martes, 12 de agosto de 2008

AIP (39): Los monos prefieren el sonido del silencio

David Coppedge

Si se les da a escoger, los chimpancés prefieren el silencio antes que la música. La página Random Samples en Science1 mencionaba unos experimentos realizados por científicos del MIT y de Harvard en los que se dio a los monos a escoger entre cabinas en las que se podía oír una canción de cuna tocada con una flauta, un concierto de Mozart, techno-rock y el silencio. Entre las cabinas musicales: «los monos pasaron una media de unos dos tercios de su tiempo en el lado de la canción de cuna, demostrando que prefieren los ritmos lentos», dice el artículo. «Pero cuando se les dio la posibilidad entre silencio, canciones de cuna o un concierto de Mozart, pasaron la mayor parte del tiempo evitando totalmente la música». En cambio, de ocho humanos, todos prefirieron la canción de cuna al silencio.

Isabelle Peretz (U. de Montreal) comentaba que esto demuestra que los humanos tienen «una inclinación innata, natural, a ocuparse con la música». Los científicos que realizaron los experimentos habían descubierto anteriormente que los monos no exhiben preferencias entre la armonía y la disonancia (cp. 13/12/2004). Para los científicos, estos nuevos experimentos «sugieren que las respuestas de los humanos a la música pueden reflejar una “singular historia evolutiva de selección” para procesos cognitivos vinculados con la emoción y la motivación».

Este breve iba acompañado de una fotografía de un chimpancé tapándose los oídos con las manos. El artículo, titulado «Los monos tienen oídos de lata», comenzaban: «Un nuevo estudio descubre que los monos prefieren el silencio a la música, lo que sugiere que algunas de las preferencias acústicas que subyacen a la música son exclusivamente humanas».


1Random Samples, Science, Volumen 317, número 5838, ejemplar de 3 agosto 2007.

La explicación evolutiva resulta en una cacofonía disonante. Y es que a pesar de todo el cúmulo de emociones que exhiben los monos con sus chillidos, y la enorme motivación que manifiestan cuando quieren una banana, esto resulta evidentemente totalmente independiente de cualquier tipo de aprecio estético por la música. Ninguna cantidad de emoción ni de motivación dará capacidad al neodarwinismo para producir mediante mutaciones al azar un cerebro que contenga un módulo de apreciación musical.

No existen ventajas selectivas para algo reproductivamente tan inútil como la música —ni para la literatura, el arte, la geometría, la filosofía, el altruismo, la sabiduría, el conocimiento, la teología o la oración. Los evolucionistas no producen nada sino fábulas cuando intentan explicar cómo estos «surgieron» estos rasgos exclusivamente humanos mediante un proceso carente de guía (p. ej., 7/03/2002), y caen en extremos ridículos (12/11/2004) al tratar de cubrir el abismo entre las payasadas de los monos y Mozart. ¿Qué podía mover a un hombre como Beethoven a escribir toda una sinfonía en celebración de la alegría cuando había quedado sumido en la sordera? ¿Cómo podía oírla perfectamente dentro de su mente? ¿Se trataba de la operación de neuronas disparando señales en respuesta a accidentes genéticos? Las capacidades de la mente humana, y la mente humana misma, siguen siendo intratables para toda explicación materialista, y siguen constituyendo un reflejo del Creador, que hizo al hombre a Su imagen y semejanza.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Monkeys Prefer the Sound of Silence 5/08/2007

Redacción: David Coppedge © 2007 Creation Safaris - www.creationsafaris.com

Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2008 - www.sedin.org