La horizontalidad de los estratos de la Mesetadel Colorado se hace evidente en esta fotografía.
Autor: Realbrvhrt
Explicar una inmensa y heterogénea región como la Meseta del Colorado es cosa complicada. La meseta incluye el Gran Cañón del Colorado y las otras asombrosas formas geológicas de la Región de las Cuatro Esquinas —el Cañón Bruce, Zion, Canyonlands, Arches, Capitol Reef, la Gran Escalinata, el Lago Powell, el parque del Bosque Petrificado, el parque Dinosaur, y numerosos otros parques locales. Hay serranías, capas sedimentarias de kilómetros de espesor, gargantas con ríos serpenteantes, fallas, volcanes y áreas en las que los estratos se han inclinado a 90° lateralmente en una extensión de muchos kilómetros. Además, esta meseta se encuentra en medio de una placa tectónica. No es en los márgenes donde tienen lugar la mayoría de los cambios geológicos espectaculares de la tierra.
«Las fuerzas que impulsaron la elevación de las rocas de la Meseta del Colorado, con su bajo relieve, gran altitud y estabilidad tectónica son asunto de un permanente debate», reconocieron. Esta inmensa región en Utah, Colorado, Nuevo Méjico y Arizona «experimentó una elevación de rocas de alrededor de 2 km sin ninguna deformación interna significativa». Esto se hace claramente evidente desde los miradores del Gran Cañón. Las capas geológicas se extienden planas como las de un pastel hasta allí donde la vista puede abarcar. Se precisa de una fuerza muy delicadamente equilibrada para elevar una región de esta magnitud sin deformarla. Imaginemos cómo podríamos intentar levantar un gigantesco pastel formado por diversas capas, que ocupase la superficie de una manzana urbana, sin romperlo.2
Para lograr comprender sistemas complejos, los científicos emplean modelos. Estos modelos les permiten centrarse en determinados aspectos que consideran importantes sin atascarse en los detalles. El peligro es que diferentes científicos puedan discrepar acerca de las características principales que se deban explicar. Además, no pueden ignorarse los detalles incongruentes que pudieran refutar el modelo.
Roy, Jordan y Pederson comenzaron observando fallos en modelos anteriores. Nota: la «orogenia Larámida» es un supuesto episodio de erección de montañas al que se atribuye la formación de las Rocosas y de otras cadenas montañosas de Alaska a Méjico. Se supone que tuvo lugar en el Cenozoico medio, hace entre 80 y 35 millones de años. La Isostasia se refiere a la flotación de la corteza sobre el manto; epirogenia significa la deformación de la corteza a gran escala. La provincia Basin y Range incluye las cordilleras y los valles en paralelo de Nevada al oeste. La era Cenozoica seguiría al Cretáceo, y generalmente se data desde hace 65 millones de años hasta el presente.
Anteriores ideas acerca del levantamiento de la roca y/o superficie de la Meseta del Colorado caen en cuatro categorías: un acortamiento relacionado con la Orogenia Larámida del Cenozoico temprano a medio; epirogenia en el Cenozoico medio a tardío; incisión fluvial, y respuestas isostáticas; y elevación dinámica. Aquí exponemos que incluso si se eliminan las contribuciones de una deformación larámida menor y las respuestas isostáticas de flexión a la extensión en los márgenes de la meseta y a la erosión cenozoica neta, queda una elevación residual rocosa superior a 1,6 km que tiene que explicarse mediante procesos tectónicos post-larámidos. Los mecanismos de elevación dinámica pueden impulsar sólo 400–500 m de esta cantidad residual, dejándonos con aproximadamente 1,2 km de elevación rocosa carente de explicación.
Luego ellos introducían su modelo:
Nuestra propuesta es una perturbación térmica y reequilibrio como un mecanismo general para impulsar la elevación rocosa dentro de interiores de las placas, particularmente en regiones de litosfera más gruesa y mermada adyacente a zonas de extensión, como la Meseta del Colorado. Nuestro modelo difiere de anteriores ideas de modificación térmica de la Meseta del Colorado en que se apoya en un proceso post-larámido activado por la eliminación de la placa Farallón y por el comienzo del adelgazamiento en la zonas rift de Basin y Range y de Río Grande. Exponemos que la perturbación térmica que sigue a la eliminación del Terciario medio de la placa Farallón puede explicar la mayor parte de la elevación rocosa observada de la Meseta del Colorado y, adicionalmente, que este mecanismo explica los ritmos observados de avance del comienzo del magmatismo del Cenozoico sobre la meseta.
La mayor parte de su artículo explicaba los detalles de su modelo. Es importante observar que no puede probarse ningún modelo de un episodio histórico, ni tan siquiera ensayarse de manera adecuada. Como mucho, los científicos pueden tratar de encontrar datos que sean congruentes con el mismo, y ver si su escenario global explica las propiedades generales del sistema. Un buen modelo debería también poder hacer predicciones.3 Estos científicos creían que consiguiendo que una losa rocosa se deslizase por debajo de la meseta, causando un mayor calentamiento del manto, podían explicar la elevación de 2 kilómetros. Pero un modelo nunca es la respuesta definitiva. «Unas futuras comparaciones más detalladas con relaciones de fase en un modelo de fusión ha de incluir una química variable e hidratación de regiones fuente y cambios tanto en sustentación química como térmica durante y después del estallido de la ignimbrita del Terciario medio», decían los autores. No volvieron a la observación de que las capas son planas y generalmente carentes de deformaciones.
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2. Observemos también que esta es simplemente la última elevación. Los geólogos creen que esta inmensa región se elevó y hundió varias veces sin deformaciones significativas. En el Gran Cañón, por ejemplo, la formación Hermit (marina) es muy plana a lo largo de la pista Bright Angel Trail. Pero la Arenisca de Coconino, que se supone compuesta de dunas de arena petrificadas de un desierto, yace igual de plana encima de la misma. Por encima de éstas, las calizas de Kaibab y Toroweap yacen como testimonios de otro episodio submarino. Por encima de estos se encuentran miles de pies de más capas de períodos alternativamente húmedos y secos. Se precisa de mucha credulidad para aceptar que estas capas fueron subiendo y bajando sin deformarse.
3. La falacia de «la afirmación del consiguiente» hace dudosas muchas predicciones: «p predice q; q sucede; por ello p causó q». El mero hecho de que una predicción se confirme no garantiza que no se podría explicar mediante otro modelo. De hecho, podría haber una cantidad infinita de otras teorías que pudieran explicar el fenómeno. Esto es lo que llevó a Karl Popper a prescindir de la predicción como criterio de la ciencia, y a proponer la falsación en su lugar (pero la falsación sólo duró un par de décadas hasta que otros filósofos redujeron su valor para la ciencia).
Las explicaciones propuestas para fenómenos históricos deben ser abordadas con un criterio riguroso. El gran público tiene la tendencia a aceptar sin más cuestiones cualquier cosa que se publique en un artículo científico sencillamente debido a que aparece en una revista científica. Pero el científico, como todo aquel que propone explicaciones, tiene que demostrar su argumento. Debemos aprender a ser rigurosos ante toda explicación especulativa. Debemos sondear, poner a prueba, razonar y cuestionar. Incluso si uno no comprende toda la jerga, se puede llegar a discernir las falacias y los defectos de razonamiento.
Desde una mentalidad rigurosa se suscitan muchas razones para poner esta propuesta en tela de juicio. En primer lugar, está encadenada con un previo modelo, el de la columna geológica y la escala de tiempo evolutivo. Esto les obliga a ligar los fenómenos a un sistema artificial en lugar de dejar que los datos hablen sin restricciones. Estos autores no se atreverían a situarse fuera del paradigma reinante. Pero conseguir que algo se ajuste a un paradigma no es lo mismo que explicar sus características en el mundo real.
Otro problema es que emplean términos que en realidad constituyen una petición de principio disfrazados de explicaciones científicas. Por ejemplo, observemos el término «orogenia» (formación de las montañas). ¿Por qué existen las Montañas Rocosas? Debido a la Orogenia Larámida. Esto equivale a contestar a la pregunta de un niño de por qué cae una pelota diciéndole: «debido a la gravedad». ¿Y qué es la gravedad?, pregunta el niño a su vez. Respuesta: Una fuerza que hace que las pelotas caigan. ¿Debería quedarse satisfecho el niño cuando se le dice que la pelota cae porque cae, o que las montañas se forman debido a que unas fuerzas formadoras de montañas las formaron? Pero así es cómo un modelo anterior lo había explicado: la meseta se elevó dinámicamente debido a una «elevación dinámica». Hasta un niño se daría cuenta que esto es una manera de eludir la cuestión.
Otro motivo de escepticismo es la naturaleza ad hoc del modelo. Los científicos se imaginaron una placa deslizándose bajo la mitad de otra placa, lo que causó calentamiento, y luego toda la región se elevó 2 kilómetros. ¡Qué bien! ¿De veras lo han explicado, o sencillamente se han inventado un cuento para hacer que su modelo funcione? Otra especulación ad hoc que no se menciona en este artículo pero que aparece en muchos libros guía para visitantes del Gran Cañón es que hay enormes intervalos de tiempo desaparecidos entre las capas geológicas. Por ejemplo, los sistemas Ordovícico y Silúrico no aparecen en el Gran Cañón. Uno puede dar un paso en la pista Bright Angel Trail entre capas que presentan conformidad, y le dirán que acaba de dar un paso a través de 100 millones de años de tiempo geológico «ausente». ¿Cómo? Esta explicación no se basa en datos empíricos, ¡sino en la falta de datos! Hay diversos lugares en los que faltan formaciones. Faltan casi mil millones de años entre la Gran Disconformidad y la Arenisca de Tapeats sobrepuesta. Y no puede encontrarse prueba alguna de la erosión que hubiera sido de esperar a lo largo de unos lapsos de tiempo tan prolongados.
Quizá la mayor causa para el escepticismo es que se silencian detalles importantes de la Meseta del Colorado que refutarían esta teoría (véase la Falacia de la alegación tendenciosa). El modelo de estos autores no explica nada acerca de la ausencia de deformación. ¿Cómo hubieran podido estas capas ser levantadas por 2 kilómetros sin combarse? Muchos estratos en el Gran Cañón cubren cientos y cientos de kilómetros cuadrados —y algunos de ellos se extienden a través de mucha parte de Norteamérica. Esto es comparable a levantar una hoja de papel de varios kilómetros de extensión sin desgarros ni deformaciones. Explicar cómo estas capas pudieron levantarse y descender una y otra vez sin deformarse es de cierto más importante que explicar su mera elevación. ¿Y no es esta la pregunta la que se deberían plantear? Además, la falta de erosión entre muchas de las capas deberían servir de refutación a la creencia de que fueron depositadas a lo largo de millones de años. Y la realidad de que se extienden muchas fallas y muchos pliegues a través de todas las capas, pero que no se detienen a mitad de camino hacia arriba, hace inverosímil la hipótesis de largas eras de tiempo. Muchos otros datos indican que los estratos en la Meseta del Colorado tuvieron que ser depositados de manera rápida y catastrófica, pero los dejaron totalmente de lado en su esfuerzo por presentar un modelo que se ajuste al paradigma evolutivo secular, sólo debido a que los dos Carlos (Lyell y Darwin) querían establecer un sistema de pensamiento que contemplase el mundo actual como resultado de procesos graduales materiales a lo largo de vastas eras.
Al leer los detalles de un artículo científico, no se debe perder de vista el sistema de creencias que genera dicha explicación. La explicación que hemos estado considerando aquí estaba restringida dentro del paradigma evolutivo secular. Por ello, no tiene una necesaria correspondencia con la verdadera historia del mundo. Además, no han tratado con franqueza con las alternativas ni con los muchos detalles que impugnan su modelo. Se ignoran las voces de cualquiera que esté fuera del paradigma materialista. Con o sin jerga, con matemáticas o sin ellas, estos proyectos cerrados a preservar el paradigma reinante no deberían recibir el honroso nombre de ciencia.
Lecturas complementarias:
- George Grinnell, Los orígenes de la moderna teoría geológica
- Varios, ¿Actualismo o Diluvialismo? - El Mensaje de los Fósiles
- Henry M. Morris, Sedimentación y el Registro Fósil - Consideraciones a la luz de la Ingeniería Hidráulica
Fuente: Creation·Evolution Headlines - Raising a Titanic Geological Plateau
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org
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