viernes, 29 de agosto de 2008

¿Estamos todos locos?

David Coppedge

27 agosto 2008 — Hace un mes calificó a todo el mundo de hipócritas (06/07/2008). Este mes, Robin Nixon, de Live Science, dice que todo el mundo está loco. Su último artículo se titula: «¿Por qué estamos todos locos?» Pero, reflexionemos, ¿cómo podemos confiar en su explicación?

A la vez que atribuía todos los rasgos de la humanidad a un ciego proceso de evolución, Nixon entretejía una historia de unos míticos antecesores volviéndose algo chiflados para sobrevivir:

La selección natural Natural quiere que estemos locos —al menos un poco. En tanto que la verdadera locura debilitadora no es la intención de la naturaleza, muchos problemas de salud mental pueden ser subproductos de un cerebro humano sobrefuncional, según afirman algunos investigadores.

Al ir mejorando los humanos sus técnicas de recolección, caza y cocción, el tamaño de la población aumentó y los recursos quedaron más limitados (en parte porque llegamos a cazar o a devorar algunas especies hasta su extinción). Como resultado, no todos podían conseguir lo suficiente para comer. Las relaciones de cooperación resultaban críticas para conseguir el acceso a la comida., bien mediante actividades agrícolas, o con mejores estrategias para la caza, y aquellos con capacidades sociales embotadas tenían pocas probabilidades de sobrevivir, explica David C. Geary, autor de «The Origin of the Mind» (APA, 2004) e investigador en la Universidad de Missouri.

Y así se desplegó una diversidad de nuevas capacidades y discapacidades mentales.

Nixon desviaba así la acusación de tratar a todo el mundo de loco con un pase lateral a Geary. Pero suena algo retorcido pensar en la selección natural como «queriendo algo» —especialmente queriendo algo tan loco como hacer locos sus productos, pero no excesivamente.

Luego ella pasa a explicar cómo la locura es un subproducto de la selección natural por haber hecho un trabajo demasiado bueno con el cerebro. Recurriendo a una analogía de Randolph Nesse, autor de The Handbook of Evolutionary Psychology [Manual de psicología evolutiva —Wiley, 2005], dice: «Así como la crianza de caballos ha seleccionado patas largas y delgadas que aumentan la velocidad pero que son propensas a las fracturas, los avances cognitivos también aumentan la aptitud —hasta cierto punto». Los efectos en el cerebro humano son el narcisismo, la ansiedad, la culpa y otras formas de enfermedad mental:

Quizá para refrenar apremios egoístas. y para favorecer unos medios más probables de éxito biológico, surgieron lubricantes sociales como la empatía, la culpa y un grado suave de ansiedad.

Por ejemplo, los primeros de nuestros antecesores en resaltar y leer expresiones faciales tuvieron una gran ventaja. Podían confirmar su propia posición social y convencer a otros para que compartieran su alimento y su refugio. Pero una excesiva agudeza emocional —en la que los individuos analizan excesivamente cada mueca —puede llevar a que un nerviosismo motivacional acerca del valor social de uno mismo derive a una ansiedad severa y discapacitadora.

En otras palabras, la selección natural fue a tientas dándonos capacidades pero sin considerar la ley de consecuencias no deseadas. Olvidémonos de la alegría, dice ella. Citando a Geary, Nixon afirma que «la naturaleza se preocupa de los genes, no de la alegría». (Esto es, «La Naturaleza de la Alegría», uno de los encabezamientos de su artículo, y que sorprendería a C. S. Lewis.)

Pero, ¿acaso las consecuencias no buscadas no devendrían maladaptativas y llevarían a nuestra extinción? Aunque parezca una locura, Nixon puede explicarlo todo.

Sin embargo, ciertos tipos de depresión pueden ser ventajosos. El aletargamiento y un estado mental perturbado pueden ayudarnos a desconectarnos de objetivos inalcanzables —tanto si se trata de un amor no correspondido como de una elevada posición social. Probablemente la evolución favoreció a individuos que hacen una pausa y reevalúan sus ambiciones, en lugar desperdiciar la energía en un contexto de un optimismo ciego.

La selección natural también probablemente mantuvo la puerta abierta para trastornos como el déficit de atención. Un rápido abandono de una situación de bajo estímulo era más útil para los machos cazadores que para las hembras recolectoras, escribe Nesse, lo que puede explicar por qué los niños tienen una probabilidad cinco veces mayor que las niñas de ser hiperactivos.

De modo parecido, en su forma más suave, el trastorno bipolar puede aumentar la productividad y la creatividad. Los individuos bipolares (y sus parientes) tienen también a menudo más relaciones sexuales que la media, según observaba Geary.

El sexo, y la supervivencia de la propia progenie, a esto se reduce todo — por lo que respecta a la naturaleza. A veces, los estados mentales desagradables llevan a un mayor éxito reproductivo, afirmaba Geary, «de modo que estos genes permanecen en el fondo genético».

Así es como la selección natural trabajo con un designio inteligente Escogió atributos ventajosos. Favoreció a determinados individuos. Trabajó para mejorar la productividad y la creatividad. Trabajó para llenar la tierra de egoístas y locos hipócritas a los que no les preocupa tanto su propio medio ambiente como el sexo y la supervivencia de la propia progenie —«a esto se reduce todo» en evolución. Si la selección natural te hace deprimido, hiperactivo, bipolar y obsesionado con el sexo, ¿para qué resistirse? Vívelo.

De este punto de vista, la racionalidad es un mero subproducto, no el objetivo. Pero entonces, ¿cómo clasificaría una persona racional la explicación de Nixon? ¿Del lado de la razón, o, como una marioneta movida por las cuerdas, exteriorizando las fuerzas de la selección natural que actúan en su propia mente?

Que científicos y periodistas científicos sigan escribiendo unos contrasentidos tan contraproducentes para su propia posición con tanta audacia es una señal de que tenemos mucho trabajo por delante. El pensamiento darwinista es una plaga para la racionalidad y un potenciador para lo peor en los seres humanos (véase un ejemplo reciente en Evolution News). Excusa lo que es malo como consecuencia inevitable de fuerzas fuera de nuestro control. Pero a la vez plantea una discusión racional como si la racionalidad tuviera significado. Es como extraer toda la materia gris de un cráneo, llenarlo de grava, y esperar que siga pensando.

Esta hipótesis es insensata en múltiples niveles. Si todo el mundo está loco, entonces lo que está verdaderamente loco es la racionalidad. ¿Sobre qué base podría nadie afirmar que la enfermedad mental sea una «anormalidad»? ¿Por qué nadie iba a tener un anhelo en pos de la alegría? ¿De dónde surgieron los «lubricantes sociales»? Y si la selección natural ha favorecido a los que padecen el trastorno bipolar haciéndolos promiscuos, entonces los eugenistas actúan locamente cuando interfieren. Evidentemente, uno está más apto cuanto más loco. Los proponentes de la eugenesia deberían haber esterilizado a los filósofos en lugar de a los locos.

El darwinismo pone a los internados en la dirección del asilo científico. La naturaleza del ser humano es ser racional y moral. La racionalidad y la moralidad tienen referencia a cosas verdaderas, universales, necesarias y ciertas —lo contrario a la contingencia y carencia de propósito de la selección natural. Los cuentacuentos, bajo la bandera del darwinismo, han traído confusión a los salones de la ciencia (véase Cómo el darwinismo proporciona seguridad en el trabajo).

Los que todavía razonan y creen que razonar importa, deben enfrentarse a estos sinsentidos. Sería bueno que los que proponen estas especulaciones llegasen a darse cuenta de las contradicciones en que incurren; si la mente es un mero subproducto de un cerebro surgido al azar, y la conciencia una mera ilusión, no existe criterio alguno para establecer que ningún pensamiento sea correcto ni incorrecto. ¿A qué viene entonces la insistencia de difundir el materialismo como la verdad de las cosas cuando no se puede establecer desde el materialismo ningún criterio de racionalidad? El único criterio desde esta postura es la supervivencia y la reproducción. Sencillamente, para el materialismo, la verdad no cuenta.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Evolutionist Calls Everyone Crazy 27/08/2008
Redacción: David Coppedge © 2008 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2008 -
www.sedin.org