30 julio 2008 — Las declaraciones hechas en 2005 de un descubrimiento de tejidos blandos en huesos de dinosaurio (véase 24/03/2005, y los comentarios más recientes en castellano en Inferencias de proteínas antiguas) se están cuestionando en una nueva investigación publicada en PLoS One.1 Quizá este material flexible sea solo cieno.
Thomas Kaye, del Museo Burke de Historia Natural en Seattle, y otros dos colegas, estaban intentando encontrar más muestras de tejidos blandos. Después de realizar análisis, llegaron a la conclusión de que lo que veían tanto en huesos de dinosaurios como de tortugas, y en fósiles de ammonites, es un biofilm bacteriano que creció en los espacios huecos dentro de los fósiles. Esto cuestiona los resultados del equipo de Mary Schweitzer que no sólo afirma haber descubierto tejidos flexibles y restos de vasos sanguíneos, sino que había secuenciado proteína de colágeno en las muestras (04/12/2007). Kaye interpreta los supuestos restos de glóbulos rojos ricos en hierro como framboides —unas microesferas minerales. El hallazgo de estructuras similares en un ammonites (un cefalópodo con concha) y en una tortuga fue para el equipo una indicación de que estos framboides eran demasiado comunes para constituir ejemplos de una excepcional preservación del tejido original. En lugar de esto, ellos postulan que los biofilms bacterianos crecieron en el interior y alrededor del tejido original, manteniendo la forma del mismo después que se hubiera degradado. Aparecen resúmenes del artículo en Science Daily, PhysOrg y Reuters.
Pero, según New Scientist, Schweitzer no está convencida. Los estudios que ella había realizado indicaban que el colágeno del dinosaurio se asemejaba al de la gallina, y que el colágeno del mamut se parecía al de los elefantes. Kaye no daba ninguna explicación de cómo esto hubiera podido ser así, decía ella. Otros científicos citados en el artículo conjeturaban que los tejidos podrían ser mixturas del tejido original y del biofilm. El artículo de Reuters cita a Kaye diciendo: «No somos expertos en este campo. No estamos en desacuerdo con el hecho de que sus instrumentos detectasen proteína. Estamos proponiendo una explicación alternativa».
El artículo original presentaba más indicios de que las proteínas proceden de bacterias modernas:
Regueros cubiertos observados en biofilms indican que una película viscosa anterior estuvo poblada por bacterias natatorias. La datación radiocarbónica de la película indica un origen relativamente moderno. Una comparación de los espectros de infrarrojos de los modernos biofilms con colágeno moderno y recubrimientos de huesos fósiles sugiere que los modernos biofilms comparten una constitución molecular más cercana que el colágeno moderno con los recubrimientos de los huesos fósiles. Las esferas de óxido de hierro del tamaño de glóbulos rojos sanguíneos que se encontraron en los vasos se identificaron como una forma oxidada de antiguos framboides piríticos. Nuestras observaciones apelan a una explicación más conservadora para las estructuras que se encontraron preservadas en los huesos fósiles.
El equipo investigó 15 géneros procedentes de siete diferentes formaciones geológicas, incluyendo la formación de Hell Creek en la que se había descubierto el tejido blando del T. rex. Los tejidos en esta investigación se compararon con modernos biofilms cultivados en el laboratorio. Algunos de ellos mostraban estructuras ramificadas que imitaban a vasos sanguíneos. Pero el procedimiento no es tan simple como la mera observación del tejido con una lente de aumento. Sus métodos indican una significativa alteración e interpretación:
Se seleccionó un caparazón de tortuga de la formación de Hell Creek para un examen mediante espectroscopia por sus cámaras relativamente grandes en el hueso trabecular que permitían desprender los recubrimientos mediante raspado. Dos miligramos de dicho material se molieron con 450 miligramos de bromuro de potasio (KBr) y se prensaron en un pellet aplicando 8 toneladas de presión. Se dejaron desecar durante 7 días biofilms modernos cultivados en portaobjetos microscópicos en agua estancada y se prensaron 2,5 miligramos en un pellet de KBr como se ha descrito antes. Se molió una muestra de 2,5 mg de tendrón desecado de una gallina junto con KBr y se pelletizó. Se realizaron espectros con un aparato Nicolet 510P a una resolución de 1 cm-1 con un mínimo de 15 barridos. El flujo infrarrojo se ajustó dentro de un 5% para todos los especímenes, y se usó un pellet de KBr puro para la sustracción del fondo entre los especímenes. Se usaron rutinas de correlaciones cruzadas de Excel para determinar el porcentaje de semejanza para los espectros.
El equipo aplicó varias comprobaciones cruzadas. Los huesos procedentes de la superficie y de varios metros de profundidad exhibieron los mismos efectos. Se compararon los espectros de especímenes vivos y fosilizados. No encontraron una correlación tan estrecha de los tejidos con el colágeno moderno —sólo un 37%. Además, las dataciones radiocarbónicas quedaron correlacionadas con tiempos modernos.
¿Cómo crecieron estos biofilms de modo que se pareciesen tanto al tejido blando original? Esta es su explicación:
Un biofilm habría recubierto los vacíos de los canales vasculares y sus lagunas, produciendo un molde de
También decían que se sabe que las bacterias producen proteínas semejantes al colágeno. Y como los biofilms se encuentran en todas partes de la naturaleza, apareciendo en casi cualquier interfaz agua/superficie, podían ser de esperar en las superficies cavernosas dentro de los huesos. «Proporcionan un medio protector contra cambios en el medio más amplio procedentes de niveles de pH, toxinas, etc.», seguían diciendo. «Son viscosos, flexibles y de larga duración mediante mineralización.» A esto se debe el extravío del anterior equipo, creen ellos: «Cuando los biofilms revisten un sustrato, y cuando este sustrato es posteriormente eliminado, el biofilm retendrá gran parte de la morfología original. Esto puede explicar la cantidad y semejanza de estructuras descubiertas en huesos fósiles e indica la improbabilidad de que estas estructuras sean tejidos preservados de dinosaurios, sino que se trata del producto de actividades bacterianas comunes».
Por lo que parece, dan un argumento fundamentado para interpretar los tejidos blandos como moderno cieno bacteriano, y no como restos originales de dinosaurios. Se precisará de adicionales investigaciones para responder a nuevas cuestiones que esta interpretación suscita —junto con tiempo para la confrontación con los puntos de vista del equipo de Schweitzer.
Actualización: Después de publicar esta entrada hoy, National Geographic informaba acerca de la comunicación de Kaye, y decía que Mary Schweitzer mantiene su posición, presentando cuatro contraargumentos: (1) No se han presentado biofilms con tubos huecos ramificados como los que ella encontró en el hueso del T. rex; (2) Con el paso del tiempo, la gravedad hubiera hecho que las películas de los biofilms fuesen más gruesas en el fondo, en contra de lo que encontró su equipo; (3) Nunca se ha comunicado la presencia de bacterias metanotrofas en el interior de hueso; (4) el equipo de Kaye no abordó los informes de seguimiento de su equipo en los que aparecían indicios químicos y moleculares del tejido blando. Cosa sorprendente, Kaye respondió: «Si dicen que obtuvieron proteína del T. rex, no vamos a estar en desacuerdo». Solo cuestionaba por qué obtuvieron tan poca cantidad. Un paleontólogo del Museo Nacional de Historia Natural lo dejó en empate. Ambos equipos presentan argumentos de peso. «Creo que tenemos dos hipótesis alternativas muy interesantes», comentó.
1. Kaye, Gaugler y Sawlowicz, «Dinosaurian Soft Tissues Interpreted as Bacterial Biofilms», Public Library of Science One 3(7): e2808 doi:10.1371/journal.pone.0002808.
Estamos de acuerdo con Kaye en cuanto a que «Se tiene que ir adonde lleva la ciencia» —esto es, adonde llevan las evidencias, y si Schweitzer jamás se retracta de su postura (en base a los mejores datos y a estudios adicionales) de que estos restos representan (al menos en parte) tejidos blandos originales del dinosaurio, entonces así deberá ser. Entonces se deberá conceder esto. Sin embargo, de la nueva interpretación surgen diversos interrogantes. En primer lugar, como algunos observadores comentaron en el comunicado de New Scientist, los restos podrían ser todavía una mezcla de tejido original y de biofilm. ¿Y por qué Schweitzer consiguió una concordancia de colágeno en el hueso de dinosaurio con el de gallinas, cuando, al usar los mismos métodos, obtuvo que el colágeno en el hueso de mastodonte se parecía al de los elefantes? ¿Y qué hay del descubrimiento de Schweitzer de hueso medular frágil en el mismo fósil de dinosaurio? (véase nuestra entrada [en inglés] de 11/11/2006).
En esta entrada de 11/11/2006 hicimos una docena de preguntas de seguimiento cuando Kaye propuso por primera vez la interpretación del cieno de biofilm. ¿Cómo es que se descubrió el biofilm en el interior de hueso fosilizado ahora, después de siglos de coleccionar fósiles? ¿Hay algo en común con los medios ambientes que exhiben este fenómeno? ¿Qué le hizo todo el raspado, toda la molienda y todo el prensado al material original? Quizá se tienen que emplear métodos menos destructivos para corroboración. Incluso si los biofilms pueden conformarse según los tejidos originales y persisten después que éstos se degradan o fosilizan, ¿es razonable creer que fuesen a mantenerse inalterados durante 68 millones de años? Si los biofilms dan dataciones recientes mediante el método del radiocarbono, y si todavía se observan bacterias nadando en este medio, esto implicaría que las bacterias han estado presentes durante todo este tiempo, incorporando carbono 14 al ir creciendo y dividiéndose millones de veces. ¿En base a qué vivieron después de desaparecer todo el tejido original? ¿No hubieran quedado indicios de millones de generaciones de crecimiento biológico en la colonia bacteriana? ¿Es razonable suponer que un biofilm podría mantener durante 68 millones de años una buena imitación del tejido original del dinosaurio (desaparecido ya desde hace largo tiempo) que engañaría a unos cuidadosos investigadores en el laboratorio?
Así, incluso si se concede la victoria a la interpretación del equipo de Kaye, parece también que la consecuencia es que estos huesos no pueden tener la edad que se les asigna. Los evolucionistas nos dicen que el mundo experimentó cambios drásticos desde que se depositó este fósil. Un meteorito casi destruyó toda la vida en
Esto es una polémica científica en progreso. Ilustra la naturaleza provisional de los anuncios científicos. Los defensores de la tesis del biofilm podrían argumentar que la interpretación de Schweitzer del tejido blando es una pretensión extraordinaria que exige una prueba extraordinaria. Se debería adoptar una actitud conservadora y cautelosa acerca de la misma hasta que se pueda poner a prueba con observaciones adicionales. Perfecto: la postura creacionista ya era fuerte sin el tejido blando de los dinosaurios. El creacionismo no necesita estas pruebas. Sería interesante ver si la interpretación del tejido blando prevalece, y la podrían emplear como prueba adicional que refuta un lapso de millones de años. En todo caso, su posición no era menos robusta antes del sorprendente anuncio en 2005. Los creacionistas no necesitan el tejido blando, pero los evolucionistas necesitan aferrarse a sus millones de años. Y, como hemos razonado, incluso si prevalece la interpretación del biofilm, no les libra de su dificultad cronológica.
Fuente: Creation·Evolution Headlines - Dinosaur Soft Tissue: Fooled by Slime? 30/07/2008
Redacción: David Coppedge © 2008
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2008 - www.sedin.org
