7 diciembre 2011 — Un exquisito fósil al que se atribuye una edad de 515 millones de años exhibe unos ojos compuestos de tal complejidad que rivalizan con cualquier ojo de insectos o artrópodos modernos. Estos ojos pertenecieron al Anomalocaris, el temible depredador de los mares cámbricos, uno de los participantes clave en la Explosión Cámbrica — la repentina aparición de todos los fílums animales en las capas rocosas más antiguas.
![]() |
| Modelo de Anomalocaris, Museo de Historia Natural, Londres. Reconstrucción del Anomalocaris; obsérvense los ojos compuestos sobre los tallos. Fotografía cortesía de Gaetan Lee |
El descubrimiento se anunció en Nature.1 Los fósiles ya conocidos de Anomalocaris no exhibían con claridad la estructura del ojo. Paterson et al. descubrieron ejemplos en Australia del Sur con impresiones exquisitamente preservadas en la roca, tan definidas que se podían estudiar las facetas de las lentes individuales (omatidios) para determinar sus propiedades ópticas. Contaron 16.000 omatidios en estos ojos, en comparación con 3.000 para moscas domésticas y 28.000 para las libélulas (los insectos modernos con la visión más aguda). Los ojos completos tenían un diámetro de 2-3 cm en este artrópodo parecido a un camarón y que crecía hasta llegar a 2 metros. Su disposición sobre unos tallos que se proyectaban desde el cuerpo proporcionaba una visión excelente probablemente por un campo visual de 360°.
Como con los píxeles de una cámara, cuanto más omatidios, mejor la calidad de la imagen. En New Scientist se citaba a Paterson que decía: «El Anomalocaris tenía una visión extraordinaria, que rivalizaba o excedía a la de la mayoría de los insectos y crustáceos vivientes. ... Muy pocos animales modernos, en particular los artrópodos, tienen ojos tan sofisticados como este». Sería imposible modernizar estos modernos ojos. PhysOrg incluye una fotografía de la impresión en la roca que exhibe el detalle de las lentes, mientras que Live Science da una ilustración de este ser. El documental de Illustra Darwin’s Dilemma [El Dilema de Darwin] comienza con animaciones de este asombroso cazador y nadador en acción.
Los autores prometían abordar el tema de «el origen de los ojos compuestos». ¿Han cumplido su promesa? Que juzgue el lector si esta declaración resumida da respuesta a esta pregunta:
Estos fósiles proporcionan también una evidencia convincente de las afinidades artrópodas de los anomalocarídidos, empujan el origen de los ojos compuestos más profundamente abajo del linaje troncal de los artrópodos, e indican que el ojo compuesto evolucionó antes que caracteres como un exoesqueleto endurecido. La agudeza que se infiere del ojo anomalocarídido es consecuente con otros datos de que estos animales eran predadores visuales con una gran movilidad en la columna acuática. La existencia de grandes depredadores nectónicos macrófagos poseedores de una aguda visión —como el Anomalocaris— dentro del ecosistema Cámbrico anterior sirvió probablemente de ayuda para acelerar la escalada de la «carrera armamentística» que comenzó hace más de quinientos millones de años.
Hasta ahora no hay nada. Se han limitado a decir que estando presente los ojos, pudieron haber impulsado la subsiguiente evolución de otros animales. Una búsqueda de la palabra «origen» sólo muestra una repetición de dicha idea más adelante en el artículo, en lugar de dar una respuesta acerca de cómo el Anomalocaris consiguió su sofisticado equipamiento visual, que rivaliza con el de los insectos modernos. Una búsqueda de «desarrollo» lleva a una declaración parecidamente frustrante: «La estructura y el desarrollo de los omatidios en los ojos compuestos de los artrópodos dan soporte a un origen simple con anterioridad al último antecesor común de los artrópodos del grupo corona», dice el resumen —pero esto sólo tiene sentido si uno supone que evolucionaron. No dice cómo evolucionaron. Y una búsqueda de la palabra evolución o evolucionar tampoco sirve de ayuda; la sección más relevante del artículo está notablemente vacía de datos empíricos:
El descubrimiento de que el Anomalocaris, resuelto más basalmente que el Schinderhannes en el grupo troncal de los artrópodos, posee la misma clase de empaquetadura omatidiana que en el Schinderhannes y en artrópodos del grupo coronal empuje el origen de los ojos compuestos más abajo en el grupo troncal de los artrópodos. Como tales, los ojos compuestos evolucionaron antes del origen del exoesqueleto dorsal endurecido y de las patas birrámeas del tronco (siendo que estos últimos caracteres están presentes en el Schinderhannes pero no el los anomalocarídidos). Inferimos que los ojos dispuestos sobre tallos de todos los radiodontos (es decir, los anomalocarídidos) son ojos compuestos de tipo artrópodo. Previas inferencias de la distribución de este carácter basadas en la morfología a grandes rasgos (tamaño y tallos) tienen ahora un soporte directo. El modo de crecimiento de los ojos de los anomalocarídidos se supone el mismo que en otros artrópodos, en los que se añaden nuevos elementos en los márgenes del campo visual. El siguiente taxón más hacia el tronco en el grupo troncal de los artrópodos, Opabinia,2 tiene también ojos sobre tallos, pero se precisa de una observación directa de los omatidios para determinar si son de tipo compuesto.
Del análisis del párrafo anterior se desprende que ahora ha quedado establecido que los ojos compuestos complejos aparecen antes de lo que se había creído hasta ahora. En otras palabras, no explican en nada el origen de los ojos compuestos; se limitan a decir que evolucionaron porque habían evolucionado con anterioridad. Su árbol evolutivo pone este grupo como anterior a los trilobites (de los que se sabe que tenían unos ojos complejos), y ningunos organismos con ojos antes que el mismo excepto Opabinia (que pudieran haber tenido ojos compuestos), y Kerygmachela, que se cree que era ciego. Y es a esto que designan en el titular como «La primitiva evolución de los ojos compuestos».
Quizá la prensa popular pueda ayudarnos aquí. PhysOrg lo intentaba: «El descubrimiento de unos potentes ojos compuestos en Anomalocaris confirma que es un pariente cercano de los artrópodos, y tiene otras implicaciones evolutivas de gran alcance», decía el artículo de forma sugestiva. «Esto demuestra que este tipo particular de órgano visual apareció y fue desarrollado en época muy temprana durante la evolución de los artrópodos, originándose antes de otras estructuras anatómicas características de este grupo, como un exoesqueleto endurecido y patas locomotoras». El último reducto de la retórica evolucionista: el ojo «apareció».
Y New Scientist quiere añadir su granito de arena: «Paterson doce que la amenaza del Anomalocaris hubiera forzado otras especies, tanto presas como otros depredadores, a evolucionar rápidamente. Los caparazones duros eran evidentemente la ruta a tomar, y evolucionaron poco después», escribe Michael Marshall —de nuevo dejando de lado la cuestión de cómo consiguió su visión el depredador superior. Live Science ni se acerca a una apariencia de explicación: «Una visión tan precisa hubiera dado una ventaja sobre sus presas a estos depredadores, que necesitarían evolucionar sus propias capacidades visuales para evitar ser devorados». ¿Alguien más quiere hacer un intento? Todavía no ha aparecido quien escriba una explicación evolucionista para la cuestión de «cómo el artrópodo adquirió sus ojos». Sólo tenemos cuentos evolucionistas con ropajes científicos.
1. Paterson et al., «Acute vision in the giant Cambrian predator Anomalocaris and the origin of compound eyes», Nature 480 (08 de diciembre de 2011), pp. 237–240, doi:10.1038/nature10689.
2. Además del Anomalocaris, la película Darwin’s Dilemma incluye la animación de la Opabinia y de otras especies descubiertas en el Esquisto de Burgess.
Otra vez estamos en lo mismo. Cuando se les confronta con la repentina aparición de un órgano complejo, los darwinistas recurren a palabras del milagrerismo materialista como apareció, surgió, se desarrolló o evolucionó, sin (1) ninguna explicación acerca de cómo un proceso sin guía produjo un sofisticado sistema visual, y (2) sin dejar formas de transición conduciendo al mismo. Por tanto, la explicación evolucionista no puede considerarse menos milagrosa que la creación divina, sino mucho más, porque en la narrativa materialista no hay ninguna inteligencia que fabrica, ensambla y programa los componentes con un designio deliberado. Recordemos que los ojos, en sí mismos, son simplemente una parte del problema. Los ojos tienen que estar conjuntados con una retina, con nervios ópticos, con un cerebro, músculos, instintos y sistemas de mantenimiento, y luego quedar todo ello combinado en un animal funcional que pueda usar todo este equipamiento.
Los autores se tienen que ver forzados a admitir lo evidente. No tienen más explicación que decir que los ojos surgieron a la existencia en el principio, totalmente formados, totalmente funcionales, plenamente diseñados. La narrativa ofrecida por la tesis materialista desemboca en el absurdo.
Fuente: Creation·Evolution Headlines – Cambrian Predator Had Modern Eyes
Redacción: David Coppedge © 2011 Creation-Evolution Headlines - http://crev.info/
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2011 - www.sedin.org

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada