lunes, 9 de mayo de 2011

La elevación de la Meseta del Colorado: ¿resuelta?

3 mayo 2011 — En la revista Nature, un equipo de geólogos procedentes de cuatro universidades propone un nuevo modelo acerca de cómo la Meseta del Colorado se elevó algo más de un kilómetro y medio por encima de sus alrededores.1 Basándose en datos sísmicos, proponen un mecanismo de «goteo del manto» por el que partes de la corteza inferior se hundieron en el manto, sustituidas por un magma ascendente que se condensó y flotó, como un tubo interior debajo de una tabla en una piscina la haría ascender.

El río Dirty Devil cerca del cañón Twin Corral Box, atravesando la meseta del Colorado. Cortesía de Seth G. Cowdery

La Meseta del Colorado, que cubre una región de 500 kilómetros de anchura en los estados de Arizona, Utah, Colorado y Nuevo México, es célebre por sus espectaculares paisajes, que incluyen el Gran Cañón. Pero su origen ha constituido un misterio (27/06/2010, «La Meseta del Colorado deja desconcertados a los geólogos»). Los autores escriben en su resumen: «El origen de estas grandes elevaciones no está claro porque, a diferencia de las áreas alrededor, que han experimentado una significativa deformación Cretácico-Paleógena por compresión seguida de deformación neogénica en extensión, la meseta del Colorado está mayormente exenta de deformaciones internas». Es como si una región de 335.000 kilómetros cuadrados hubieran flotado ascendiendo más de un kilómetro y medio sin quebrarse (véase La elevación de una titánica meseta). Probablemente todos los que hayan visitado el Gran Cañón se habrán sentido impresionados especialmente por el hecho de que los estratos son horizontales como capas de un pastel a lo largo de cientos de kilómetros. Y los geólogos creen que esta meseta ascendió y se hundió muchas veces.
Para resumir, el modelo que propone el equipo dirigido por Anthony Levander [Universidad Rice] tiene que ver con movimientos debajo de la corteza que pueden sólo deducirse de manera indirecta, a partir de ecos de ondas de terremotos que cambian de velocidad al encontrar regiones de la corteza, del manto y de la astenosfera (el manto inferior). El afloramiento de materiales del manto procedentes de la astenosfera «desestabilizaría la litosfera continental e impulsaría la elevación», dicen ellos. Pero el equipo fue mucho más allá de las observaciones de los datos obtenidos, pasando a proponer múltiples episodios de «goteo del magma» debajo de la Meseta del Colorado a lo largo de 70 millones de años. Luego pasaban a sugerir que el actual episodio, que tuvo el mayor efecto sobre el origen del Gran Cañón, comenzó hace 6 millones de años —reforzando una datación más reciente para la famosa garganta.
Live Science admitió sin más el modelo como un todo sin examen crítico alguno, con el titular de «Se resuelve el misterio de la formación del Gran Cañón». En la letra pequeña hacía una pequeño repliegue, diciendo: «El nacimiento del Gran Cañón y de la Meseta del Colorado a través de la que ha sido tallado han constituido un misterio geológico. Ahora, una gigantesca estructura anómala descubierta en la parte inferior de la meseta podría arrojar luz acerca de cómo se formó».
En cuanto a Levander et al, «La cronología tanto de la elevación de la meseta del Colorado como de la formación del Gran Cañón permanecen sin resolver», según se admite en la primera línea de su artículo. Su propuesta de que el goteo del manto y la elevación de la astenosfera «deslamina» la corteza inferior episódicamente, empujando la meseta del Colorado hacia arriba, sólo puede inferirse de manera indirecta, y sólo para el episodio más reciente (si es que hubo más que uno). «Proponemos que una serie de estos acontecimientos ha estado eliminando la litosfera de las periferias de la meseta del Colorado desde que la placa de Farallón desapareció hace 20–30 millones de años, y que hemos descrito sólo el más reciente de éstos», concluyen. «Estos acontecimientos son los causantes de la desigual invasión magmática de fuera adentro de la meseta, así como de la elevación de sus bordes e interior».
Para más acerca de los misterios de la meseta del Colorado, véase La elevación de una titánica meseta. Y para más acerca de la edad del Gran Cañón, véase El Gran Cañón es de origen reciente, ¿Están ya preparados los geólogos seculares para considerar un Diluvio Universal?, y, en inglés, 05/03/2008.

1. Levander et al, «Continuing Colorado plateau uplift by delamination-style convective lithospheric downwelling», Nature 472 (28 abril 2011), pp. 461–465, doi:10.1038/nature10001.
¿Pero, dónde están los filósofos de la ciencia? Metidos en un gueto, hablando sólo entre ellos en otras secciones del campus, sin atreverse a desafiar al sacerdocio de las facultades de ciencias, a quienes nuestro entorno cultural ha otorgado el privilegio epistémico de declarar cómo es el mundo. Estos tímidos filósofos son ignorados por los cuentistas de las ciencias blandas, que anuncian osadamente sus míticas interpretaciones actualistas de la trama geológica de la tierra como verdades ante unos medios rendidos en adoración y felicísimos de tener el privilegio de declarar ante los legos lo que el sacerdocio ha «descubierto».
Vayamos a los datos aquí. ¿Qué es lo que realmente tenemos? Algunos registros sismológicos actuales. ¿Han podido contemplar estos geólogos un curso de 70 millones de años, o siquiera de seis? Naturalmente que no. Pueden ver accidentes geográficos, afloramientos de magma, líneas de fallas, yacimientos de minerales y de petróleo, elevaciones de montañas y otros fenómenos actuales, y con datos sismológicos pueden crear mapas de regiones subterráneas donde los ecos se aceleran o deceleran (técnica que siguieron). Ahí acaban los datos.
El resto son interpretaciones. La palabra observación aparece sólo una vez en todo el artículo. «Observaciones petrológicas y geoquímicas indican que una subducción de bajo ángulo en el Cretácico-Paleógeno (~90–40?millones de años atrás) hidrató y probablemente debilitó mucho del manto tectosférico del proterozoico debajo de la meseta del Colorado». No es cierto. No indica nada de este tenor. Lo que ellos quieren decir con estas palabras es que las observaciones empíricas parecen «armonizar» con un modelo o escenario que ellos encuentran verosímil, dentro del paradigma de largas eras y de la tectónica de placas (07/09/2004). El tiempo es perpendicular respecto a sus datos; no hay evidencia cronológica excepto en sus cabezas.
Hacer inferencias es legítimo si se pueden someter a prueba, pero, ¿quién más que Dios puede llegar a saber lo que realmente sucedió, y cuándo fue? En contraste con la carencia de referencias a observaciones, el verbo «sugerir» y sus derivados aparecen veinte veces, como en «El patrón nos sugiere ...», seguido por la palabra otras tres veces en las siguientes dos oraciones. La palabra empírico brilla por su ausencia; prueba aparece cuatro veces, pero sólo en referencia a cómo «sugiere» partes de la historia que desean contar.
Se suponía de la ciencia que hacía algo más que proporcionar sugerencias. Se suponía que se apoyaba supremamente en observaciones empíricas. Pero ha degenerado en una especie de adivinación. Los ecos de los terremotos no nos dicen nada sobre millones de años; los geólogos usan los ecos como otros pueden usar hojas de té o bolas de cristal para adivinar. Estas adivinaciones son necesarias para cohesionar los monolíticos paradigmas del Templo del Materialismo, donde las observaciones son meros puntos de apoyo para escenarios que «sugieren» acontecimientos inobservables. Estas sugerencias devienen el argumento de historias que se transmiten a publicaciones de divulgación popular que se dedican a entretener al público con el supuesto conocimiento profundo de los sabios. Es necesario tener sabiduría para escoger a los sabios.

Fuente: Creation·Evolution HeadlinesIntelligent Design Put to Good Scientific Use  20/11/2011
Redacción: David Coppedge © 2011 Creation Safaris -
www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2011 - www.sedin.org