Para la mayoría de nosotros, la práctica de la datación radiactiva parece un método sumamente técnico hasta lo incomprensible que, sin embargo (según nos dicen) proporciona las edades absolutas de los objetos que se determinan. No sabemos exactamente cómo llegan a estos resultados, pero se nos dice que debemos confiar en ellos porque algunas personas muy inteligentes consiguen los resultados usando ciencia pura y dura con instrumentos sumamente precisos. Podría ser útil mirar por encima de sus hombros para ver cómo lo hacen. Un par de recientes artículos trataban acerca de la datación por el método de uranio-plomo, la clase de método que generalmente da edades en millones de años.
Cristal de zircón — de Tocantins, Peixes, Goiás, Brasil
Cristal de 2 x 2 cm
Fuente: Wikipedia Commons
- Un artículo en Science1 redactado por un equipo internacional de geocientíficos consideraba indicios de plutonio-244 extinto en rocas australianas datadas como de 4,2 mil millones de años de antigüedad. El Plutonio-244 tiene un período de semidesintegración de 82 millones de años. Los autores, Turner et al., comienzan suponiendo que el Pu-244 estaba bien mezclado dentro de la nebulosa que supuestamente formó el sistema solar. Por cuanto se supone que las rocas australianas están entre las más antiguas de la tierra, querían determinar la relación del plutonio respecto del uranio (Pu/U) para encontrar claves de la primitiva evolución de la tierra. Se hubiese producido xenón 136 primariamente debido al plutonio-244 en los primeros años de la tierra, debido a su más rápida desintegración, y luego el uranio-238 hubiera ido predominando gradualmente; pero la relación es tan baja, 0,004 a 0,008, que el U tiende a abrumar la contribución del Pu a no ser que las rocas tengan una antigüedad superior a 3,8 mil millones de años, a decir de los autores.
- Extrajeron ocho diminutos cristales de zircón de un tamaño de sólo 50–200 micrómetros, de rocas que ellos afirman que tienen entre 4,1 a 4,2 mil millones de años. La detección del xenón en un grano tan diminuto —una mil billonésima de un centímetro cúbico— está fuera del alcance de la mayoría de los instrumentos, «comparable a los niveles de blanco y a la sensibilidad de los espectrómetros de masas de los gases nobles» (esto es, el instrumento no detectaría ninguna presencia de xenón). El equipo desarrolló lo que ellos dicen es un instrumento más sensible capaz de ir dos órdenes de magnitud por debajo de dicho bajo umbral de detección, y descubrió unos pocos miles de átomos de xenón. Midieron las relaciones isotópicas del xenón procedentes de ocho zircones, y representaron sus resultados de forma gráfica. Sólo dos de ellos cayeron dentro de la línea Pu/U que se esperaba de la edad de las rocas, en comparación con cocientes medidos en meteoritos que supuestamente son anteriores a la formación de la tierra.
- Las otras seis fueron «discordantes», fuera de las expectativas por márgenes entre 24% a 97%. Su explicación para las mismas es: «Esto podría ser resultado de una pérdida preferencial del xenón previamente formado por el Pu o el resultado del fraccionamiento químico del Pu y del U durante o antes de la formación de los zircones». Pero, ¿cómo podría ser esto cuando dice ellos que «el Xe es retenido de forma tan intensa al menos como el Pb» [el plomo, el producto final de la fisión]? Lo cierto es que también se ha comprobado que el plomo lixivia desde los zircones, y estos cristales han padecido una larga y accidentada carrera: «Sin embargo, la pérdida de Pb asociada con la metamictización se observa comúnmente en los zircones, y dada la antigüedad y la compleja historia de los antiguos zircones detríticos, es probable que también se haya dado pérdida de Xe en una porción de nuestras muestras». Esta crónica podría haber incluido «eventos de difusión o de recristalización» y otros procesos metamórficos. La mayor parte de la pérdida hubiera tenido lugar en época temprana, cuando la producción de xenón desde el plutonio era dominante, según el modelo que proponen, de modo que esto explicaría por qué la relación se quedaba corta de las expectativas. «Ser más definitivo exige una relación adicional entre el tiempo de pérdida de Xe y el grado de la pérdida», sugieren. De modo que su estudio sólo puede pretender un éxito parcial, y exigirá más trabajo: «El cociente más elevado Pu/U que se implica está dentro del rango de estimaciones de meteoritos, pero, para cuantificar un cociente Pu/U global para la Tierra primitiva, investigaciones futuras exigirán una mejora en la comprensión del comportamiento geoquímico del Pu en relación con el U y los elementos de tierras raras en la cristalización del zircón».
- Un artículo en el número de octubre de 2004 de Geology1 databa el límite devónico-carbonífero con una aproximación de cuatro cifras significativas: 360,7 millones de años, con datación por el método de uranio-plomo, de zircones en Alemania. Sin embargo, un examen más cercano de los métodos de selección y tratamiento de las muestras aplicados por el equipo alemán indica que se hicieron diversas suposiciones. Primero, la fecha objetivo del período se estableció mediante bioestratigrafía, por el uso de fósiles indicadores (véase entrada para 21/05/2004). Segundo, por cuanto los fósiles generalmente no contienen uranio, las fechas radiométricas tienen que determinarse de materiales no fosilíferos, como cenizas volcánicas que puedan encontrarse en y alrededor de los fósiles (como sucede en este caso) o extraídos de los mismos (en muchos otros casos). Tercero, los zircones fueron sometidos a chorros de aire, luego a calentamiento y a inmersión en soluciones ácidas durante días. Cuarto, las fechas anómalas fueron descartadas, y sólo se mantuvieron 5 de 13. Las que fueron descartadas daban unas dataciones imposibles por antiguas, lo que el equipo lo trató como algo sin mucha importancia y un poco sorprendente:
Sobre la base de 13 análisis (zircones solitarios o fragmentos de zircones), se distingue una generación de zircones más recientes de 5 análisis respecto a generaciones de zircones más antiguos (Tabla 1). Estos últimos, evidentemente heredados [esto es, formados en períodos más antiguos], dieron edades mediante 207PB/206Pb de 444 a 2.044 Ma (Tabla 1). La abundancia de edades precámbricas es un rasgo destacable; observemos que no se detectaron zircones heredados en el estudio de Claoué-Long et al. (1992). Las elipses de error de los zircones más antiguos quedan claramente separadas de una agrupación estrechamente concordante de los análisis de los zircones más recientes, que dan una edad de concordia mediante 206Pb/238U de 360,5 ± 0,8 Ma (Fig. 2A). Esta edad se interpreta como la edad de cristalización de la población de zircones comagmáticos y por ello como la fecha de la erupción de la ceniza. Los zircones comagmáticos son sólo una pequeña fracción de la población total de zircones. Es posible que la generación más reciente de zircones ocurra como cercos con dimensiones de micrómemtros alrededor también de zircones heredados, pero estas nuevas zonas de crecimiento fueron eliminadas por el procedimiento de abrasión neumática antes de la disolución de los granos.
Para los no iniciados, podría parecer sorprendente la cantidad de pretratamiento de las muestras que tiene lugar como procedimiento estándar en las dataciones radiométricas:
Los zircones seleccionados para el análisis se sometieron a abrasión neumática (Krogh, 1982), y la mayoría de las muestras fueron además limpiadas durante 2 h en HF-HNO3 concentrado (4:1) a 80°C para eliminar impurezas. Después de un lavado con HNO3 7N a 80 °C durante 25 min, se pusieron granos individuales en microcápsulas de Teflón para muestras múltiples y se disolvieron durante al menos 4 días en HF-HNO3 concentrado (4:1) a 180°C [285°F]. Posteriormente, los zircones disueltos se mezclaron con una solución trazadora mezclada de 233U-205Pb, se secaron a 80°C, se volvieron a disolver en HCl [ácido clorhídrico] 6N, y se equilibraron a 180°C durante 1 día. Después de secar a 80°C, las muestras se cargaron sobre un filamento simple de Re usando una mezcla de gel de sílice y de HCl 6N–H3PO4 0,25N.
Esto es sólo para empezar. El equipo también «corrigió» sus mediciones; por ejemplo: «Para cada carga de muestras, se supuso que el blanco máximo de Pb era equivalente a la cantidad total de Pb no radiogénico en el análisis de la muestra más radiogénica». Además, las mediciones se realizaron sobre granos sumamente diminutos, de millonésimas de pulgada, con masas de plomo del orden de décimas de picogramos (mil millonésimas de gramo): «Fue por ello necesario reducir el blanco de Pb tanto como fue posible ... mediante una manipulación extremadamente cuidadosa de la muestra». Cuando las mediciones resultaron demasiado bajas, se realizaron suposiciones: «El blanco de U era demasiado pequeño para poderlo medir y por ello se supuso que ascendía a un 20% del blanco de Pb individual, basado en la experiencia con el análisis de muestras en la gama de miligramos» (esto es, supusieron que sus muestras seguían curvas establecidas para muestras diez millones de veces más grandes).
Las fechas a las que se llegó para el límite devónico-carbonífero, 360,7 millones de años, no se calcularon directamente. Se interpolaron de las fechas que quedaron después de chorros neumáticos, ácido, calor, y la interpretación de muestras seleccionadas.
1Turner et al., «Extinct 244Pu in Ancient Zircons», Science, Vol 306, número 5693, 89-91, 1 octubre 2004, [DOI: 10.1126/science.1101014]. 2Trapp et al., «Numerical calibration of the Devonian-Carboniferous boundary: Two new U-Pb isotope dilution-thermal ionization mass spectrometry single-zircon ages from Hasselbachtal (Sauerland, Germany)», Geology, Vol. 32, No. 10, pp. 857–860, doi: 10.1130/G20644.1. Observemos lo que hizo el grupo de Turner. En primer lugar dieron por supuesto lo que tenían que demostrar: que las rocas tenían realmente una antigüedad de 4,2 mil millones de años. La edad del sistema solar (4,56 mil millones de años) y la edad de los meteoritos no estaban sujetas a revisión: eran datos, supuestos de principio. Luego observemos las diminutas cantidades que tenían para trabajar: cristales que pesaban unas pocas millonésimas de gramo. El xenón que estaban buscando estaba por debajo del umbral de detección de la mayoría de los instrumentos; ¿cómo puede tener nadie la seguridad de que su instrumento de láser, que detectó unos pocos miles de átomos en el cristal, no perturbó los átomos en su mismo proceso? (después de todo, el xenón es un gas). Luego, observemos que sólo un 25% de sus 8 muestras cumplió las expectativas, de modo que el resto se tenían que explicar de la manera que fuere. Bien, ¡veamos la explicación! Los cristales habían estado sometidos a violentos procesos metamórficos de calentamiento y de recristalización, y a pesar de que el plomo se lixivia más fácilmente de las muestras, el plomo de alguna manera permaneció, y el xenón se perdió.
Estos ocho diminutos zircones se encontraron en depósitos detríticos. Según el Gran Diccionario Enciclopédico Planeta, «detrítico, ca adj. GEOL. Dícese de toda formación sedimentaria resultante de la disgregación de rocas preexistentes. m. GEOL. Formación caracterizada por sedimentos procedentes de la disgregación de otros materiales.» ¿Cómo puede ningún geoquímico saber que estos minúsculos cristales, después de unos supuestos miles de millones de tectónica de placas, volcanismo, desgaste y erosión, se remontan al nacimiento de la tierra? ¿Cómo pueden conocer la composición de una supuesta nebulosa, ni la cantidad de procesado y mezcla de elementos que tuvo lugar antes que se solidificase la corteza de la tierra? ¿Siente el lector ninguna confianza de que este experimento nos esté diciendo nada en absoluto acerca de la historia de la tierra hace miles de millones de años? Todo esto es absurdo. Los zircones existen en el presente, no en el pasado, y no vienen con fechas estampadas en los mismos. Urdir toda una historia acerca de lo que estas rocas estaban haciendo hace 4,2 mil millones de años exige muchas suposiciones imposibles de demostrar. También exige pasar por alto muchos otros procesos bien comprendidos que demuestran que la tierra no puede tener tanta antigüedad.
Para demostrar que el artículo de Turner et al. no era un caso aislado de entresacado selectivo de datos, el segundo artículo aparecido en Geology da adicional evidencia de que la datación radiométrica adolece de los defectos de la petición de principio, de argumentos circulares, y otras falacias lógicas, incluyendo extrapolaciones injustificadas (véase también Las dataciones radiométricas: ¿Ciencia o Alquimia?). En dicho artículo Richard Kerr hace la observación sobre algunos de los desagradables «detallitos que no llegan a publicarse», especialmente la selección y el rechazo de los datos según se prefiere. Otra vez, este equipo descartó más de la mitad de las muestras, porque habían dado fechas demasiado antiguas para sus fines. Algunas resultaron tener casi seis veces la antigüedad deseada, lo que las hubiera situado en el precámbrico. Así, para acabar en este depósito de cenizas volcánicas, estos zircones más antiguos hubieran tenido que sobrevivir al menos un viaje a través de la chimenea del volcán, quizá muchos (a fin de cuentas, es mucho lo que puede suceder en 1,684 mil millones de años, con un margen de error de más o menos 1,683995 mil millones de años). El equipo se deshizo de esta dificultad con estas palabras: «La abundancia de edades precámbricas es una característica extraordinaria». Bien, oigamos algunas otras observaciones. Además, seis de las diez muestras tomadas de otra capa límite «se basan en pirámides arrancados de cristales enteros de zircón, y estos fragmentos están típicamente exentos de materiales heredados del núcleo», según otras suposiciones. Creemos que los lectores que oyen hablar de «edades absolutas» determinadas por datación radiométrica tienen derecho a conocer la cantidad de juegos de manos y de jerigonza que se encuentran en los sagrados recintos de los laboratorios del Partido Darwinista. La relación que cuenta en cualquier método de datación no es el cociente de Pu/U o de U/Pb, sino la que hay entre O/S (observaciones y suposiciones). Un método cauteloso de datación observaría cuidadosamente los procesos actuales y mediría el ritmo de cambio, y luego intentaría imponer un límite máximo acerca de cuánto tiempo este proceso podría operar, con un mínimo de extrapolación: «este fenómeno no puede tener más que “x” años» (porque, más pronto o más tarde, la fuente se secará, o el producto quedará saturado). Un método maximalista de datación, en cambio, exige mucha extrapolación. Intenta establecer un límite inferior a la edad de algo: «este fenómeno no puede tener menos que “y” años». El método cauteloso tiene un componente mucho más elevado de observación frente a las suposiciones. Por ejemplo, nuestros conocimientos acerca de la desintegración radioactiva se remonta a unos 100 años. Si somos cautelosos, podemos extrapolar algo hacia atrás o hacia adelante, pero deberíamos tener cautela más allá de uno o dos órdenes de magnitud. Sin embargo, la mayoría de geólogos evolucionistas extrapolan temerariamente las velocidades observadas de desintegración ¡por siete órdenes de magnitud!
Incluso si pudiese confiarse en los ritmos de desintegración radiactiva hasta un pasado tan remoto, sabiendo que nuestras teorías de la física fundamental siguen experimentando revoluciones (p. ej., energía oscura, partículas exóticas, teoría de cuerdas), este artículo ilustra que nadie puede conocer las condiciones iniciales ni los procesos posteriores que pudieran haber alterado las muestras, sin realizar otras suposiciones. Contar átomos y medir ritmos actuales de desintegración puede ser ciencia pura y dura, pero las conclusiones surgen de un contexto plagado de suposiciones. Los astrólogos eran muy buenos observadores de los movimientos de los planetas, pero la precisión de sus mediciones no justificaba sus suposiciones. Antes de aceptar ningunas conclusiones expuestas por los magos, se debe siempre proceder a separar las observaciones de las suposiciones. Respetemos las observaciones: pongamos en duda las suposiciones.
NOTA: Edades históricas conocidas contra edades radiométricas
Un aspecto poco tratado, pero que se mantiene en pie, es el de las discrepancias por órdenes de magnitud que aparecen cuando se realiza una datación radiométrica a una formación de edad conocida por estar dentro del registro histórico humano, y se compara la edad real conocida con la edad obtenida por el método. De este modo, que observa que flujos de lava de Hawai de poco más de 200 años dan edades de entre 1.600.000 a 2.960.000.000 años, que un basalto de Sicilia del año 122 a.C. da una edad de alrededor de 250.000 años, y ootro del 1792 d.C. da una edad de alrededor de 350.000. Asimismo, materiales formados en la erupción del Monte St. Helens en 1980 dan edades entre 350.000 y 2.800.000 años.
Si todas las fechas obtenidas por medios radiométricos con materiales de edad conocida resultan falsas de manera sistemática y por muchos órdenes de magnitud, ¿qué fiabilidad se puede otorgar a aquellas dataciones realizadas sobre materiales que no se pueden contrastar de la misma manera? Si no supiéramos realmente la edad histórica de las formaciones modernas del Monte St. Helens (1980), ¿deberíamos aceptar para las mismas una antigüedad de entre 340.000 a 2.900.000 de años que nos proporciona el método potasio-argón? La realidad es que se ha atribuido una enorme antigüedad a muchas capas geológicas sobre la base de la datación mediante potasio-argón de intrusiones volcánicas en las capas. El célebre cráneo KNMER 1470 desenterrado por el cazador de fósiles Richard Leakey en Kenia fue «datado» por este mismo método aplicado a materiales volcánicos a su alrededor.
A continuación damos unas tablas con algunos de los resultados que dan una visión de conjunto de esta situación:
Tabla A. «Edades» por el método potasio-argón para flujos de lava en tiempos históricos (de Dalrymple1).
Flujo de lava histórico | Edad potasio-argón
(en millones de años) |
Hualalai, basalto
(Hawai,
1800–1801 d.C.) | 1,60 ± 0,16
1,41 ± 0,08
> (2 muestras) |
Mt Etna, basalto (Sicilia, 122 a.C.) | 0,25 ± 0,08 |
Mt Etna, basalto (Sicilia, 1792 d.C.) | 0,35 ± 0,08 |
Mt Lassen, plagioclasa
(California, 1915 d.C.) | 0,11 ± 0,03 |
Sunset Crater, basalto
(Arizona,
1064–1065 d.C.) | 0,27 ± 0,09
0,25 ± 0,15
(2 muestras) |
Tabla B. «Edades» por el método potasio-argón para muestras de roca íntegra y de concentrados minerales procedentes del domo de lava en el Monte St. Helens (de Austin2).
| Muestra | Edad / millones de años |
1 | Roca íntegra | 0,35 ± 0,05 |
2 | Feldespato, etc. | 0,34 ± 0,06 |
3 | Anfíbol, etc. | 0,9 ± 0,2 |
4 | Piroxeno, etc. | 1,7 ± 0,3 |
5 | Piroxeno | 2,8 ± 0,6 |
Otra datación de un flujo de lava en Hawai en tiempos históricos, registrado en 1800-1801—hace poco más de 200 años—dio un resultado, con el método de argón-potasio, de 2.960 millones de años.
3 El análisis de muestras de materiales de la erupción de 1954 del volcán Mt Ngauruhoe (Nueva Zelanda) da también resultados de entre 250.000 y más de 3,5 millón de años.
41. Dalrymple, G.B., 40Ar/36Ar analysis of historic lava flows, Earth and Planetary Science Letters 6:47–55, 1969.
2. Austin, S.A., Excess argon within mineral concentrates from the new dacite lava dome at Mount St Helens volcano, Journal of Creation 10(3):335–343, 1996.
3. J. G. Punkhouser and J.J. Naughton, He and Ar in ultramafic inclusions, Journal of Geophysical Research, Vol.73, 1968, pp. 4601-4607.
4. Snelling, A.A., The cause of anomalous potassium-argon ‘ages’ for recent andesite flows at Mt Ngauruhoe, New Zealand, and the implications for potassium-argon ‘dating’, In: Walsh, R.E. (ed.), Proceedings of the Fourth International Conference on Creationism, Creation Science Fellowship, Pittsburgh, Pennsylvania, pp. 503–525, 1998.