir que mejor, que cualquier avanzada explicación científica —de ahí la popularidad de la Dra. Laura Schlesinger (que, dicho sea de paso, aconseja desde un fundamento presuposicional del Antiguo Testamento). Todos suponemos que los científicos nos dan explicaciones porque en el instituto se nos enseñó un simplista positivismo. ¡Es hora de graduarse para el mundo real! La ciencia actúa mejor tratando de curar el cáncer, imitando el diseño en la naturaleza, prediciendo terremotos y el tiempo, explorando el espacio, midiendo, observando, estudiando, clasificando, organizando, refutando, prediciendo, aprendiendo, descubriendo relaciones, derivando ecuaciones, e informando la tecnología. Cualquiera que presuma de explicar la naturaleza sin una premisa teológica está dedicándose a un sinsentido que se autorrefuta. Invitamos al lector a volver a leer los tres puntos más arriba bajo esta luz. Ahora todo adquiere sentido. Los materialistas se dedican a explicaciones falsas porque quieren racionalizar su deseo de prescindir de su Dios Creador.

Si los científicos realmente quieren comprender la naturaleza humana, si quieren hacer algo acerca de la guerra y de la brutalidad, y si quieren aumentar los niveles de caridad, nada puede ni acercarse al registro de transformación de vidas evidenciado por el poder el evangelio de Jesucristo: Los siguientes ejemplos, que aparecen en inglés, nos lo muestran: Ejemplo 1: de matón de pandilla a ganador de almas; ejemplo 2: de orgulloso biólogo evolutivo a cristiano lleno de gozo; ejemplo 3 de terrorista a liberador de almas; ejemplo 4: de torturador y genocida a arrepentido seguidor de Cristo. No busques resultados como estos en la ciencia. Abre el Manual del Operador y ayuda a que las personas regresen al camino, una vida a la vez.

Véase también Los científicos anhelan integridad: ¿se originó por evolución?


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Who Explains Whom? 26/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org

La Explosión Cámbrica, resuelta: Elemental, mi querido Darwin

28 octubre 2009 — Dos recientes artículos anunciaban soluciones al problema de prueba que más preocupaba a Darwin —la repentina aparición de animales complejos en la base del registro fósil del Cámbrico. Las dos soluciones involucran elementos químicos. La única diferencia reside en el elemento que se emplea.
El Anomalocaris, descubierto en el Esquisto Burgess, en las Montañas Rocosas, es uno de los seres que aparece en la Explosión Cámbrica. Según una «novedosa» teoría, aparecieron ¡gracias al incremento en la concentración de calcio en los mares primitivos! Otra teoría afirma que fue la mucha mayor disponibilidad de oxígeno. Así se obvia frívolamente la cuestión capital del origen de toda la información genética para el plan corporal y órganos y funciones de toda la diversidad de vida compleja que aparece en estos estratos.
Imagen: Arthur Weasley

Science Daily anunciaba una «Novedosa teoría de la evolución para la Explosión de la Vida». El artículo reconocía que «La Explosión Cámbrica se considera ampliamente como uno de los episodios más relevantes en la historia de la vida en la Tierra, cuando la inmensa mayoría de los tipos de animales aparecen por primera vez en el registro fósil». El artículo también reconocía que constituía un cierto problema: «Sin embargo, las causas de su origen han sido tema de debate durante décadas, y la cuestión de lo que disparó que los microorganismos unicelulares se reuniesen y organizasen para formar organismos multicelulares ha permanecido sin respuestas hasta ahora». Excitados y sentados al borde mismo de nuestros sillones después de haber leído hasta aquí, vamos siguiendo atentamente el artículo buscando la solución. Un equipo internacional exploró esta cuestión. Es el calcio, dicen con la mayor desenvoltura:

Los investigadores han conseguido demostrar que el masivo y repentino incremento en la concentración del calcio del agua marina del Cámbrico —que se cree que fue resultado de la actividad volcánica en las dorsales oceánicas— no sólo inició la acumulación de las conchas calcificadas, sino que fue imprescindible para la agregación y estabilización de estructuras de esponjas multicelulares. Esto, por otra parte, permite formular una novedosa teoría en la que el incremento geológicamente inducido del calcio marino podría ser la clave para comprender la Explosión de la Vida en el Cámbrico.

Este artículo es el primer trabajo de investigación en el que estudios de espectroscopía de fuerza de molécula única han proporcionado respuestas llenas de sentido a una cuestión tan profunda de la biología evolutiva como el origen de los animales multicelulares, y pudieran representar un hito para ambas disciplinas y un ejemplo de cómo el enfoque multidisciplinar y la colaboración son componentes esenciales de la excelente ciencia contemporánea.

Por otra parte, PhysOrg pensaba en otro elemento para explicar los «grandes saltos de crecimiento» en la historia evolutiva de la vida. Tenían dos de estos saltos en mente: el origen de las eucariotas, y la explosión Cámbrica. «Los científicos dicen que el principal impulsor de cada paso de crecimiento fue un incremento masivo en el suministro de oxígeno, que es necesario para convertir el alimento a la energía adicional necesaria para las formas de vida más complejas y de mayor tamaño». Pero si damos alimento a un atleta, ¿acaso aumenta su complejidad? ¿Cómo resuelve esto el problema? El artículo presentaba las opiniones de David Johnston de Harvard. Ciertamente, él cree que el tamaño importa, y escribió un libro llamado Why Size Matters [Por qué importa el tamaño]. «Es el determinante supremo y universal de lo que cualquier organismo puede ser y puede hacer». Una vez más, no queda claro por qué el tamaño por sí mismo habría de crear complejidad.

Entonces, si las primeras eucariotas comenzaron a bombear oxígeno a la atmósfera hace 2,35 mil millones de años, ¿por qué se necesitó tanto tiempo para el salto de crecimiento del Cámbrico? «Alimentadas por más oxígeno, las eucariotas hicieron otro salto enormemente significativo: Comenzaron a combinarse formando organismos de mayor tamaño que contenían múltiples células, órganos y tejidos.» Esta idea debería ser susceptible de prueba. Se debería examinar a personas en tiendas de oxígeno para ver si emergen nuevas células, órganos y tejidos.

Johnston también pasa por alto el origen de las instrucciones genéticas para construir nuevos órganos, tejidos y planes corporales. ¿Podría ser algo tan simple como «sencillamente añadir oxígeno»?

Al principio, estos antiguos animales tenían cuerpos blandos, como los modernos cefalópodos. Pero hace alrededor de 542 millones de años, algunos animales desarrollaron conchas y esqueletos y adquirieron mayor tamaño.

Ésta fue la famosa «Explosión Cámbrica» de las formas complejas de vida, que llevó a las actuales especies, las mayores de ellas otro millón de veces más grandes que sus antecesores unicelulares.

Los peces, reptiles, aves, anfibios, plantas, mamíferos y seres humanos estaban finalmente de camino, y el ser vivo más grande de la tierra, el árbol sequoia, es 10 billones de veces más grande que el primer diminuto microbio en el mar.

Nuestra cuestión acerca de por qué con tanto oxígeno los animales esperaron casi 2 mil millones de años para estallar repentinamente con 20 a 40 nuevos planes corporales complejos en un instante geológico, sin antecesores, aparentemente no se incluye en esta edición de la narrativa.

Si ellos creen que con esto se resuelve el problema del origen de la información genética para la construcción de nuevos planes corporales complejos, es algo novedoso, pero es una novedad dentro del campo de la ciencia ficción. Hablando claro, ¿dónde se ha visto tanta verborrea vacía presentada como una respuesta? El lector que haya visto el documental Darwin’s Dilemma (en inglés) comprenderá la magnitud del problema (por otra parte, invitamos al lector a seguir los artículos en este blog bajo las etiquetas Explosión Cámbrica y Big Bang biológico). En un momento memorable del documental acabado de mencionar, Richard Sternberg, acababa de considerar la complejidad del desarrollo de un plan corporal con sus nuevos genes, proteínas, tipos celulares, tejidos y órganos. «Esto es de una complejidad superior en muchos órdenes de magnitud que cualquier cosa que podamos haber concebido nunca», dijo, señalando atrás encima del hombro. «La idea de “imposible por azar” ya queda rebasada muy atrás.» Pero a semejanza de un actor con un papel doble de payaso y mago circense, Johnston hace que el elefante en la estancia desaparezca por pura magia. Las eucariotas desarrollaron [una palabra que esconde un milagro] esqueletos y planes corporales. Esto llevó [otra palabra que esconde un milagro] a los complejos animales del Cámbrico. A partir de esto, finalmente se pusieron de camino a su aparición los seres humanos [una frase que esconde otro milagro]. Y mientras el lector no lo estaba pensando con atención, este juego de manos produjo un zoológico en la arena del circo. Los espectadores lo contemplan maravillados. Y la pócima mágica para este prodigio fue ... ¡el oxígeno!

El otro equipo abuchea desde las gradas. ¡No, no!, gritan. ¡Fue el calcio! Bajan a la arena discuten con el director de escena. Después de una animada discusión, llegan a un acuerdo. Combinan el calcio con el oxígeno y consiguen CaO2. Todos se sienten felices hasta que se dan cuenta de que el peróxido cálcico se usa para esterilizar el agua.

Este circo evolucionista puede parecer divertido, pero puede distraer al público apartándolo de la realidad. Y, desde luego, este circo no es El Mayor Espectáculo del Mundo.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Cambrian Explosion Solved: Elementary, My Dear Darwin 28/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org

De cómo el pulpo construyó su propio cerebro para poder pescar mejor

25 octubre 2009 — El pulpo se alegró de ver como surgían los peces por evolución, pero encontró que necesitaba un cerebro de mayor tamaño para poder atraparlos, de modo que desarrolló evolutivamente uno de los cerebros más complejos del reino animal. ¿Es esta es la sustancia del reportaje que aparece en el blog Origins* de la revista Science? Greg Miller escribe allí, al estilo de un cuento para niños:

Los cefalópodos —pulpos, calamares y sus parientes— dominaban los mares en la era Cámbrica, hace unos 500 millones de años. Pero su mundo cambió en gran manera con la Explosión Cámbrica, una rápida diversificación de la vida en la Tierra que incluyó el origen de los peces. Repentinamente, los cefalópodos se encontraron con nuevas oportunidades —¡unos deliciosos peces!— y con sus primeros competidores serios y potenciales predadores. Tuvieron que hacerse listos a toda prisa.


Pulpo en un arrecife de coral, golfo de Eilat. ¿Surgió el complejo cerebro del pulpo por sí mismo con todo sus sistemas de circuitos y de captación y procesado de datos? ¿O es la plasmación de un plan y expresión de la sabiduría del Verbo Creador? Toda casa es hecha por alguien, pero quien hizo todas las cosas es Dios.
Imagen: NOAA

Por esto no es sorprendente que los cefalópodos modernos tengan los cerebros más complejos entre todos los invertebrados. Un cerebro de pulpo (abajo, derecha) tiene de 50 a 75 lóbulos y al menos tantas neuronas (alrededor de 100 millones) como el cerebro de un ratón. ... Y esto sin contar los «cerebros» más pequeños en cada brazo y los «cerebros» aun más pequeños (técnicamente, ganglios) asociados con cada ventosa.

Todo este sistema de circuitos neurales da a los pulpos un control exquisito sobre sus cuerpos, incluyendo algunos ingeniosos trucos para evadir a los predadores, e incluso ha suscitado especulaciones acerca de la conciencia del cefalópodo.

Aunque el cerebro del pulpo rivaliza en tamaño y complejidad con muchos cerebros de vertebrados, su arquitectura difiere de forma espectacular. «Aparte de que los marcianos se presenten y se ofrezcan a la ciencia, los cefalópodos son el único ejemplo fuera de los vertebrados acerca de cómo construir un cerebro complejo e inteligente», dice el neurocientífico Cliff Ragsdale de la Universidad de Chicago en Illinois. Por esta razón, dice Ragsdale, estos seres tienen mucho que enseñarnos acerca de la evolución del cerebro.

Entre los ingeniosos trucos que exhiben los pulpos está el del camuflaje instantáneo. Tal como aparece en el vídeo God of Wonders [El Dios de las maravillas] (véase referencia en inglés, Recurso de la Semana), un pulpo puede nadar hasta una roca y confundirse con sus colores en un intervalo de milisegundos (06/06/2007). Esto implica la coordinación entre el ojo, el cerebro, y cada uno de los puntos de la superficie de su piel. Algunos pulpos pueden remedar casi cualquier otro ser marino (30/08/2001, 24/03/2005, punto 2, y 20/04/2006, punto 1). Los diseñadores de robots estudian los pulpos para comprender cómo pueden prevenir enredar sus tentáculos en nudos (27/11/2001) y como consiguen un control preciso punto por punto (09/02/2005).

*«Origins» es un blog publicado por la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia con el fin de celebrar el bicentenario de Charles Darwin.

Todo lo que tenemos que hacer es pasar el micrófono a los darwinistas, y empezarán a hilvanar cuentos evolucionistas sin ningún fundamento más que su fantasía. En esta afirmación tenemos otro ejemplo de apelación a un milagro materialista, sin causa y contrario a toda lógica.

Para aceptar esta historia de milagrería materialista, uno tiene primero que creer que surgieron repentinamente a la existencia unos pulpos sin cerebros, o con cerebros rudimentarios, en los mares del Cámbrico, y ello sin antecesores (véase Fósiles asombrosos — ¿respaldan a Darwin?, y el lector que conozca inglés puede ver el documental Darwin’s Dilemma). Luego los peces aparecieron en un súbito estallido también sin antecesores (véase Descubrimiento de 500 peces en el Cámbrico Inferior), y el pulpo se dio cuenta, aunque no tenía un cerebro complejo, que los peces eran un alimento apetecible. De modo que se dijo: «¡Mmm! Los peces son sabrosos, pero necesito un cerebro complejo para atraparlos. ¡Camarero! ¡Un cerebro complejo, bien hecho, doble!» Luego pensó para sus adentros (aunque todavía sin un buen cerebro), y se dijo: «Un momento; no hay quien lo vaya a hacer. ¡Me lo tendré que guisar yo solito! Ahora bien, ¿dónde puedo hacer un pedido de algunos circuitos neurales ...?»

Este tipo de cuentos son divertidos. No hacen más que suscitar la risa. Sería interesante publicar un libro de tiras cómicas con las mejores fantasías darwinistas de la última década.

Pero, recordemos, estos cuentos los están publicando revistas científicas líderes. Esto es lo que los hace verdaderamente extravagantes.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - How the Octopus Built Its Own Brain for Better Fishing 25/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org

lunes 9 de noviembre de 2009

La historia detrás del pequeño y cálido estanque de Darwin

Más tarde o más temprano, los estudiosos de la abiogénesis descubren la carta de 1871 de Charles Darwin a Joseph Hooker, con sus especulaciones acerca de la generación espontánea de la vida. Le estaba devolviendo unos opúsculos a los que respondía así: «Siempre me alegra ver una palabra en favor de la Pangénesis, que algún día, creo yo, revivirá». El siguiente párrafo contiene su «gran pero» soñado:

«Se dice a menudo que todas las condiciones que pudieran haber nunca estado presentes para la primera producción de un organismo viviente están presentes en la actualidad. Pero si (y, ¡oh, qué gran pero si) pudiéramos concebir en algún pequeño estanque cálido con toda clase de sales amónicas y fosfóricas, —con luz, calor, electricidad, etc., presentes, que se formó químicamente un compuesto de proteína, listo para experimentar cambios todavía más complejos, en nuestro tiempo presente esta materia sería instantáneamente devorada o absorbida, lo que no hubiera sido el caso antes de la formación de seres vivos.»


¡Que aproveche, Mr. Darwin! (Fuente aquí)


Cuando estos comentarios se adjuntan a otros que Darwin hizo sobre este tema, queda claro que su posición pública era de cautela. La ciencia de su época era incapaz de decir nada positivo acerca de la generación espontánea. Darwin sentía el poder de los experimentos de Pasteur que pusieron punto y final a las previas especulaciones acerca de que la vida hubiera surgido de la materia inerte. Los autores de un artículo que explora el pensamiento de Darwin recapitulan el «gran pero» de esta manera:

«En ausencia de cualquier prueba corroborante real, es imposible suponer lo que Darwin pensaba acerca de la naturaleza de los primeros seres vivos. En cualquier caso, las observaciones de Darwin no deberían leerse para implicar que estaba pensando en términos de química prebiótica, sino más bien que reconocía que el vacío químico que separa a los organismos vivos de la materia inerte no era insalvable.»

Algo que también se debe considerar es la referencia a un «Creador» en la última frase de todas las ediciones de su obra fundamental excepto la primera:

«Hay una grandeza en esta perspectiva acerca de la vida, con sus diversas potencialidades, que fue originalmente insuflada por el Creador en unas pocas formas o en una; y que, mientras este planeta ha ido recorriendo sus ciclos según las leyes fijas de la gravedad, a partir de un principio tan simple, formas sin fin de la mayor belleza y de lo más maravillosas han evolucionado y siguen evolucionando.» (Fuente de la página 490 aquí)

¿Significa esto que Darwin era un Deísta, que invocaba al Creador para explicar las primeras células que pudieran considerarse como vivientes? ¿Qué es este «insuflar» al que se refiere? ¿Es un vínculo con el relato bíblico de los orígenes? ¿Por qué estuvo el «Creador» ausente de la Primera Edición, pero presente después? Los autores llaman la atención a la explicación del mismo Darwin, contenida en una carta de 1863 a Hooker, y poco después en otra al Athenaeum, basada en la profunda ignorancia científica de cualquier ruta por la que la vida pudiera haber emergido de la materia inerte:

«[A Hooker] Pero he lamentado por mucho tiempo haberme sometido servilmente a la opinión pública y haber usado el término de la creación al estilo del Pentateuco, siendo que realmente quería decir “apareció” por algún proceso totalmente desconocido. — Es un mero disparate pensar, por el presente, en el origen de la vida; igual se podría querer abordar el origen de la materia.»
[Al Athenaeum] «Ahora bien, ¿hay acaso un dato, o una sombra de un dato, que respalde la creencia de que estos elementos, sin la presencia de ningunos compuestos orgánicos, y actuados sólo por fuerzas conocidas, pudieran producir un ser vivo? Por ahora este es un resultado que para nosotros es absolutamente inconcebible. Su crítico escarnece con justicia mi uso de “términos al estilo del Pentateuco”, “de una forma primordial en la que la vida fue originalmente insuflada”: en una obra puramente científica quizá no debiera haber usado tales términos; pero sirven bien para confesar que nuestra es tan profunda acerca del origen de la vida como acerca del origen de la energía o de la materia.»

A la luz de estos comentarios, es curioso que Darwin no abandonase la palabra «Creador» en sus posteriores ediciones. Sea cual fuese su pesar que expresaba en 1863, no era lo suficientemente profundo para llevarle a eliminar esta palabra a su juicio nada juiciosa. Los autores observan la uniformidad en el punto de vista de Darwin de que la ciencia no proporcionaba ningún indicio acerca de una generación espontánea. Es evidente por sus comentarios enviados a Haeckel, por el relato apócrifo del encuentro de Darwin con fósiles en un meteorito, y por diversos otros comentarios que realizó en sus cartas, que Darwin guardaba silencio en público porque no podía encontrar un fundamento en la ciencia para hacer ningunas declaraciones en sentido positivo.

«Por lo que a mi respecta no puedo creer en la generación espontánea y aunque espero que en algún tiempo futuro se hará inteligible el principio de la vida, por ahora me parece fuera de los confines de la ciencia.» (Carta 5282, 1866)
«No he encontrado prueba que parezca mínimamente confiable, en favor de la llamada generación espontánea. Creo que he dicho en algún lugar (pero no puedo encontrar el pasaje) que el principio de continuidad hace probable que se descubra más adelante que el principio de la vida es una parte, o consecuencia de alguna ley general; pero esto es sólo conjetura, y no ciencia.» (Carta a Wallich, 1882)

Dicho esto, los autores también se esfuerzan en señalar que Darwin estaba uniformemente predispuesto a que el origen de la vida había sido un fenómeno enteramente natural. «Aunque él insistía una y otra vez que no había indicios de cómo pudieron aparecer los primeros organismos, estaba firmemente convencido de que se había tratado del resultado de un proceso natural que tenía que abordarse desde un marco secular.»

«La íntima relación de la Vida con las leyes de las combinaciones químicas, y la universidad de lo último hacen que la generación espontánea no sea improbable.» (2º cuaderno de notas, 1837)
«Aunque en mi opinión no se ha presentado todavía ninguna prueba que valga nada en favor del desarrollo de un ser vivo a partir de materia inorgánica, sin embargo no puedo evitar creer en la posibilidad de que esto quede algún día demostrado en conformidad con la ley de la continuidad. [...] Si jamás se descubre que la vida puede originarse en este mundo, los fenómenos vitales quedarán bajo alguna ley general de la naturaleza.»
(Carta 13711, 1882)

El «marco secular» de Darwin resultó de su adopción del materialismo filosófico. Darwin era un hijo del racionalismo de la Ilustración, junto con Lyell, Huxley y Hooker. Sabía que algunos otros querían enmarcar sus ideas en un marco teísta o deísta, pero Darwin siempre se resistió a tal cosa. Su explicación del uso de la palabra «Creador» («me sometí servilmente a la opinión pública») sencillamente refuerza la conclusión de que la ciencia de Darwin estaba totalmente secularizada. Por esto, sorprende leer este comentario de los autores acerca de aquellos que malinterpretan a Darwin:

«Lo cierto es que un examen cuidadoso y una lectura crítica de sus escritos públicos y privados exponen que lo que parece ser opiniones contradictorias acerca del problema de la emergencia de la vida son resultado de textos leídos fuera de contexto, a veces maliciosamente, como se hace evidente en algunas publicaciones de grupos creacionistas y de proponentes del llamado “diseño inteligente”.»

Es extraordinario con cuánta frecuencia aparecen comentarios de este estilo en trabajos académicos, casi siempre sin el respaldo de referencias ni de citas. En esta ocasión, como suele ser el caso, esta acusación es errónea y está totalmente fuera de lugar. En líneas generales, los eruditos creacionistas y del movimiento del diseño inteligente tienen exactamente la misma comprensión del marco secular de Darwin que la de los autores de este artículo. En lo que difieren es en que piensan que este marco secular está profundamente equivocado y que es un fundamento inapropiado para la ciencia. Aquí tenemos un ejemplo de un proponente del Diseño Inteligente que da la misma interpretación de estos temas que los autores que estamos reseñando:

«Tampoco deberíamos dejarnos extraviar por un señuelo que Darwin adjuntó a posteriores ediciones de su Origen de las Especies. La primera edición acababa con esta célebre floritura: «Hay una grandeza en esta perspectiva acerca de la vida, con sus diversas potencialidades, que fue originalmente insuflada en unas pocas formas o en una [...]». Para acomodar susceptibilidades heridas, las ediciones posteriores decían: «Hay una grandeza en esta perspectiva acerca de la vida, con sus diversas potencialidades, que fue originalmente insuflada por el Creador en unas pocas formas o en una [...].» Y todavía en la actualidad los hay que se dejan engañar por este brindis al sol. Pero, ¿qué dijo Darwin mismo acerca de esta pequeña adición? “Pero he lamentado por mucho tiempo haberme sometido servilmente a la opinión pública y haber usado el término de la creación al estilo del Pentateuco, siendo que realmente quería decir ‘apareció’ por algún proceso totalmente desconocido”.» (Wiker, B. 2009)

Los que deberían ser acusados de tomar a Darwin fuera de contexto son los Evolucionistas Teístas, que no quieren reconocer la realidad del materialismo filosófico y dogmático de Darwin. Generalmente se refieren de forma elogiosa a la referencia de Darwin a un Creador y tratan de sugerir que el Darwinismo se puede armonizar con el teísmo. Como ejemplos se puede señalar a Richard Aulie, Darwin and spontaneous generation, Journal of the American Scientific Affiliation, 22, 1970, 31-33 (¡citado por los autores!), William Phipps, Darwin, the Scientific Creationist, Christian Century, 1983, 809-811, Denis Alexander, Creation or Evolution – do we have to choose? Monarch Books 2008, y Nick Spencer, Darwin and God, SPCK 2009. Estos dos últimos nombres están asociados con el proyecto «Rescuing Darwin [Rescatando a Darwin]», financiado por la Fundación Templeton, que trata de encontrar una armonización entre el Darwinismo y el proceso creativo de Dios. Para un comentario cristiano acerca de este proyecto, pulsar aquí.

Como pensamiento para concluir, Darwin tuvo la suficiente honradez intelectual para ver la diferencia entre su materialismo filosófico (que exigía alguna forma de generación espontánea) y la ciencia empírica (que no daba ningún respaldo a la misma). Lo que querría yo preguntar es: ¿Cuándo deviene razonable usar los descubrimientos de la investigación en abiogénesis como pruebas contra la generación espontánea? Actualmente, tenemos un gran cuerpo de datos, ¡y estos datos nos están hablando y fuerte! Algunos de nosotros hemos llegado a la conclusión de que el paradigma materialista no puede triunfar, porque se encuentra ante la realidad fundamental de la información biológica. Esta pregunta (¿Cuándo deviene razonable?) nunca la hacen los materialistas filosóficos, porque no pueden tomar en consideración que la causalidad pueda ser inteligente.

Charles Darwin and the Origin of Life
Juli Pereto, Jeffrey L. Bada y Antonio Lazcano
Origins of Life and Evolution of Biospheres, 39(5), October, 2009, 395-406 | doi 10.1007/s11084-009-9172-7

Resumen: Cuando Charles Darwin publicó El Origen de las Especies hace 150 años, evitó conscientemente tratar acerca del origen de la vida. Sin embargo, el análisis de algunos otros textos escritos por Darwin, y de la correspondencia que intercambió con amigos y colegas demuestra que daba por supuesta la posibilidad de una emergencia natural de las primeras formas de vida. Como resulta de las notas de las páginas que recortó de sus cuadernos privados de notas, ya en fecha tan temprana como 1837 Darwin estaba convencido de que «La íntima relación de la Vida con las leyes de las combinaciones químicas, y la universidad de lo último hacen que la generación espontánea no sea improbable». Al igual que muchos de sus coetáneos, Darwin rechazaba la idea de que la putrefacción de compuestos orgánicos preexistentes pudiera llevar a la aparición de organismos. Aunque favorecía la posibilidad de que la vida pudiera aparecer por procesos naturales a partir de compuestos inorgánicos simples, su renuencia a tratar esta cuestión resultaba de su reconocimiento de que por aquel tiempo [no] era posible emprender el estudio experimental acerca de la emergencia de la vida.

Véase también:

Dawkins, R. There is Grandeur in this View of Life, The Edge (30 septiembre 2009)

Wiker, B., What were Darwin's Religious Views? Discovery Institute (1 mayo 2009)


Fuente: Access Research Network - The story behind Darwin's warm little pond 06/11/2009
Redacción: David Tyler © 2009 Access Research Network -
www.arn.org
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 -
www.sedin.org

domingo 25 de octubre de 2009

Trucos geniales de las células

20 octubre 2009 — Es un placer de vez en cuando explorar lo que los bioquímicos y biofísicos están descubriendo en las células. Como tenemos varios billones de células en nuestros cuerpos, parémonos a pensar acerca de algunos de los geniales trucos de las células que están ahora mismo dándose en nuestro interior.
  1. Aumentando la marcha del ribosoma: Science Daily informaba que «Los investigadores visualizan engranajes de línea de montaje en los ribosomas, la fábrica de proteínas de la célula». El engranaje ha sido un rasgo distintivo de la ingeniería desde los tiempos de los antiguos griegos. En este caso, el engranaje es el factor de elongación G, «una de las enzimas que empuja la línea de montaje para que avance». El artículo describe cómo esto funciona: «detalles de la nueva estructura revelan que EF-G interacciona estrechamente con componentes del ribosoma, lo que sugiere cómo hace avanzar la línea de montaje sin que se deslice fuera de su estructura. Además, prepara el camino para el estudio de las interacciones entre el ribosoma y otras proteínas similares a EF-G que ajustan en la misma ubicación».

El ribosoma, aquí presentado de una manera sumamente esquemática, es una máquina molecular de enorme complejidad en cuyo seno se realiza la producción de cadenas proteínicas siguiendo los códigos especificados por el ARNm procedente de los códigos de ADN en el núcleo de la célula y en otras ubicaciones secundarias (véase texto).
Crédito imagen: National Science Foundation

  1. Células Fénix: Science Daily comunicaba que científicos en la Universidad de Michigan se sienten confundidos ante el descubrimiento de cómo algunas células pueden regenerarse tras sufrir daños. El pez cebra, por ejemplo, puede regenerar las neuronas visuales dañadas por una luz intensa. Las células regeneradas parecen proceder de las células gliales de Müller. Un investigador examinó 953 genes en una célula glial de Müller y encontró dos genes que se conmutan en el proceso. Estos genes se han encontrado en otros procesos regenerativos. «Esto sugiere», decía Pamela Raymond, «que, aunque todavía no lo comprendemos del todo, pudiera haber un programa molecular más extenso, implicando no sólo estos dos genes, sino una cantidad de genes cooperantes que se necesitan para la regeneración activada por un daño». Algunos animales inferiores son mejores en esto que los humanos. Cortemos la pata de un tritón, o la aleta de un pez cebra, y volverá a crecer. Imaginemos si pudiésemos hacer esto para personas que han sufrido alguna amputación.
  2. Una célula dura de pelar: La humilde bacteria Deinococcus radiodurans puede resistir unos niveles de radiación que matan a otros organismos. PhysOrg informaba acerca de investigaciones en marcha en Cornell que desvelan que dichas células usan óxido nítrico (NO) como señal. De alguna manera desempeña un papel clave en activar la recuperación después de la exposición a la luz UV. La célula se repara a sí misma, pero no se reproduce si se la priva de su gen NO. Otra sorpresa es que el NO afecta a la recuperación de daños producidos por la luz UV, pero no de otros estresantes, «incluyendo exposición a daños por oxidación que den origen a radicales libres tóxicos». Está claro que hay todavía mucho que aprender de este robusto superviviente. Para detalles, se puede consultar el artículo en PNAS.1
  3. La diferenciación de células madre: Como sabemos, las células madre pueden desarrollarse para formar cualquier tipo de célula en un organismo. Entonces, ¿por qué quedan atrás algunas células madre? Cuando se dividen, una tiene que realizar la tarea, y la otra tiene que mantenerse atrás para mantener intacto el fondo de células madre. Nature comunicaba que «Diferencias en la edad de un orgánulo —el centríolo— heredadas en la división celular pueden determinar estas diferentes suertes».2 Esto va está también vinculado en el cilio primario como orgánulo clave: «Esta revelación es particularmente apasionante porque ha coincidido con el reconocimiento de que el cilio primario es un centro señalizador clave en los organismos vertebrados, lo que lo sitúa, así como al centrosoma, en lo más fundamental de importantes procesos de regulación». Todavía se está explorando cómo todas estas cosas cooperan, pero parece que el centríolo «más viejo» mantiene su tarea de célula madre, mientras que el más joven pasa a la célula diferenciada.
  4. Regulación de la ATP sintasa: Los motores giratorios nanoscópicos (10/08/2004) que mantienen tus células en marcha (25/08/2004) tienen un problema durante la división celular. ¿Cómo mantienen de manera continuada su actividad (30/01/2005) mientras reproducen todas sus piezas? Rak y Tzagaloff, en la Universidad de Columbia, trataron de elucidar este punto y publicaron sus resultados en PNAS.3 Comenzaron apuntando a otro problema: algunos de los genes se encuentran en la mitocondria, no sólo en el núcleo. ¿Qué es lo que controla cuáles son los genes que se expresan? ¿Cómo señala el núcleo al orgánulo cuando producir más productos proteínicos?

La preservación de las mitocondrias y cloroplastos funcionales durante el crecimiento y división de la célula depende de un gran fondo de información genética que reside en el núcleo y de un juego más limitado de genes presente en los genomas de los orgánulos mismos. Las proteínas codificadas por los genomas de los cloroplastos y de las mitocondrias interaccionan con proteínas asociadas derivadas de genes nucleares para formar complejos hetero-oligoméricos que funcionan, respectivamente, en la fotosíntesis y en la fosforilación oxidativa. Esta circunstancia ha precisado de la evolución de mecanismos para asegurar una producción equilibrada de los dos conjuntos de genes espacialmente separados.

Desafortunadamente, con estas últimas palabras, los autores se ganan el premio a la declaración más absurda del mes, pero ésta es la única mención que hacen de evolución en todo su artículo. Luego pasan a hablar acerca del complejo montaje de la ATP sintasa con componentes procedentes tanto de los genes nucleares como mitocondriales. Un hallazgo es que las dos partes del motor giratorio se construyen por separado y luego se procede a su montaje. Tres enzimas chaperonas codificadas por el genoma mitocondrial, Atp6p, Atp8p y Atp9p, parecen ser cruciales para el montaje, pero la cadencia de las secuencia del montaje es absolutamente vital: «La interacción de la Atp6p con el anillo de Atp9p es probablemente un suceso tardío de montaje por cuanto el complejo resultante puede causar una fuga protónica no regulada que llevaría a la disipación del potencial de la membrana de la mitocondria. Por ello, se ha inferido que la incorporación de Atp6p en el complejo ocurren en una etapa en la que los elementos estructurales necesarios para acoplar la transferencia protónica a la síntesis o hidrólisis de la ATP están ya en su sitio». Luego proceden a exponer cómo estos tres factores entran en acción sólo después del montaje del motor —y que el motor mismo regula la traducción de las enzimas necesarias para hacerlo entrar en acción.

  1. Reciclaje de basura: Las células tienen un compactador llamado una proteasa. Funciona con el ATP producido por la máquina que se acaba de describir en el apartado anterior, la ATP sintasa. Gur y Sauer la describían en PNAS:4 «Las AAA+ proteasas son máquinas alimentadas con ATP que ligan sustratos proteínicos por vía de una etiqueta de degradación, despliegan la molécula si es necesario, y luego traslocan el polipéptido introduciéndolo en una cámara para su proteólisis» (proteólisis significa la descomposición de la proteína a sus aminoácidos constituyentes, de modo que se puedan reciclar). Esto es algo parecido a un grupo de recogida de basuras. La proteína tiene que estar apropiadamente etiquetada. Luego es recogida e introducida en una cámara donde se procede a su descomposición. Este artículo desvela que la etiqueta no es un mero marcador pasivo; en algunos casos ayuda a regular la actividad del proteasoma. Diferentes etiquetas pueden afectar la actividad del reciclador por un factor de 10 o más. «Estos mecanismos alostéricos permiten a Lon [la etiqueta objeto de estudio] operar en bien un modo rápido o en un modo lento de proteólisis, según necesidades fisiológicas específicas, y pueden ayudar a potenciar la degradación de proteínas mal plegadas después de una desnaturalización inducida por estrés.»
  2. Compactador de basuras: ¿Cómo consigue la célula meter la basura en el cubo? Esto conlleva un trabajo físico. Otro equipo en la Universidad de Washington investigó el motor de AAA+ proteasa y descubrió que usa un mecanismo de paletas. Escribiendo en PNAS,5 Koga et al comenzaban así: «Unos motores moleculares hexaméricos de forma anular AAA+ tienen una función clave de realizar una traslocación activa de una cadena macromolecular a través del poro central». Introducir una cadena a través de un poro parece cosa difícil. La célula lo consigue agarrando cada eslabón y empujándolo hacia abajo. Un aminoácido concreto (la tirosina #91) efectúa un movimiento de paleta — «Esta traslocación unidireccional se atribuye a movimientos de paleta de las Tyr-91s entre sus formas abierta y cerrada: los movimientos hacia abajo de Tyr-21s con acciones de agarre del sustrato y movimientos ascendentes con deslizamientos en el mismo», decían. «Los movimientos de paleta estaban causados por la diferencia entre las escalas de tiempo características del cambio de radio del poro y los desplazamientos arriba y abajo de las Tyr-91s.» Al ir oscilando el poro entre los estados abierto y cerrado usando ATP, las Tyr-91s hacen entrar la cadena en el interior como un trinquete.

Al poner fin a esta lista, debemos observar otro artículo de Science Daily. Anunciaba lo siguiente: «No existe el “ARN basura”, dicen los investigadores». Hemos visto desmontar el concepto del ADN basura, pero ahora también se derrumba este mismo concepto en lo que hace al ARN. «Diminutas cadenas de ARN que anteriormente se habían descartado como basura celular son en realidad moléculas muy estables que pueden desempeñar funciones significativas en procesos celulares, según investigadores en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh y del Instituto de Cáncer de la Universidad de Pittsburgh (UPCI).» Como las pequeñas moléculas designadas como usARNs que estudiaban eran estables y presentes de forma universal, uno de los investigadores se animó y dijo: «Estos resultados sugieren que los usARNs están involucrados en procesos biológicos, y que deberíamos ahondar en su investigación».


1. Patel et al, «Endogenous nitric oxide regulates the recovery of the radiation-resistant bacterium Deinococcus radiodurans from exposure to UV light», Proceedings of the National Academy of Sciences, 19 de octubre de 2009, doi: 10.1073/pnas.0907262106.

2. Tim Stearns, «Stem cells: A fateful age gap», Nature 461, 891-892 (15 de octubre de 2009) | doi:10.1038/461891a.

3. Rak y Tzagaloff, «F1-dependent translation of mitochondrially encoded Atp6p and Atp8p subunits of yeast ATP synthase», Proceedings of the National Academy of Sciences, 19 de octubre de 19, 2009, doi: 10.1073/pnas.0910351106.

4. Gur and Sauer, «Degrons in protein substrates program the speed and operating efficiency of the AAA+ Lon proteolytic machine», Proceedings of the National Academy of Sciences, 19 de octubre de 2009, doi: 10.1073/pnas.0910392106.

5. Koga, Kameda, Okazaki y Takada, «Paddling mechanism for the substrate translocation by AAA+ motor revealed by multiscale molecular simulations», Proceedings of the National Academy of Sciences, 14 de octubre de 2009, doi: 10.1073/pnas.0904756106.

¿No es fantástico, todo esto? Así es como debería funcionar la ciencia. Investigaciones cuidadosas y detalladas, recurriendo a datos colectivos recogidos en experimentos por todo el mundo, y desentrañando, de día en día, los detalles del mundo de las máquinas moleculares con un enfoque más nítido. Estos descubrimientos son tan útiles como fascinantes. Cuanto más aprendemos, más maneras encontramos de mejorar nuestras vidas.

La mayoría de estos artículos ni mencionan la evolución. Los infrecuentes usos de la palabra «E» (como el que aparece en el apartado 5 anterior) son breves e infundados; genuflexiones rápidas ante el altar del darwinismo mediante unas referencias de pasada que meramente dan por supuesto algún milagroso poder del azar y de la selección natural. La vaguedad de las referencias a la evolución están en acusadísimo contraste con las detalladas descripciones de las máquinas y de sus componentes. ¡Máquinas moleculares! Que esta frase entre bien en nuestras mentes. ¿Qué científico del siglo 18 o 19 hubiera podido imaginar siquiera tales maravillas cuando la realidad de las células estaba empezando a salir a la luz? La historia de la ciencia pudiera haber sido enteramente diferente si estas cosas se hubieran sabido en 1859. Nadie estaría celebrando el 200 aniversario del nacimiento de un narrador de historias con una gran imaginación. Dawkins sería desechado como un cuentista; Behe sería un héroe.

Es necesario difundir estos datos, y estas realidades. Toda la pasmosa complejidad de las máquinas moleculares, su coordinación precisa y premeditada, niegan todo azar, todo accidente; son expresión de la voluntad Creadora del Verbo de Dios. Sin embargo, vivimos en un mundo materialista tensionado entre unas realidades cada vez más evidentes de un designio, de un Plan Creador, y la terquedad de un ateísmo recalcitrante, fundamentado no en realidades, sino en el deseo de mantener una falsa autonomía humana frente al Dios revelado – Creador y Salvador.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Cool Cell Tricks 20/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris -
www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org

sábado 17 de octubre de 2009

Todo lo que sabes de la Selección Natural está equivocado

16 octubre 2009 — Se designa como «un nuevo marco teórico», pero socava el concepto popular de la selección natural. Se dice que es «una obra densa y profunda acerca de los fundamentos de la biología evolutiva», pero critica como simplistas y caducas las ideas de Richard Dawkins, uno de los más vociferantes proponentes de la selección natural como «el mayor espectáculo sobre la tierra». Produce un nuevo esquema acerca de cómo funciona la selección natural, pero suscita más preguntas que las que responde. ¿De qué se trata? De un nuevo libro del filósofo de la Universidad de Harvard Peter Godfrey-Smith, Darwinian Populations and Natural Selection [Poblaciones darwinianas y selección natural] (Oxford, 2009), que consigue una reseña mayormente positiva de Jay Odenbaugh en Science.1

La selección en la naturaleza — la preservación de los más aptos, incluso como concepto discutido y discutible, no comporta el origen de los más aptos. El origen de los planes corporales y de toda la especificación de la complejidad biológica no puede deberse a un proceso que como mucho sería selectivo de lo ya existente. Antes de seleccionar se deben tener las estructuras que se seleccionan. Por otra parte, la variación de lo ya existente, dentro de los límites de sus estructuras y potenciales, no explica el origen de la prodigiosa complejidad y diversidad biológica. Todo en el mundo de lo viviente y de todo su entorno manifiesta ser producto de un designio creador, coordinador, planificador. Con un plan que comporta una relación del hombre con su Creador, y que, con la realidad de la caída del hombre y de la entrada de la muerte, la destrucción moral y física que es su consecuencia, lleva a la plena revelación de Dios en juicio y salvación.


Odenbaugh pertenece al departamento de filosofía de Lewis and Clark College, Oregon. Preparémonos para echar por la borda los conceptos «clásicos» de aptitud, selección y éxito reproductivo. Ya podemos descargarnos de nuestras simplistas ideas de selección génica, de selección individual y de selección de grupos. Preparémonos a ver a Richard Dawkins degradado de su posición como portavoz destacado del moderno darwinismo. En su primer párrafo, Odenbaugh despeja el terreno para preparar la entrada de las ideas «frescas» de Godfrey-Smith:

Darwinian Populations and Natural Selection de Peter Godfrey-Smith es una obra densa y profunda acerca de los fundamentos de la biología evolutiva. Los biólogos evolutivos nos dicen que la evolución por selección natural ocurre cuando están presentes unos pocos ingredientes —específicamente, cuando hay variación con relación a un rasgo, estas variantes difieren en las cantidades de descendencia que producen, y esta variación es heredable hasta cierto grado. Desafortunadamente, como razona Godfrey-Smith, esta receta es demasiado simple, y versiones aun más complicadas como en enfoque replicador propuesto por Richard Dawkins adolecen de graves defectos. Esta «receta clásica», por ejemplo, pasa por alto el hecho de que en el caso de algunos organismos las cantidades de descendencia no necesariamente determinan el éxito reproductivo («aptitud»), mientras que los ritmos de crecimiento de la población, la estructura de las edades, o la variación en las cantidades esperadas de descendencia sí lo hacen. De modo parecido, la selección natural y los patrones hereditarios pueden «anularse» entre sí, sin dejar cambio evolutivo. El concepto de los replicadores de Dawkins —estas entidades que interaccionan con entidades parecidas y de las que se hacen copias— presupone que no puede haber reproducción sin replicación, lo que es falso cuando tenemos rasgos continuamente variantes evolucionando por selección natural. Así, nuestros modelos estándar para comprender lo que es la evolución por selección natural son sencillamente demasiado simples.

Si el lector ha sobrevivido a este devastador párrafo, se dará cuenta de que sería mejor que Godfrey-Smith sustituyese rápidamente todas estas simplistas nociones con algunas alternativas profundas y susceptibles de ensayo antes que los creacionistas se aprovechen de lo que acaba de admitir Odenbaugh. Desafortunadamente, Godfrey-Smith las sustituye con un esquema más etéreo que empírico. Él contempla tres parámetros, H (fiabilidad de la herencia), C (relación de los rasgos con la aptitud), y S (dependencia de las diferencias reproductivas de los rasgos intrínsecos). Luego los representa gráficamente en el «espacio de poblaciones». Odenbaugh intenta mostrar respeto a este esquema: «Luego Godfrey-Smith usa este marco espacial (junto con otros que tienen que ver con la reproducción) para comprender las controversias acerca de la naturaleza de la deriva genética aleatoria, de los niveles de selección, de las principales transiciones en evolución (como la aparición de organismos multicelulares), y la evolución cultural». Luego pone el reloj en marcha: «Consideremos qué luz arroja el marco de Godfrey-Smith sobre algunos de estos temas». Fijémonos en esto: se nos acaba de prometer luz acerca de la explosión cámbrica, acerca de las unidades de selección (genes, individuos, o grupos), y acerca de si la selección natural produjo la misma universidad (evolución cultural).

Odenbaugh profundiza en algunos ejemplos para ilustrar el nuevo marco (p. ej., un gemelo fulminado por un rayo no puede reproducirse, con independencia de si el otro gemelo es o no es menos apto). Explica la perspectiva de Godfrey-Smith de que la deriva neutral no es una «fuerza» o etiqueta para ocultar la ignorancia; «se trata más bien de dónde está uno en el espacio de las poblaciones darwinianas» (¿comprendido?) Por lo que hace a las unidades de selección, oímos más acerca de que Godfrey-Smith rechaza la selección de grupos que de ningún sustituto verosímil: «Por ejemplo, en casos en los que la selección ocurre en vecindarios, no hay grupos causalmente cohesivos sobre los que la selección pueda operar». Bien, entonces, ¿sobre qué opera la selección natural? Si Godfrey-Smith tiene una respuesta, Odenbaugh no nos la dice.

Veamos si el libro tiene una respuesta para la controversia sobre la procedencia de las grandes transformaciones e innovaciones (donde el caso clásico es la explosión cámbrica). «Con respecto a las transiciones evolutivas, observa él que a menudo la formación de nuevos individuos biológicos involucra el paso de poblaciones darwinianas marginales a paradigmáticas y las partes de dichas poblaciones (es decir, las entidades de nivel inferior) pasando de paradigmáticas a marginales —un proceso al que designa como “desdarwinización”.» El lector corriente podría tener que releer esta frase unas cuantas veces. ¿Está diciendo que los miembros de una población pasan, por alguna fuerza no explicada, a un nuevo paradigma? ¿Como de una esponja a un trilobite, o algo así? ¿Y que los otros pasan del paradigma a los márgenes? Es difícil ver como nada de este redactado explica el origen de la compleja información biológica para ojos, alas y planes corporales. ¿Y cuán apropiado es introducir un nuevo concepto como el de «desdarwinizar» precisamente ahora, cuando se está a punto de cumplir el 150 aniversario del libro de Darwin sobre selección natural, a la que E. O. Wilson califica como «la más grande idea que nadie haya tenido nunca»?

El siguiente párrafo involucra el debate acerca de las distinciones acerca de reproductores —si se pueden describir como colectivos, simples o «andamiajes» (esto es, partes de entidades reproductoras que se reproducen, como un gen en un mamífero que pare). Aquí es dónde Dawkins recibe otro manotazo:

Estas distinciones se emplean de manera habilidosa. Por ejemplo, y en contra de Richard Dawkins, muchos casos de selección génica lo son de reproducción en andamiaje de genes por células, y los modelos evolutivos representan en último término la selección de organismos por medio de sus propiedades genéticas. A menudo (aunque no siempre), cuando tratamos los genes como unidades evolutivas imbuimos la biología evolutiva con un marco «agencial» que involucra agentes, objetivos, estrategias y propósitos que pueden corromper los fundamentos de la biología evolutiva.

De modo que no debemos tener nada de esto. No se permite ninguna teleología. Los «genes egoístas» de Dawkins acaban de ser criticados como imbuidos del concepto de agencia o estrategia o propósito. Dawkins está corrompiendo los fundamentos de la biología evolutiva, según Odenbaugh y Godfrey-Smith. Sólo podemos imaginar su reacción ante tal acusación procedente de colegas evolucionistas.

Y ahora llega el último párrafo de la reseña bibliográfica. Será mejor que lleguen a tiempo para recoger el estropicio. Pues no; ahora el filósofo Odenbaugh se revuelve contra el filósofo Godfrey-Smith y le acusa de hipocresía y de ofuscación:

Darwinian Populations and Natural Selection también suscita dificultades. Godfrey-Smith y otros han mantenido que las nociones «funcionales» desempeñan una función en la biología evolutiva. Por ejemplo, sostienen que tiene sentido decir que el corazón en los seres humanos tiene la función de hacer circular la sangre. Sin embargo, dada la crítica que hace el autor contra el marco «agencial» y la teleología detrás del mismo, ¿es esta nueva obra compatible con lo antiguo? Además, aunque los marcos espaciales o los espacios de estados pueden ser sumamente útiles para comprender los procesos evolutivos, se puede preguntar si también enmascaran mucho que es importante. Su uso depende críticamente de qué dimensiones se incluyen (y de cuáles se omiten) y de si uno puede «evaluar» aquellas dimensiones de forma verosímil. A veces uno se pregunta si no se están omitiendo demasiadas cosas y uno siente preocupación porque las variables como la S no se pueden evaluar de ninguna manera objetiva.

Para no dejar mal sabor de boca, Odenbaugh encuentra algo para alabar: «Sin embargo, el libro de Godfrey-Smith nos fuerza de forma fructífera a pensar en nuevas formas acerca de la evolución y de la selección natural».


1. Jay Odenbaugh,“Evolution: A Fresh Theoretical Framework,” Science, 16 October 2009: Vol. 326. no. 5951, pp. 368 - 369, DOI: 10.1126/science.1176940.

Los lectores acaban de contemplar el derrumbamiento del darwinismo y de la selección natural. Porque, ¿qué queda después de este cortés ejercicio de demolición? Todo lo que te han enseñado sobre selección natural estaba equivocado. ¿Queda algún concepto en el que puedas apoyarte y decir: «Esto es la selección natural en acción»? No: ahora tienes que preocuparte acerca de si el reproductor era simple, colectivo o en andamiaje. Ahora tienes que preocuparte acerca de si la selección actúa sobre el gen, el individuo, el grupo o la población. Ahora es necesario dibujar gráficas carentes de significado de parámetros arbitrarios que pudieran omitir conceptos clave, sin saber cómo evaluarlos objetivamente. Necesitas poder hablar desde ambos lados de la boca: por una parte demonizar la teleología, y por la otra usar «nociones funcionales». Y en medio de todo ello necesitas seguir encubriendo el Gran Encubrimiento. Tienes que esconder el elefante en la sala, la «emergencia» de la complejidad especificada (como los planes corporales enteramente novedosos en la explosión cámbrica) bajo mantas de retórica como «poblaciones darwinianas marginales que pasan a paradigmáticas».

Esta breve reseña bibliográfica, por sí misma, destruye el fundamento para la gran fiesta de Darwin del próximo mes: el 150 aniversario de El Origen de las Especies. Naturalmente, la fiesta se hará. Los discursos exaltarán al Gran Hombre y su Mayor Espectáculo del Mundo, olvidando que sólo es un producto de una fantasía que sólo puede observarse mediante dibujos animados —en los que también se puede ver a un elefante volar. Tocarán las campanas y los participantes en la fiesta se gozarán en la idea que los liberó de toda relación con Dios y que los vació de todo sentido y significado. Se gozarán en sus vagones de lujo, olvidando que el motor no funciona y que el tren se precipita cuesta abajo hacia un desierto sumido en las tinieblas de la noche, del vacío existencial y de la abolición del hombre. En su ánimo hostil de dar muerte a Dios, lo que hace el hombre es cometer suicidio: suicidio intelectual, suicidio espiritual, suicidio anímico —suicidio integral. Proponemos al lector que en lugar de la fiesta de Darwin, con su celebración del materialismo ateo, acuda a la celebración del amor de Dios.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Everything You Know About Natural Selection Is Wrong 16/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org

jueves 15 de octubre de 2009

¿Tienen importancia los nombres? Los fósiles de la Sima de los Huesos arrojan confusión sobre la narrativa de la evolución humana

14 octubre 2009 — «Se hizo el silencio en la sala ...» Ian Tattersall acababa de dejar atónitos a los paleoantropólogos que se habían reunido en Gibraltar para una reunión sobre el origen del hombre. Este grupo estaba dándole vueltas a un tesoro de huesos de homininis descubiertos a mediados de la década de 1990 en Sima de los Huesos en Atapuerca, España. ¿Qué nombre debían recibir?

Cráneo número 5 de la Sima de los Huesos, tal como apareció en la campaña de 1992. Designado como Homo heidelbergensis, designación que se reveló recientemente como arbitraria, dada «por comodidad, por razones prácticas», según José Luis Arsuaga. Véase el cuerpo del artículo.
Crédito fotografía: José-Manuel Benito

El codescubridor, Juan Luis Arsuaga, los había asignado a Homo heidelbergensis porque las fechas preliminares los situaban en el rango de los 350.000 años. Pero ahora unas nuevas pruebas de datación con la serie del uranio realizadas por James Bischoff (U.S. Geological Survey) asignaban 530.000 años —una antigüedad igual o superior a la de los fósiles clásicos de H. Heidelbergensis en otros lugares de Europa, «unos fósiles a los que no se parecen mucho los cráneos de la Sima», según un informe acerca de la reunión por Michael Balter en Science.1 Aquí es donde el silencio en la sala reveló la realidad de que la clasificación de huesos en especies y antecesores es un proceso arbitrario realizado por humanos modernos, no dictado por los huesos mismos:

Tattersall concluye que tienen que haber existido dos o más linajes de homininis en paralelo en Europa durante varios cientos de miles de años antes que H. sapiens llegase de África. Una línea derivó a los Neandertales y puede haber incluido a los fósiles de La Sima; otro, correctamente llamado H. heidelbergensis, quedó extincto mientras que los Neandartales persistieron hasta al menos hace 30.000 años.

Tattersall dirigió entonces la mirada a Arsuaga, que estaba sentado en la audiencia esperando su turno para hablar a continuación: «Mi ruego fundamental lo dirijo a los colegas que han asignado los fósiles de la Sima de los Huesos a H. heidelbergensis. Es evidente que no son Neandertales, pero el hecho de que no sean Neandertales no los convierte en H. heidelbergensis. Necesitan otro nombre».

Se hizo el silencio en la sala mientras Tattersall se sentaba y Arsuaga se levantaba para hablar. Para sorpresa de casi todos, Arsuaga se mostró de acuerdo en que los cráneos de la Sima de los Huesos no se parecían en nada a los otros especímenes de H. heidelbergensis. Ni tampoco, dijo, los otros 13 cráneos que su equipo había excavado recientemente de allí. «Siempre hemos dicho que asignamos a los homininis de la Sima bajo el paraguas del H. heidelbergensis por comodidad, por razones prácticas», dijo Arsuaga ...

Sin embargo, Jean-Jacques Hublin (que no estaba presente) mantiene que los fósiles de la Sima de los Huesos contienen alguos rasgos neandertales. Su teoría es que los rasgos de los Neandertales se acumularon con el paso del tiempo (el modelo de la «acreción»). No ve ninguna necesidad de renombrar el grupo de la Sima. Balter dice que su solución es «descartar la designación específica de H. heidelbergensis y agrupar todos estos fósiles, incluyendo los de la Sima, como H. neanderthalensis». Esto desde luego haría de los Neandertales un grupo morfológicamente diverso que cubriría un largo período de tiempo. ¿Y qué pasaría con todos los libros de texto, y con todas las décadas de historias acerca del Hombre de Heidelberg?

Chris Stringer, «cuya investigación temprana llevó al reconocimiento del H. heidelbergensis como especie formal», tuvo una pequeña disputa con Bischoff en la reunión. Hay mucho en juego con la fecha de 530.000, argumentaba él: «sería evidente que existió una forma primitiva de Neandertal [en Europa] en paralelo con el H. heidelbergensis». Bischoff defendió esta fecha como una estimación «cauta». Los fósiles podrían ser incluso más antiguos, dijo, pero no más recientes.

Tattersall parecía reconocer que hay mucho en juego en los nombres que los científicos deciden asignar a estos grupos:

Pero Tattersall insiste en que los nombres importan, incluso si se precisa acuñar más para clasificar el registro fósil. «Las especies tienen una existencia independiente en la naturaleza», insiste él. «Son los actores fundamentales en la función evolutiva, y si no se conoce el reparto de actores, nunca se entenderá el argumento de la función».

De esta controversia salen más dificultades. Según la teoría estándar, los humanos modernos emergieron de África hace 50.000 años y desplazaron a los anteriores homininis que vivían allí. Pero hay complicaciones. En la región del Levante (Israel-Líbano) «parece que los modernos humanos vivieron junto con Neandertales entre alrededor de hace 130.000 a 75.000 años, formando parte de lo que algunos científicos han llamado una “dispersión fallida”.» La narrativa puede quizá tolerar una excepción. «Pero en años recientes algunos investigadores han visto pruebas de dispersiones anteriores, especialmente hacia Asia meridional». Estos fabricantes de herramientas han sido designados como Homo sapiens. «Pero no todo el mundo estaba dispuesto a apuntarse al bando de los partidarios de la dispersión temprana».

Queda claro del informe de Balter que la historia de la evolución humana involucra mucha controversia y muchas distinciones arbitrarias. Pero en un punto todos están de acuerdo:

«Charles Darwin hizo más que nadie para asentar la idea de que la vida había cambiado con el curso del tiempo y que, por implicación, la humanidad tenía parientes extintos que podrían encontrarse en el registro fósil», dijo Ian Tattersall, paleoantropólogo en el Museo Americano de Historia Natural en la ciudad de Nueva York, a los asistentes a la reunión en uno de muchos discursos que comenzaban rindiendo homenaje a aquel gran hombre.

Según Balter, «los casi 100 científicos que se reunieron aquí el mes pasado para ponderar las últimas investigaciones acerca de los Neandertales y otros humanos antiguos se sentían felices de abrazarlo como su padrino intelectual».


1. Michael Balter, «New Work May Complicate History Of Neandertals and H. sapiens», Science, 9 octubre 2009: Vol. 326. no. 5950, pp. 224-225, DOI: 10.1126/science.326_224.

Observemos las prioridades. Se comienza primero y ante todo rindiendo homenaje a Darwin como El Padrino, el «gran hombre» que invirtió la filosofía de la ciencia y que admitió a los Cuentacuentos en el sagrado templo de la ciencia (véase Evolución del vuelo, cuentismo, y seguridad laboral). Estos cuentacuentos se han instalado cómodamente en las nobles instituciones de la ciencia, expulsando a los que se habían dedicado al principio de que la ciencia trataba acerca de fenómenos observables, susceptibles de ensayo y de repetición. Los usurpadores pueden a veces debatir entre ellos acerca de los detalles de la función y sus caracteres, pero el resultado ya está determinado de antemano: que Charles Darwin ha de recibir la adoración incondicional de todos. Los huesos son meros soportes de la tramoya para representar «la función evolutiva», como Tattersall la designa, con más razón de lo que quiera admitir.

Así, han dejado escapar su secreto: el Hombre de Heidelberg y el Hombre de Neandertal son nombres inventados para dar la ilusión de que los humanos proceden de simios africanos, con lo que se pueda dar gloria a Darwin. Tattersall admite que «si no se conoce el reparto de actores, nunca se entenderá el argumento de la función». Es necesario volver esta verdad manifiesta contra él mismo. Es evidente que ni él ni su audiencia conocen ni el reparto ni el argumento. Observemos la ilustración que se da de la gente de la Sima de los Huesos en el artículo. Se les ve tan modernos como a los miembros de cualquier otra tribu nativa actual. Las diferencias entre sus esqueletos, cerebros y proporciones son insignificantes en comparación con las similitudes. Y desde un contexto creacionista no hay razón para que esta variabilidad entre grupos humanos no fuera posible en un espacio de tiempo mucho menor. Hay más variación entre un perro Chihuahua y un San Bernardo (miembros de una misma especie) que entre estos «homininis» (como los llaman los evolucionistas), y desde luego los creacionistas creen que toda la gran cantidad de tipos de perros descienden de un par ancestral. Como acabamos de ver que los evolucionistas actúan con una frivolidad temeraria en lo que se refiere a las designaciones de las especies (con Hublin bien dispuesto a agrupar una enorme gama bajo una sola especie), no hay ninguna razón adicional para negarles a todos ellos la condición de Homo sapiens —seres humanos.

Para aceptar el mito cultural darwinista, uno tiene que inmolar su propio cerebro. Se tienen que creer ficciones enormemente inverosímiles. Se supone que se tiene que creer que personas con cuerpos y cerebros comparables o superiores a los nuestros vivieron en este planeta durante un período de tiempo 100 veces más largo que toda la historia humana documentada, y que en todo esto tiempo no consiguieron ir más allá que gruñir y cazar. Podrían elaborar excelentes superpegamentos para adherir sus hachas a los mangos, podían usar el fuego, pero durante 500.000 años no hablaban entre sí, no edificaban granjas ni ciudades, no inventaron la rueda, ni tan solo aprendieron a cabalgar. Luego, así de repente, ¡bang!, ¡vino una mutación y nació el lenguaje! (Aunque cueste de creer, esto es lo que enseña Tattersall, véase «Human Origins: Out of Africa», Proceedings of the National Academy of Sciences, 22 septiembre 22, 2009, vol. 106 nº. 38, 16018-16021, DOI: 10.1073/pnas.0903207106, y véase nota [en inglés] en 24/09/2009). Transcurren otros 40.000 años, durante los cuales estos humanos modernos se limitan a hablar alrededor de los fuegos de campamento, y luego, ¡bang!, nace la agricultura, y la civilización, con tabletas de arcilla cocida hablando de comercio y todo tipo de temas. ¿Qué historia de milagros de ninguna religión pagana supera a esto en absurdo?

El grupo de los 100 que se reunió en Gibraltar podrán considerarse científicos, pero no trabajan en ciencia, sino en una reconstrucción de la historia desde una filosofía materialista que lleva obligadamente a esta clase de conclusiones. Como bien confiesa el genetista materialista Richard Lewontin,

«... tenemos un compromiso previo, un compromiso con el materialismo. No se trata de que los métodos y las instituciones de la ciencia nos obliguen de alguna manera a aceptar una explicación material del mundo fenomenológico, sino al contrario, que estamos obligados por nuestra adhesión previa a las causas materiales a crear un aparato de investigación y un conjunto de conceptos que produzcan explicaciones materiales, no importa cuán contrarias sean a la intuición, no importa lo extrañas que sean para los no iniciados. Además, este materialismo es absoluto, porque no podemos permitir un Pie Divino en la puerta

Richard Lewontin, en
New York Review of Books
(9 de enero de 1997, p. 31).

Y, efectivamente, en toda su metodología, en toda su filosofía implícita en sus obras publicadas y explícita en sus cartas privadas, Charles Darwin es el moderno gran Padrino de este concepto falso de ciencia aplicado al origen de la vida, del hombre, de toda la realidad, un concepto magistralmente descrito en la confesión citada de Richard Lewontin. Con esto se está adoctrinando a la actual sociedad, con los correspondientes resultados en la total vaciedad personal, en toda la carencia de sentido para unas vidas que se creen procedentes de la nada y destinadas a la nada.


Lecturas adicionales

Arthur C. Custance:

Frank W. Cousins


Fuente: Creation·Evolution Headlines - What’s in a Name? Sima Fossils Confuse Human Evolution Story 14/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris -
www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org