10 diciembre 2008 — ¿Qué podría ser más científico que el método científico? Un científico observa un fenómeno que no ha sido explicado. Recoge datos, los analiza, propone una hipótesis para explicarlos, y somete la hipótesis a prueba. Los resultados se publican en una revista con revisión paritaria. Misión cumplida, ¿verdad? Presentamos aquí dos artículos sobre dos fenómenos muy diferentes —uno acerca de la geología de Marte, otro que trata acerca del ADN. Ambos artículos siguen el método científico que acabamos de bosquejar. ¿Consiguen explicar los fenómenos? Si es así, ¿hasta qué punto son fiables estas explicaciones?
Capas en el cráter Becquerel, MarteFuente: NASA
- Los estratos de Marte. La sonda Mars Reconnaissance Orbiter fotografió estratos espaciados con regularidad en afloramientos en el interior del cráter Becquerel en Marte. Seis científicos planetarios consideraban razones de por qué estratos repetitivos de 10 metros de grosor se encontraban amontonados en montones de cien metros con una relación de 10:1. «Esta repetición probablemente apunta a una naturaleza cíclica de las condiciones ambientales, posiblemente como resultado de un forzamiento astronómico», sugirieron en la revista Science.1
- ¿Qué clase de fuerzas astronómicas están disponibles? Los ciclos diario, anual y de mareas vienen a la mente, pero en Marte también hay una inclinación del eje con un ciclo de 100.000 años. Este ciclo está además modulado por influencias cada 2,4 millones de años. Los investigadores escogieron los ciclos de largas edades como la explicación de las capas sedimentarias. «Si la deposición fue forzada por variación orbital, las rocas pueden haber sido depositadas a lo largo de decenas de millones de años». La conclusión fue redactada en un comunicado de prensa del Jet Propulsion Laboratory titulado «NASA Orbiter Finds Martian Rock Record With 10 Beats to the Bar [El Orbiter de la NASA encuentra un registro marciano en las rocas con 10 tiempos por compás]».
- Sin embargo, el equipo tuvo que hacer algunas suposiciones antes de proponer su explicación. No podían creer que capas de 10 metros pudieran acumularse en un año. «En cambio,» decían ellos, «la deposición en frecuencias orbitales (~100,000 años) supone una modesta velocidad de acumulación de ~100 µm por año.» «Este valor permite la acumulación y erosión alternativa del sedimento a escalas más breves de tiempo, lo que exige sólo que la deposición neta sea aproximadamente constante a lo largo de largas escalas de tiempo.» También tuvieron que suponer que el ciclo de oblicuidad era relativamente constante, «aunque se desconoce la historia antigua debido a la naturaleza caótica de la oblicuidad a lo largo de grandes escalas de tiempo». Este patrón, explicaba el comunicado de prensa, apareció debido a las variaciones rítmicas en los tamaños de las partículas debido a vientos cambiantes al variar el clima en un 10% cada ciclo de 100.000 años, «o debido a cómo las partículas quedaron cementadas entre sí después de su deposición».
- Con una explicación a disposición, los científicos ofrecieron algunas predicciones que podrían extender la interpretación de la historia de Marte:
La identificación de señales cuasi-periódicas dentro de estos terrenos estratificados proporciona un posible cronómetro relativo dentro del registro marciano de las rocas. Las variaciones orbitales resaltan como un posible impulsor de la cuasi-periodicidad observada, aunque la identificación definitiva de los ciclos demandará información adicional. Asimismo, mientras un escenario eólico proporciona un claro vínculo con el forzamiento orbital, el modelo específico de formación permanece incierto. La determinación de las escalas temporales de formación proporciona en último término una calibración para la interpretación de la historia geológica de Marte. Con la suposición provisional pero razonable de que se precisó de alguna agua para litificar los depósitos de Arabia, la sugerencia de una naturaleza cíclica orbital implica que puede haber estado activo un ciclo hidrológico al menos de forma intermitente a lo largo de millones de años. En contraste con las condiciones catastróficas de la superficie que se infieren por los cráteres de impacto y los canales de drenaje, esta intensa naturaleza cíclica observada en el registro rocoso marciano describe un medio fundamentalmente más predecible y regular en el remoto pasado.
- Intrones del ADN: Desde el telescopio pasamos al microscopio, y llegamos a una historia de detectives científicos acerca del ADN. Uno de los misterios del genoma es por qué los genes están intercalados con regiones no codificantes, llamadas intrones, que tienen que ser cortados del ARN mensajero después de la transcripción por una compleja máquina llamada el spliceosoma [o también «Complejo de corte y empalme»] (12/09/2002, 17/09/2004).2 Este fenómeno ha desconcertado a los evolucionistas durante años (3/09/2003, 9/03/2006). Un nuevo artículo de Catania y Lynch en PLoS Biology3 esta semana proponía una nueva hipótesis acerca del origen de los intrones.
- La hipótesis es demasiado complicada para describirla aquí, pero se apoya en la competencia entre diversos cofactores proteínicos que asisten en el proceso de la transcripción. Los genes se identifican mediante codones de inicio y codones de paro. Si un codón de terminación prematura (PTC) llega a ser insertado en un gen, convirtiéndolo en no funcional, los cofactores y las máquinas de corrección de código, junto con la selección natural, puede llevar al crecimiento de los intrones a ambos lados del mismo. Los intrones resultan como un artificio de una «comunicación cruzada» entre estos factores. Un gen con un nuevo intrón puede seguir permaneciendo activo, incluso si sus transcripciones en ARN son eliminadas como carentes de sentido mediante un proceso de corrección de código. «Esta clase de alelo puede luego quedar sometido a selección positiva para posteriores mutaciones que mejoran el corte y empalme de la región modificada.» Una vez las transcripciones del alelo sobreviven a la operación de cribado y eliminación, pueden ser todavía seleccionados si el producto proteínico retiene alguna función. Como resultado de este proceso de «intronización», predicen que los nuevos intrones serán cortos, y múltiples de tres, para preservar el marco de lectura. «A no ser que la excisión de la nueva secuencia codificante intronizada tenga unas consecuencias deletéreas de suficiente consideración,» proponen, «la fijación del nuevo intrón puede ser bien selectivamente neutral o promovido por la selección natural.» Su predicción de intrones cortos en múltiples de tres resulta confirmada en seis diferentes genomas eucariotas que comprobaron.
- Por simple que parezca esta propuesta, hay muchas complicaciones. No todos los genomas eucariotas contienen intrones, y aquellos que los tienen poseen cantidades muy variables de los mismos. Además, parece que existen intrones muy conservados en regiones no codificantes del genoma (véase ADN: El misterio de los elementos ultraconservados, y El misterio de los elementos ultraconservados - II).
- Una hipótesis científica tiene que ser idónea para las excepciones así como para la regla. Los investigadores discurrieron acerca de cómo las regiones no codificantes podían adquirir intrones: o bien habían sido en el pasado regiones codificantes, o bien adolecían de codones de inicio prematuros en su región de inicio, o ambas cosas. En cuanto a los intrones en genes no codificantes de ARN, «se puede postular que acontecimientos endógenos fortuitos pueden en raras ocasiones promover el corte y empalme (splicing) en ARNs no codificantes, de modo que se prevengan estructuras secundarias más perjudiciales». Y por lo que se refiere a los genes de eucariotas que carecen de intrones, quizá se perdieron en algún punto en el tiempo. O, quizá desempeñen una función en la exportación nuclear de las transcripciones, y por ello son resistentes a la adquisición de intrones. «Aunque queda por demostrar, es posible que la abundancia relativa de estos elementos que inhiben el corte y empalme (splicing) desempeñe un papel en el establecimiento de diferentes niveles de abundancia de intrones entre especies eucariotas», añadían. Por ejemplo, dos especies diferentes de levadura difieren desde 470 intrones en una hasta 4.600 en otra. Las moscas del vinagre tienen 38.000; los humanos, 140.000. Ya en los primeros momentos admitieron que «La explicación de las causas y de las implicaciones funcionales de esta irregular distribución demanda comprender por qué de entrada existen los intrones nucleares (“spliceosomales”) y cuál es el origen o los orígenes de estas secuencias—un problema que ha demostrado ser un rompecabezas durante estos últimos 30 años».
- Como conclusión, consideraban que su «nueva hipótesis» era al menos un buen punto de partida para explicar este enigma:
A pesar del peligro mutacional asociado con la presencia y proliferación de intrones, sostenemos que, al menos inicialmente, los intrones podrían representar una favorable cuerda de salvamento para un alelo que haya adquirido una mutación perturbadora de los marcos abiertos de lectura [ORFs]. En este sentido, los codones de paro dentro del marco no tienen que ser necesariamente vías muertas, como se cree a menudo, sino más bien secuencias que ocasionalmente facilitan la evolución de la estructura génica eucariota, posiblemente favoreciendo no solo la intronización, sino también procesos como la exonización (siguiendo a una pérdida de un codón de paro prematuro —PTC). Una adicional validación experimental de nuestra hipótesis no sólo daría respaldo a la idea de que las velocidades de aparición/desaparición de los intrones dependen a la vez de la genética de poblaciones y del medio intracelular, sino que también arrojaría luz sobre un sorprendente aspecto de la evolución de la estructura génica eucariota, es decir, el continuado proceso estocástico de conversión mutua entre exones e intrones dentro de los genes.
Dos artículos seleccionados de entre las revistas científicas. Aunque tratan acerca de fenómenos sumamente diferentes, tienen diversas cosas en común. Abordan procesos prehistóricos singulares que no están sujetos a los requisitos científicos usuales de ser reproducibles, observables y susceptibles de prueba; esto es, que incluso si se pueden observar en la actualidad o repetir aspectos parciales de estos fenómenos en un laboratorio, esto no nos garantizaría que los fenómenos en su plenitud fueron producidos de la misma manera en el pasado no observable. Además, estos artículos pueden considerarse como representativos del actual método científico de explicar enigmas de la naturaleza que son supuestamente resultado de causas naturales que han actuado durante enormes eras de millones y millones de años. Los únicos datos disponibles para el estudio en estos casos es el efecto colectivo de múltiples causas que puedan haber actuado en alguna combinación en el pasado. Y esta presentación de conjeturas más o menos fundamentadas es actualmente considerada como ciencia normal.
1. Lewis et al, «Quasi-Periodic Bedding in the Sedimentary Rock Record of Mars», Science, 5 diciembre 2008: Vol. 322. no. 5907, pp. 1532-1535, DOI: 10.1126/science.1161870.
2. Los procariotas tienen intrones del «Grupo I» que son autocortantes»; los eucarotas tienen intrones del «Grupo II» que son cortados por el spliceosoma.
3. Francesco Catania y Michael Lynch, «Where Do Introns Come From?», Public Library of Science: Biology, Vol. 6, No. 11, e283 doi:10.1371/journal.pbio.0060283.
«No sabemos lo suficiente sobre lo desconocido para saber que es incognoscible.» – G. K. Chesterton.
«No es lo que no sabemos lo que nos causa problemas, sino aquello que creemos saber y que no es cierto.» – Will Rogers.
Para el observador de a pie, estos dos artículos representan unas nobles actividades de científicos que buscan el conocimiento. Y nosotros respetamos sus capacidades, y en modo alguno buscamos denigrar sus esfuerzos, ni dejamos de reconocer su erudición académica. Se necesitan años de educación, instrucción y experiencia para llegar a tener el suficiente conocimiento para escribir acerca de estas cuestiones. Estos investigadores se acompañan de personajes académicos. Emplean instrumentos de última generación para recoger sus observaciones. Sin embargo, tenemos que plantear unas serias preguntas antes de poner nuestra confianza en sus conclusiones. Concretamente: ¿son ciertas sus teorías? Si sus teorías son meramente unas piedras pasaderas en el camino a un conocimiento más completo, ¿hasta qué puntos nos acerca a ello su investigación? ¿Cuánto más camino tendremos que recorrer? ¿Es posible que nunca lleguemos a conocer las respuestas? En tal caso, ¿por qué vamos a tener confianza alguna en la que unas respuestas parciales sean mejor que nada, dada la posibilidad de que las respuestas parciales estén en un completo error? ¿Y acaso la capacidad de conseguir una comprensión de la naturaleza está limitada a los científicos? ¿Son los mismos métodos, u otros diferentes, potencialmente igual de válidos para su empleo por parte de no científicos en la búsqueda de esta comprensión? La Academia Científica siempre se insistirá en autovalidarse. De modo que sus confiadas pretensiones tienen que ser sometidas a un severo interrogatorio por parte de la fiscalía (los filósofos de la ciencia) y el veredicto tiene que emanar de un jurado de sus iguales (los demás seres humanos), especialmente cuando están pagando la factura.
Thomas Kuhn, cuyo libro de 1961 La estructura de las revoluciones científicas trastornó el consenso establecido de la percepción de la autoridad científica, describió la «ciencia normal» como una actividad de resolución de rompecabezas por parte de investigadores insertos dentro de un paradigma. Estos investigadores tenían la tendencia a estar satisfechos con el paradigma (que puede describirse como un marco de presuposiciones que define lo que constituye la buena ciencia y cuáles son los enigmas que merecen su investigación). Los científicos abordan enigmas que se supone que tienen respuestas desde dentro del paradigma; no están motivados a plantear un desafío al paradigma como tal, según exponía Kuhn. Como tal, la comunidad científica puede ser comparada con un gremio de partes interesadas que se apoyan entre sí pero que marginan a los que están fuera del paradigma. Kuhn sugirió incluso que los científicos son incapaces de comprender otros paradigmas, porque hablan un lenguaje diferente: por ejemplo, un newtoniano significa una cosa con el término «masa», pero un einsteiniano significa otra cosa bien diferente.
El actual sentimiento de muchos académicos es que Kuhn puede haber simplificado excesivamente algunas cosas, pero no se puede hacer caso omiso a sus ideas. La Revolución Kuhniana engendró unos campos de estudio relacionados como la Sociología de la Ciencia, la Historia de la Ciencia y la Retórica de la Ciencia —que ahora poseen sus propios departamentos académicos en las universidades principales. Estos departamentos aplicaron el método científico a la ciencia misma. Demostraron la falta de base para un desfile triunfal de la ciencia como una inexorable Marcha de Progreso hacia La Verdad. La ciencia ahora tenía que ser considera como cualquier otra empresa llevada a cabo por seres humanos falibles. Filósofos, sociólogos, historiadores y retóricos cortaron y rebanaron la ciencia en pequeñas lonchas. ¿Qué queremos decir por descubrimiento científico? ¿Qué queremos decir por explicación científica? ¿Qué ramas de la ciencia deberían quedar incluidas en las Facultades de Ciencias? ¿Las Ciencias Políticas, las Ciencias Económicas, las Ciencias de la Mente? Estas preguntas llevaron a otros ataques contra la supuesta autoridad de la ciencia. Se presentaron la predicción y la falsación como indicadores fiables de validez científica. La División de Humanidades se levantó para destronar a la División de Ciencias. Los sociólogos se dedicaron a escribir artículos y libros acerca de la manera en que los científicos «fabrican» realidad; analizaron los factores sociales emocionales que los motivan, y cuestionaron la validez de sus pretensiones. Nació así el Postmodernismo, en el que influyentes sociólogos presentaban la ciencia como un mero texto, sujeto a una diversidad de interpretaciones igualmente válidas.
Los científicos contraatacaron en las Guerras Científicas de la década de 1990 y lograron la victoria, pero más por la fuerza de la retórica y por la terquedad que por ganar el debate. Muchos científicos actualmente se reclinan cómodos en una postura llamada «realismo científico». Aunque más restringidos en su alcance epistémico que el Positivismo Lógico de la década de 1930, sigue pretendiendo tener un contacto fiable con la Realidad. Pero el realismo científico sigue siendo sin embargo muy difícil de defender en el mundo post-Kuhniano. Los científicos pretenden que sus investigaciones se relacionan con la naturaleza tal como es, y por ello tienden a trabajar como lo hacían los positivistas. Siguen introduciendo algo del mismo equipaje positivista en su actividad, como el supuesto de que todo en la naturaleza pertenece al dominio de la Ciencia, y que la Ciencia es mejor que otros modos de investigación. (Mejor no preguntarles qué significa «Ciencia», porque nadie ha podido nunca definir un criterio de demarcación entre ciencia y pseudociencia que preserve lo bueno y que excluya lo falso; tampoco pueden describir un «método científico» a prueba de fallos que sea exclusivo de la División de Ciencias.) Mientras, en 2008, la Ciencia sigue su carrera, generalmente financiada por el gobierno, que tiene la esperanza de que el público haya olvidado (o que nunca haya oído) las profundas controversias relativas a la naturaleza misma de la ciencia.
Todo esto ha sido un preludio necesario al planteamiento de preguntas acerca de estos dos artículos. En cierto sentido, estos artículos son un llamamiento al respeto de parte de sus semejantes. Quieren que tú, el lector, reconozcas que los autores han dado con algo que se acerca a «la verdad» acerca de la realidad. Esperan que supongas que sus explicaciones son válidas para estos fenómenos cuyos efectos observamos hoy, aunque la secuencia histórica no lo es. Debemos respetar sus opiniones porque, a fin de cuentas, ellos son científicos, y tuvieron que trabajar duro y aprender mucho para adquirir tal título. Deberíamos honrar a quien merece honra. Pero el honor no necesariamente va correlacionado con la verdad.
Ante todo, deberíamos hacer notar que los enigmas que examinan estos investigadores en los artículos mencionados no son enigmas científicos tradicionales. Faraday o Joule podían repetir experimentos sobre imanes y energía una y otra vez. Sus experimentos podían ser reproducidos por otros. Las leyes que describieron llevaron a inventos —motores, calefactores eléctricos, electroimanes— que validan sus conclusiones constantemente. En cambio, ¿cómo podemos replicar la reconstrucción de la supuesta historia de Marte durante millones de años? ¿Cómo vamos a reproducir la enrevesada historia de intronización, o conocer la escala de tiempo a lo largo del cual tuvieron lugar los cambios? Vemos Marte tal como está ahora; vemos intrones ahora, pero no podemos observar lo que sucedió antes. Incluso el diminuto lapso temporal que tenemos disponible para observar procesos actuando en el presente no nos garantiza que no hubo otros factores involucrados en el pasado. Por ello, la utilidad de sus opiniones parece dudosa.
Al llegar a este punto, el científico apelará a otros factores para apoyar la autoridad del método «científico» que se expresa en estos artículos; el enorme cuerpo de literatura publicada por otros científicos, el historial de la ciencia, el conocimiento experto colectivo (y por ello la autoridad) de la comunidad científica, el valor de la revisión por pares, la calidad de sus datos, y el valor que se percibe de sus esfuerzos cuando se miden por la buena disposición del gobierno de financiar su trabajo, por mencionar algunos. Estos factores pueden ser perfectamente válidos cuando se trata de lo que es observable, repetible y susceptible de ensayo en el presente, pero debemos preguntar: ¿Son acaso garantía de fiabilidad para inferencias acerca del pasado no observable? Recordemos que una inferencia aparentemente obvia puede ser falsa. Imaginemos un grupo de científicos buscando al príncipe en la obra de Mark Twain El Príncipe y El Mendigo. Podrían dedicar la mayor parte del tiempo a entrevistar candidatos en el castillo. Se podría publicar una detallada hipótesis acerca de por qué el hijo de un cierto noble es el mejor candidato. Mientras, el verdadero príncipe estaba conviviendo con vagabundos en las calles.
Con todo el respeto que nos merece la ciencia, queremos poner nuestro grano de arena a fomentar entre los científicos y observadores de la ciencia el respeto a la buena práctica académica, a valorar el conocimiento y la comprensión, y a apreciar las maravillas de la naturaleza sin tratar al Establecimiento Científico como un sacerdocio. Estos artículos pudieran dar una explicación válida. Podrían estar radicalmente equivocados. Al evaluar una hipótesis o propuesta de explicación científica, seamos conscientes de que los siguientes factores no tienen nada que ver con la veracidad de la explicación.
· Suposiciones ocultas: El artículo relativo a Marte trataba los miles de millones de años como un hecho asumido. El artículo relativo a los intrones trataba la evolución como un hecho asumido. Ninguno de ambos supuestos es un prerrequisito para explicar los fenómenos respectivos.
· Presión social: El científico inconformista es por lo general un mito. La mayoría de científicos asisten regularmente a conferencias con colegas en su campo. Los deseos humanos de respeto y reconocimiento, y la evitación del ostracismo, pueden ser unos motivos poderosos. Los colegas pueden ser tolerantes ante alguien poco convencional —hasta cierto punto. Algunos irán tan lejos en sus conceptos como para alcanzar las esquinas de la caja, muy pocos estarán dispuestos a pensar fuera de la caja.
· Impulso: La fuerza de la tradición puede ser un factor poderoso, incluso en las ciencias. Los ingenieros civiles generalmente edifican y se adaptan a las infraestructuras ya existentes (p. ej., patrones establecidos de vías de comunicación) en lugar de derribar una ciudad y empezar de nuevo. Del mismo modo, hay poca posibilidad de que se reemplacen la columna geológica y el árbol evolutivo de la vida sólo debido a algunos datos contrarios o a los deseos de un inconformista. Es demasiado difícil volver a empezar. Pensemos en todos los libros y artículos que quedarían obsoletos. Estos factores tienden a forzar el pensamiento a lo largo de ciertas rutas con independencia de su validez.
· Personalidades: Ciertos campeones científicos tienden a ganarse partidarios como los filósofos en la antigua Atenas. El respeto que se les da puede deberse más a su capacidad en retórica que a su contacto con la Realidad.
· Carencia de inclusividad: Ya vimos en un artículo anterior que la ciencia no puede validarse a sí misma.
· Datos ausentes o engañosos: Nunca podrás saber qué datos críticos faltan y que podrían cambiar drásticamente la interpretación. Consideremos a los historiadores examinando la antigua Roma. Sin el texto del discurso de Marco Antonio en el funeral de Julio César, o un registro del mismo, sólo pueden inferior lo que dijo por el efecto que tuvo en los oyenets. La versión de Shakespeare puede parecer un facsímil razonable, pero, ¿refleja realmente lo que dijo Marco Antonio? ¿Quién podría saberlo?
· Dirección errónea: El artículo acerca de los intrones no emprendió la consideración del origen de la información genética y de la complejísima maquinaria que la traduce y manipula. Y se podría decir que estas son unas cuestiones de mucho mayor interés. El paradigma neodarwinista ya ha decidido acerca de estas cuestiones, y atribuye toda información genética a la mutación y a la selección natural consiguiente. El paradigma no sólo establece un marco interpretativo, sino que margina a todos los que dudan del poder creador de la selección natural, esto es, a los proponentes del Diseño Inteligente, que son rutinariamente calificados como «pseudocientíficos» porque no aceptan de entrada el Paradigma Materialista.
· Hipótesis auxiliares: Ambos artículos necesitaban hipótesis auxiliares para apoyar su hipótesis principal. El artículo relativo a Marte se refería a factores climáticos y fluviales que pudieran haber cementado las capas, pero luego se volvió y usó la hipótesis principal para respaldar las hipótesis auxiliares (esto es, la historia climática de Marte). El artículo acerca de los intrones se apoyaba en factores que pudieran proporcionar protección a la intronización. También esperaba que las mutaciones y la selección reactivarían genes silenciados por intrones, y postulaba que las grandes regiones no codificantes tuvieron que ser genes en el pasado. ¿Cuántos respaldos circulares se necesitan antes de proceder a una reevaluación de la integridad de la estructura central del edificio? ¿Y quién se atreve?
· El mito del progreso: Los científicos suponen generalmente que el conocimiento es progresivo y cumulativo. Las observaciones pueden ser más detalladas, pero el paradigma podría estar progresando sólo en los detalles. Pensemos en que la comida y la decoración pueden ir mejorando más y más en un tren que va en dirección opuesta a la deseada.
· Imágenes mentales: Los científicos, como los demás humanos, están sujetos a contemplar el mundo según sus preferencias personales. Sus imágenes mentales de cómo el mundo llegó a existir, y de cómo opera, pueden predisponer su investigación y los métodos mismos de investigar.
· Compartimentación: Tenemos la tendencia a pensar en la «Ciencia» como un coto cerrado. En realidad, sus vinculaciones con la historia, el derecho, la economía, la filosofía, la psicología, la teología, la retórica y la estética son muy fuertes. Un corolario es que los académicos en cada uno de estos otros departamentos emplean razonamientos parecidos a los del científico.
· Segregación: Los científicos tienden a vivir en sus propias comunas, trabajando sus campos para el beneficio mutuo. Si un científico consigue dar fama a su departamento, consigue más financiación, gana un Premio Nóbel u otro galardón, esto se considera como un éxito —tanto si sus descubrimientos son ciertos como si no.
· Integración: Cuando has sido iniciado en las filas del Gremio de la Ciencia (quizá al conseguir un Doctorado, publicar tu primer artículo, o conseguir un contrato con un instituto de investigación), ¿es científico todo lo que hagas a partir de entonces? Ser científico, ¿te convierte en una Autoridad aparte de la justificación de las propuestas por razonamientos sólidamente fundamentados en los datos?
· La falibilidad de la revisión por pares: Los revisores de un artículo son igual de humanos que los autores. Están sometidos a los mismos prejuicios y presiones sociales que los demás. En años recientes han ido apareciendo críticas de la revisión paritaria. Revisores anónimos pueden rechazar el artículo de un competidor; los revisores pueden sentirse mal dispuestos a respaldar alejamientos radicales respecto al paradigma; y los revisores pueden carecer de la capacidad o de la disposición a comprobar los datos de una manera suficiente para impedir fraudes.
· Falibilidad de las referencias: El artículo relativo a Marte contenía 32 referencias; el artículo acerca de los intrones, 137. Esto tiende a impresionar a los lectores y a ganar puntos de credibilidad. Pero vimos en el artículo para 17/3/2006 que las revistas científicas pueden perpetuar ideas falsas. Los autores tienden a referenciar artículos anteriores como apelaciones a la autoridad exactamente igual que los académicos medievales se remitían a Aristóteles. Los investigadores carecen del tiempo necesario para comprobar realmente todas estas referencias, y mucho menos para reproducir sus resultados. Por tanto, las referencias, por valiosas que sean para cualquier académico, pueden contribuir a forjar cadenas de razonamientos que, fundamentados o falsos, se vuelven tan fuertes que llegan a ser muy difíciles de romper.
· Presión de los pares: «Publicar o perecer» y otras presiones sociales (el deseo de aparecer publicado en revistas de perfil elevado o de aparecer como un coautor entre autoridades respetadas) podría mediatizar la capacidad de pensar con claridad e independencia acerca del fenómeno que se está estudiando.
· El rastro del dinero: «Seguir el dinero» es un buen consejo en ciencia igual que en política. Los grandes fondos de inversión están respaldando la investigación sobre el calentamiento global, las células madre embrionarias y ciertas formas de cáncer, y excluyen otros campos de interés. La financiación no tiene una relación necesaria con la validez o importancia del tema que se investiga, pero puede tener un profundo efecto en la motivación de los científicos. Cuando la Fundación Nacional de las Ciencias dedica millones de dólares a estudiar astrobiología o el árbol de la vida de Darwin, ¿acaso podemos esperar que los que reciben estos fondos volverán con una comunicación diciendo que todo resultó en un callejón sin salida?
· La prioridad del paradigma: Nadie aborda un enigma natural con la mente como una tabla rasa. Todas las influencias anteriores contribuyen a acercarse al enigma con un prejuicio. La verdadera solución al enigma podría ser muy diferente de la solución en la que está llegando en el contexto del consenso (véase el comentario sobre astrobiología). Como ejemplo espectacular, se pueden leer las citas en una página del Comité del Senado de los EE. UU. sobre Medio Ambiente y Obras Públicas relativas al calentamiento global. Sin adoptar desde aquí una postura determinada sobre el calentamiento global, podemos imaginar el impacto colosal que tendría la refutación del consenso de un calentamiento global debido a causas humanas sobre la percepción pública de la ciencia, considerando que Al Gore ganó un Premio Nóbel acerca de esto mismo, y considerando que el mundo está al borde de adoptar medidas económicas drásticas debido a dicho consenso, que parece ser celosamente vigilado por una institución (el IPCC – o Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático).
¿Cuál es entonces nuestra sugerencia? ¿Descartar estas comunicaciones como especulaciones carentes de valor? No: hacer lo que debería hacer cualquier buen estudioso. Aplicar el pensamiento crítico. Seguir el dinero. Cuestionar las suposiciones. Buscar prejuicios ocultos y conflictos de interés. Definir los términos. Comprender el contexto. Hacer las preguntas apropiadas. Separar los datos procedentes de la observación de su interpretación. Respetar los límites del conocimiento. Adoptar juicios provisionales, considerando que se dan revoluciones científicas. Identificar las autoridades. Probarlo todo. Rechazar lo malo; retener lo bueno. Conocerlos por sus frutos. Todo lo que sea bueno, honorable, verdadero y digno de alabanza, en estas cosas pensad. Esto no lo aprendimos en la clase de ciencia. Lo aprendimos en la Biblia.
Fuente: Creation·Evolution Headlines - Applying the Scientific Method to Prehistory 10/12/2008
Redacción: David Coppedge © 2008 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2008 - www.sedin.org