jueves, 28 de agosto de 2008

AIP (43): La evolución, inútil en la práctica como teoría, admite un darwinista

David Coppedge

Los partidarios del evolucionismo a menudo pregonan sus muchos beneficios. Afirman que ayuda en la investigación en agronomía, conservación y medicina (p. ej., 13/10/2003, 25/06/2003). Un nuevo libro de David Mindell, The Evolving World: Evolution in Everyday Life (El mundo en evolución: la evolución en la vida cotidiana, Harvard, 2006) hace resaltar estos beneficios prácticos con la esperanza de hacer que el evolucionismo sea más apetitoso para una sociedad escéptica. Jerry Coyne, un firme evolucionista y anticreacionista, disfrutó del libro en la reseña que escribió del mismo para Nature,1 pero es de la opinión de que Mindell se excedió en su empeño de «vender a Darwin» apelando a cuestiones prácticas:

Hasta cierto punto, estos excesos no son culpa de Mindell, porque, a decir verdad, la evolución no ha producido muchos beneficios prácticos o comerciales. Cierto, las bacterias evolucionan resistencia a los medicamentos, y, cierto, debemos tomar contramedidas, pero más allá de esto no hay mucho que se pueda decir. La evolución no puede ayudarnos a predecir qué nuevas vacunas fabricar, porque los microbios evolucionan de forma impredecible. Pero, ¿es que la evolución no ha ayudado a guiar la crianza de animales y plantas? No demasiado. La mayoría de las mejoras en las plantas cultivadas y en animales se realizaron mucho antes que supiésemos nada sobre evolución, y se realizó porque se seguía el principio genético de «semejante engendra semejante». Incluso en la actualidad, y como lo admiten sus practicantes, el campo de la genética cuantitativa ha sido de poco valor para ayudar a mejorar las variedades. Los avances futuros casi seguramente vendrán de la transgenética, que no está basada en absoluto en la evolución.

Coyne sigue describiendo como los bienes y servicios de que alardea Mindell son de todos modos irrelevantes para los potenciales clientes:

Una razón por la que Mindell podría fracasar en su intento de vender Darwin a los críticos es que sus ejemplos, todos, involucran microevolución, que es aceptada por la mayoría de los modernos creacionistas (incluyendo los proponentes del diseño inteligente). Es la macroevolución —las transiciones evolutivas entre clases muy diferentes de organismos —lo que los creacionistas afirman que no ocurren. Pero en todo caso, bien pocas personas se oponen realmente a la evolución debido a su carencia de uso práctico. ... se oponen a ella porque consideran que mina los valores morales.

Coyne no ofrece ningún bálsamo para esta herida. En lugar de esto, para explicar por qué no se ha observado la macroevolución, presenta una analogía. Para los críticos que desacreditan la macroevolución porque nadie ha visto aparecer una nueva especie, compara el origen de las especies con el origen del lenguaje: «Tampoco hemos observado el cambio de un lenguaje a otro, pero cualquier creacionista razonable (¿un oximoron?) tiene que aceptar la clara prueba histórica de una evolución lingüística», dice él, añadiendo un golpe efectista: «Y tenemos muchas más especies fósiles que lenguajes fósiles» (pero véase el artículo sobre la explosión cámbrica). Parece que pierde de vista que el lenguaje es un instrumento manipulado por agentes inteligentes, no por mutaciones aleatorias. En todo caso, su argumento principal es que la verdad de la evolución reside no en ninguna baladronada acerca de su valor comercial, sino en su capacidad explicativa:

A fin de cuentas, el verdadero valor de la biología evolutiva no es práctico, sino explicativo. Responde, de la manera más exquisitamente simple y frugal, la pregunta de los siglos: «¿Cómo hemos llegado a existir?» Nos da nuestra historia familiar escrita a grandes rasgos, y nos vincula con todas las demás especies, vivientes o extintas, sobre la tierra. Nos expone cómo todo, de ranas a pulgas, llegó a la existencia mediante unos pocos procesos biológicos fácilmente comprensibles. Y esto, después de todo, es un logro bien importante.

Véase también el análisis de esta reseña en Evolution News, que se centra en el estereotipo que hace Coyne de los creacionistas. Compárese también con nuestros artículos de 10/02/2006 y 21/12/2005 acerca de la comercialización del darwinismo para las masas.


1Jerry Coyne, «Selling Darwin», Nature 442, 983-984(31 agosto 2006) | doi:10.1038/442983a; Publicado en línea 30 agosto 2006.

Lo acabamos de oír así de claro. No lo hemos tenido que decir nosotros. Uno de los propios partidarios de Darwin nos lo dice: La teoría evolucionista es inútil a efectos prácticos. Esto es importante. No permitas que nadie te diga que la evolución es la clave de la biología, y que sin ella caeríamos en un retraso en ciencia y tecnología, y que perderíamos nuestra posición avanzada en el mundo. Acaba de decir que la mayoría de los progresos reales en biología se llevaron a cabo antes de la llegada del evolucionismo, y que los avances modernos deben poco o nada al Gran Mito Materialista. El darwinismo está muerto, y excepto para proporcionar guiones para cuentacuentos, esta teoría arraigada en el materialismo ingenuo del siglo XIX no da fruto alguno (aunque sí ha originado muchas espinas venenosas, véase 27/08/2006).

Desde luego, hay muchos elementos de la ciencia que no tienen valor práctico. Los agujeros negros carecen de utilidad práctica, como también la radiación de fondo de microondas. Pero es el Partido Darwinista el que ha montado un gran bombo acerca del gran valor de la teoría de la evolución para la sociedad. Si este argumento de márketing desaparece, ¿qué queda? Lo único que cree Coyne que se puede comercializar desde el evolucionismo es una teología sucedánea para dar respuesta a las grandes preguntas. En lugar de un Dios omnisciente y omnipotente, él ofrece la adoración a Campanilla Dorada y su varita mágica productora de mutaciones como explicación de formas sin fin de la mayor hermosura o del mayor ingenio. El evolucionismo nos permite juegos de unir los puntos entre ranas y pulgas. Nos permite diluir un mundo complejo dentro de unas simplistas generalidades de fácil comprensión. Estas cosas le parecen sin precio. Y desde luego. Nada cuesta producir especulaciones acerca de cosas que no se pueden observar, y nadie debería dar valor alguno a tales especulaciones.

Nos las podemos arreglar bien en la vida sin el catálogo del Partido Darwinista. Gracias a Jerry Coyne por proporcionar información privilegiada sobre las pérdidas en el informe financiero de Darwin & Co. Y quien tenga, que venda las acciones evolucionistas antes que se hunda el mercado.



Fuente: Creation·Evolution Headlines - Evolution Is Practically Useless, Admits Darwinist 30/08/2006

Redacción: David Coppedge © 2006 Creation Safaris - www.creationsafaris.com

Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2008 - www.sedin.org