Un artículo en Nature de 17/01/2001 daba por primera vez una detallada descripción de uno de los canales de cloruro de la célula, unos complejos poros en la membrana de la célula que permiten el paso de iones negativos como el Cl- de la sal de mesa, pero que lo impiden a otros. (Para un buen resumen e ilustración a nivel de divulgación, véase el comunicado de prensa en el portal de internet del Instituto Médico Howard Hughes.) Thomas Jentsch describe esto como otro «espectacular avance» del equipo de Roderick MacKinnon. Comienza explicando: «Los canales iónicos son proteínas con una tarea aparentemente simple —permitir el flujo pasivo de iones a través de membranas biológicas. Pero este proceso exige más sofisticación de la que uno se imaginaría». El texto completo del artículo revela que estos canales son «asombrosamente diferentes» a los canales catiónicos (los que permiten el paso de iones con carga positiva), y resulta que se trata de exquisitos complejos proteínicos con puertas compuestas de extremos con carga negativa (que normalmente repelerían iones de cloruro) que aparentemente oscilan para abrirse y dar paso a las moléculas deseadas. Los autores explican la importancia de estos canales de cloruro:
El nacimiento de una idea (2007) por Julian Voss-Andreae.
Esta escultura fue comisionada por Roderick MacKinnon
basada en las coordenadas atómicas de la molécula
depositadas por el grupo de investigación de MacKinnon en 2001.
Fuente: Wikipedia Commons
Esta escultura fue comisionada por Roderick MacKinnon
basada en las coordenadas atómicas de la molécula
depositadas por el grupo de investigación de MacKinnon en 2001.
Fuente: Wikipedia Commons
Los iones de potasio, sodio, calcio y cloruro son usados de manera ingeniosa por los sistemas vivos en el desempeño de tareas celulares fundamentales. Por medio de la acción de bombas iónicas, una gran proporción de la energía metabólica de la célula se aplica a establecer gradientes iónicos transmembranales. Estos gradientes, mediante la acción de los canales iónicos, se usan para producir señales eléctricas, para activar rutas de transducción de señales, para regular el volumen de la célula y para mediar el transporte de fluidos y electrólitos. Para llevar a cabo estas tareas, un canal iónico ha de ser selectivo, es decir, permitir sólo el paso de ciertas especies iónicas a través de su poro.
La ubicación precisa de extremos cargados de aminoácidos a lo largo del poro atrae a los iones cloruro canal abajo, sin ser tan atractivos que los iones se enlacen a los mismos y se atasquen. El malfuncionamiento de estos canales está implicado en ciertas enfermedades musculares y renales graves. Algunos animales tienen tanta cantidad de estas bombas iónicas que pueden generar un potente choque eléctrico. Dice Jentsch: «Sobre la base de unos elegantes estudios biofísicos de Miller y White, que han desvelado que la raya eléctrica Torpedo contiene grandes cantidades de un peculiar canal aniónico, mi grupo clonó en 1990 el primer canal de compuerta de voltaje de Cl-. Lo llamamos ClC-0, porque dimos por supuesto que encontraríamos una familia de canales de Cl-. Esto resultó cierto: los canales CLC se encuentran en todos los reinos vivos, donde los humanos solos tienen nueve diferentes genes para CLC».
La raya eléctrica puede generar 200 voltios. En otro tema relacionado, EurekAlert informó al día siguente que los científicos de la Universidad de Massachusetts han descubierto microbios en el fondo marino que general electricidad, y la Marina está interesada en cosechar estos microorganismos para crear baterías vivas. Véase el artículo original en Science del 18 de enero de 2002.
Y hablando de familias de proteínas, dos científicos creacionistas, en un artículo publicado en TJ Technical Journal 2001 #3 (subido en AIG 16 enero 02) ilustran cómo constituyen un poderoso argumento en pro del designio y en contra de un origen materialista.
Actualización El 4/03/2002 Scientific American publicó en Internet una entrevista con MacKinnon acerca de cómo su equipo realizó su descubrimiento y de cómo funciona el canal de potasio. De pasada, hace este cmentario: «... la cavidad y estas hélices fueron justo un maravilloso plan que usó la Madre Naturaleza para resolver este problema, sabe usted, como si un ingeniero muy brillante lo hizo todo. Me parece muy fascinante».
Actualización 30/12/2002: En un nuevo artículo en el número de 27/12/02 de Cell, MacKinnon desscribe cómo otro tipo de canal de potasio actúa como un sensible rectificador biológico.
La complejidad de la vida es abrumadora. Aquí, la membrana está cubierta de estos poros especializados con «filtros selectivos» y puertas para atraer y conducir las moléculas deseadas al interior, pero manteniendo fuera a invasores no deseados. Todos los seres vivos los tienen, todos son sumamente complejos, y sin ellos la vida no podría existir.
Comparemos las realidades empíricas que vemos aquí con las historias que cuentan los evolucionistas acerca del origen de una célula viva. Generalmente describen una membrana de lípidos que se ensambla espontáneamente por atracción electrostática o hidrófila para formar una bolsa sin costuras. En el interior habría unos pocos nucleótidos de ARN, aminoácidos, azúcares y otros «componentes de la vida» (es de esperar que sin el perjudicial oxígeno o moléculas asesinas de alquitrán que actuasen de manera destructora). Pero si la membrana queda cerrada, sin la capacidad de realizar transporte activo de los necesarios ingredientes al interior o de eliminar las toxinas no deseadas expulsándolas al exterior, la primitiva célula se transforma en una trampa mortal. Las moléculas en el interior son todo lo que tiene la evolución para trabajar. La situación no podrá mejorar. Incluso si por algún inconcebible milagro mágico sucediese algo maravilloso dentro de este subconjunto infinitesimal del caldo primordial, seguiría siendo una trampa mortal. A no ser que la protocélula pudiese dividirse en dos copias idénticas, la selección natural, la varita mágica del darwinismo, no podría ni comenzar su función.
En cambio, si la membrana fuese porosa, la ósmosis dictaría a ciegas que el tránsito iría de una mayor concentración a una menor concentración, precisamente lo contrario que necesita una célula viva. Por ejemplo, una célula necesita importar la preciosa agua cuando el medio alrededor se está secando, pero la ósmosis garantizaría el proceso inverso, desecando a la pobre célula. Por estas razones, los simplistas modelos evolutivos de una primitiva formación de la membrana por atracción espontánea de las moléculas son contrarios a la realidad. Las observaciones exponen que todos los seres vivos, incluso los más simples, poseen ya familias enteras de estas sofisticadas puertas para controlar lo que entra y sale de la célula. No se conocen intermedios de simples a complejos, y es improbable que se pudiera siquiera concebir de ningún intermedio que diese lugar a la función de un transporte activo sin una multitud de genes y proteínas que controlasen la construcción y operación de estos mecanismos sumamente especializados y de altas prestaciones.
El artículo de MacKinnon sólo menciona la evolución dos veces. Por ejemplo: «Así, parece que la evolución del canal ha resultado en cargas parciales para estabilizar un ión de Cl- y permitir sin embargo rápidas velocidades de difusión iónica». No obstante, omite dar ninguna historia verosímil de cómo esto pudo haber sucedido mediante procesos sin dirección inteligente; fundamentalmente, se limita a admitir que es un diseño elegante. De modo que, ¿cómo se explicaría esto desde la perspectiva del Diseño Inteligente (DI)? Los evolucionistas a veces se quejan de que el DI o el creacionismo sencillamente se rinden y dicen: «Dios lo hizo», pero esto es una burda caricatura. Es suficiente para la ciencia describir el fenómeno incluyendo su contenido en información (incluyendo el software del que el ADN es soporte y la caja de herramientas de producción de proteínas) sin necesidad de especificar «quien lo ha hecho». Hablando de forma estricta, la ciencia empírica no puede abordar la cuestión de QUIÉN, y para los fines de un artículo científico de esta naturaleza no es necesario sacarse de la manga una historia de cómo evolucionó, ni forzar los datos en una historia materialista de un origen evolutivo. La ciencia no «se detuvo en su marcha» porque estos autores omitiesen una explicación sobre el origen de los canales de cloruro. Al contrario, es la creencia en la realidad de un designio para el mundo (información adaptada a función) lo que ha impulsado el avance de la ciencia, y sigue haciéndolo en el día de hoy. Esta es la razón de que el concepto de un Diseño Inteligente es bueno para la ciencia. Los científicos dan en la diana al desvelar asombrosos ejemplos de un diseño inteligente, de una plasmación de un designio en las estructuras de la vida, como el que se ve aquí. El cuentismo evolucionista es una empresa forzada, increíble y superflua.
Fuente: Creation·Evolution Headlines - Wonders of the Salt Gate
Redacción: David Coppedge © 2002 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org

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