Un comentario titulado «Hacia la reparación de la integridad científica», publicado en el número de 18 de junio de Nature1, causó sensación. Tres cartas al director en el número de 31 de julio afirmaban que el problema era peor de lo que indicaban Titus, Wells y Rhoades, cuando dijeron que muchas actividades fraudulentas en investigación no se comunican, y sugirieron principios para arreglar el problema.
Las cartas al director eran inquietantes. Dos investigadores brasileños declararon que el fraude está ampliamente extendido en su país: «Si alguna vez se presentan alegaciones sobre mala conducta profesional, las declaraciones oficiales son generalmente vagas y las investigaciones pueden exigir varios años», dijeron. «Los que denuncian estas situaciones son frecuentemente relegados por sus colegas y directivos en sus instituciones».
Una carta de un científico croata decía que la integridad es más común en Estados Unidos que en otros lugares. «Miremos Europa, donde —con la excepción de Escandinavia, Alemania, el Reino Unido y, hasta cierto punto, Francia— hay poca o ninguna regulación para controlar la mala conducta científica. Por ello, los casos individuales de fraude pueden esconderse con más facilidad y pueden ser mucho más comunes que en países con normas establecidas.»
Una carta de dos americanos fue quizá la más preocupante. Opinaban ellos que la falta de honradez es endémica de arriba abajo. «Las compensaciones académicas y económicas de una deshonestidad calculada y cautelosa por parte de algunos dirigentes científicos son, nos parece, cosas demasiado evidentes para los científicos jóvenes a los que supervisan», decían ellos. «Ninguna cantidad de enseñanza, ni una supervisión más estricta, ni cursos de ética en investigación, arreglarán este problema.»
Bien, posiblemente lo que necesitan los científicos es un cierto temor de Dios.
1. Titus, Wells and Rhoades, «Repairing research integrity», Nature 453, 980-982 (19 junio 2008) | doi:10.1038/453980a.
Es necesario recordar que esto se da en la cultura que nos anuncia que el darwinismo es un hecho de la ciencia. Que se nos diga desde el darwinismo de dónde surgió el concepto mismo de integridad. La ciencia necesita de la moralidad bíblica, tanto si lo reconoce como si no. El concepto innato de integridad del que tienen conciencia todos los humanos sólo puede proceder del Dios vivo y verdadero, y la negación de Dios deja al hombre sin fundamento racional para esta integridad.
Lectura adicional:
Jerry Bergman, reseña de la obra de William Broad y Nicholas Wade: Traidores a la Verdad: Fraude y engaño en los salones de la Ciencia (Betrayers of Truth; fraud and Deceit in the Halls of Science — Simon and Schuster, New York, 256 págs.)
Fuente: Creation·Evolution Headlines - Scientists Bemoan Research Fraud
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2008 - www.sedin.org
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